Es hora de hacer fracasar la tesis de Kuznets y de construir bases fiscales sólidas

Opiniones

La tesis de Kuznets se basó en que Japón hacía todo bien tras la Segunda Guerra y que Argentina, por el contrario, había seguido exactamente el camino inverso. Es momento de hacerla fracasar.

Simon Kuznets fue un economista nacido en lo que actualmente es considerado Bielorrusia, emigró a Estados Unidos donde culminó sus estudios de Economía y desarrolló una brillante carrera, alcanzando su cúspide en 1971, cuando recibió el Premio Nobel de Economía. El premio se le fue otorgado por su "interpretación empíricamente fundada del crecimiento económico, la cual ha llevado a una nueva y más profunda visión de las estructuras económicas, sociales y del proceso de desarrollo". Pero en Argentina, es particularmente recordado, por lo haber descripto la prosperidad económica de la siguiente manera: “Hay cuatro clases de países: desarrollados, en vías de desarrollo, Japón, y Argentina”.

La tesis de Kuznets, en términos generales, se basó en que Japón todo lo hacía bien, y partiendo de una situación económica catastrófica tras la Segunda Guerra Mundial, se había transformado en una potencia económica mundial. Argentina, por el contrario, había seguido exactamente el camino inverso.

La particularidad que encontraba Kuznets era que Argentina era, tal vez el único caso de un país que fue, en apariencia desarrollado, en la década reconocida como granero del mundo y luego emprendió el camino a vías de desarrollo. En perspectiva histórica, por tanto, si se miran los ciclos de auge y colapso, la Argentina está sumida en una larga y profunda decadencia, devenida ya en su identidad.

El caso es que Argentina, puede hacer las cosas mal, pero hay algo que no se le puede negar: su capacidad para fascinar y generar expectativas en los mercados, que luego son traducidas en desilusiones. Es algo que quedó de manifiesto relativamente hace muy poco en las reuniones del FMI, donde la estrella era Argentina por su regreso a los mercados de deuda internacionales, tras su suspensión de pagos voluntaria de 2014. Tres meses después incluso, en julio, Argentina emitía deuda a 100 años. Para luego, de que corriera mucha agua por debajo del puente, volver a la misma entidad -que fue promotor de la economía- a pedir un salvataje económico con el pedido de 30.000 millones de dólares, que después sería extendido. Cierre del círculo.

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Para que los mercados bailen (nuevamente) el Tango, Argentina debe plantearse la necesidades construir las bases para un fundamento fiscal sólido.

Para que los mercados bailen (nuevamente) el Tango, Argentina debe plantearse la necesidades construir las bases para un fundamento fiscal sólido.

Ahora, luego de la tan necesaria reestructuración de la deuda soberana