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9 de agosto 2026 - 14:18

Argentina enfrenta una crisis de seguridad alimentaria

Los datos del informe de la FAO-ONU muestran un aumento de la inseguridad alimentaria y de la malnutrición en el país, pese a que la prevalencia de subalimentación se redujo en las últimas décadas.

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Más impactanteArgentina produce alimentos, pero una proporción creciente de su población enfrenta dificultades para acceder a ellos: la inseguridad alimentaria moderada o grave pasó del 19,2% al 31,7% en una década.

Reuters

Por Ernesto Mattos, economista UBA e investigador IDEPI-UNPAZ / FCE-UBA

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Como todos los años se actualiza la información sobre “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026” de la FAO-ONU, presenta un panorama complejo donde, a pesar de mejoras graduales tras la pandemia, persisten desafíos estructurales significativos en el acceso a dietas saludables. El informe destaca que, aunque el hambre ha disminuido gradualmente a nivel mundial, la situación en África ha empeorado, concentrando ahora la mayor cantidad de personas subalimentadas.

Un tema central de la obra es el costo de una dieta saludable, el cual ha aumentado significativamente, volviéndose inaccesible para casi un tercio de la población mundial. Los autores proponen intervenciones estratégicas en las cadenas de valor y políticas agrícolas para reducir los precios de alimentos nutritivos como frutas y verduras. Finalmente, el documento advierte que el mundo no está en camino de cumplir las metas de nutrición de 2030, subrayando la necesidad urgente de reformas estructurales y mayor inversión pública. La FAO pide más instrumentos de política pública para aminorar o revertir esta situación ¿Argentina?

Las principales conclusiones a nivel global son:

  1. Reducción gradual del hambre. Se estima que el hambre afectó al 7,8% de la población mundial en 2025 (unos 645 millones de personas), una disminución frente al 8,6% registrado en 2022.
  2. Inasequibilidad de dietas saludables. Aproximadamente un tercio de la población mundial (2.690 millones de personas) no pudo permitirse una dieta saludable en 2025. El costo promedio global de esta dieta subió a 4,28 dólares PPA (paridad de poder adquisitivo) por día.
  3. Crisis de malnutrición y obesidad. El progreso en nutrición infantil y materna es demasiado lento. La obesidad en adultos alcanzó un nuevo máximo mundial del 16,2% en 2024, y las proyecciones indican que seguirá aumentando.
  4. Factores de costo. Los alimentos de origen animal, las frutas y las verduras representan casi el 70% del costo total de una dieta saludable.

Todavía el panorama es incierto pero cada vez más afectan las sequias y las inundaciones a los distintos lugares donde se produce alimentos ¿Será el 2027 un año de alimentos caros? Los distintos conflictos vinculados a la energía no se han resuelto y las potencias económicas siguen en camino tenso de conversación. Al espacio de conflicto Ormuz, le siguen el de Formosa, Ucrania y Cuba. Si consideramos los diversos conflictos en África, el tema del alimento caro puede ser un polvorín con distintas consecuencias.

Evolución en América Latina y el Caribe

La Tendencia del hambre en la región ha mostrado una recuperación sostenida, con una prevalencia de subalimentación del 4,8% en 2025 (32 millones de personas), por debajo de los niveles prepandemia. La inseguridad alimentaria: moderada o grave disminuyó por quinto año consecutivo, situándose en el 22,9% en 2025.

Por el contrario, América Latina y el Caribe registraron el costo más elevado para una dieta saludable a nivel global, alcanzando los 4,91 dólares PPA en 2025.

En esta región, las hortalizas son el grupo de alimentos más caro. La prioridad debe ser reducir las fricciones logísticas y los costos de transporte que inflan los precios de estos productos. En semanas anteriores (19/04/26) escribíamos sobre el campo y su revolución ¿con o sin infraesctura? Planteando el problema del costo que impacta en la rentabilidad de los productores.

África, dónde más personas pasan hambre.

El epicentro del hambre, por primera vez, África alberga el mayor número de personas que pasan hambre en el mundo, con 309 millones de personas (20,0% de su población) en 2025. Si bien hay Signos de mejora. En 2025 se observó, por primera vez desde el lanzamiento de la Agenda 2030 en 2015, una interrupción en la tendencia ascendente del hambre y una mejora en la inseguridad alimentaria moderada o grave (que bajó al 56,6%).

La principal barrera es económica. El acceso económico es crítico; el 66,6% de la población no puede permitirse una dieta saludable, más del doble que en Asia o América Latina y el Caribe. Los alimentos de origen animal son los más costosos en la región. Se requiere una transformación estructural de este sector y mejoras urgentes en las cadenas de frío para reducir pérdidas ¿Qué harán las principales potencias económicas? ¿Seguirán comprando los insumos que precisan para sus industrias o contribuirán al mejoramiento de la estructura social y productiva?

Aunque el hambre extrema presenta niveles relativamente bajos, Argentina enfrenta un deterioro de sus indicadores de seguridad alimentaria, acompañado por un fuerte aumento del sobrepeso y la obesidad.

La Argentina, tierra y hambre

De acuerdo con las tablas estadísticas del informe, la evolución de los indicadores para Argentina entre los periodos comparados muestra lo siguiente dos escenarios:

El primero la Subalimentación: la prevalencia de subalimentación en la población total se redujo del 3,6% (periodo 2004-06) al 2,8% en el periodo 2023-25. El segundo, escenario es un aumento de la inseguridad alimentaria: Se observa un incremento significativo en la inseguridad alimentaria:

Otro dato que se desprende del informe tiene que ver con los indicadores de malnutrición (en retroceso): La obesidad en adultos: Aumentó drásticamente del 26,3% en 2012 al 37,2% en 2024.

El sobrepeso infantil: subió del 10,9% al 14,3% en niños menores de 5 años entre 2012 y 2024. El retraso del crecimiento (stunting): También mostró un retroceso, pasando del 7,0% al 10,7% en el mismo periodo. Creció la anemia, la prevalencia de anemia en mujeres de 15 a 49 años subió del 20,4% (2012) al 23,5% (2023).

Por lo tanto, aunque el hambre extrema (subalimentación) es relativamente baja en comparación con otras regiones, Argentina enfrenta una crisis creciente de seguridad alimentaria y malnutrición por exceso (sobrepeso y obesidad) que se ha agravado en la última década. Esto se da en contexto de debate por la extranjerización de la tierra. Un informe que salió del Programa de Investigación sobre Comercio de Granos de la Facultad de Ciencias Económicas nos dice que “Argentina es el 4to país del mundo con las tierras más aptas para producir alimentos”: En el mundo las tierras negras o soil black, según la FAO representan el 7% de la tierra en el mundo. La tierra y el agua3 son fundamentales para la producción de alimentos. Debido al cambio en los usos de la tierra (cerca el 31% de los suelos negros del mundo están cultivados), a prácticas de gestión insostenibles y al uso excesivo de productos agroquímicos, la mayoría de los suelos negros ya han perdido al menos la mitad de sus reservas de carbono orgánico del suelo y sufren procesos de erosión de moderados a graves, así como desequilibrios de nutrientes, acidificación y pérdida de biodiversidad.

El sistema agroalimentario y la biodiversidad se sustentan en estas dos variables que parecen a veces no ser parte del análisis económico o macroeconómico. Los principales países son La Federación Rusa, Kazajstán, China y Argentina. Los cuatro primeros países representan el 77% del total de tierras negras en el mundo. La Argentina es el cuarto país en relevancia de tierras negras del mundo. Las tierras negras cubren el 14% del territorio nacional. en estas áreas residen más de la mitad de la población del país (FAO, 2022).

En los suelos negros de Argentina (FAO-Argentina, 2022) la agricultura se caracteriza por un uso intensivo y la predominancia de cultivos de gran importancia para la seguridad alimentaria mundial. Los principales cultivos son: Oleaginosas y cereales principales. Se destaca la producción de soja, maíz y trigo. Estos se manejan frecuentemente bajo un esquema de doble cultivo, donde se combinan cereales de invierno (como trigo o cebada) con cultivos de verano de siembra tardía (soja o maíz).

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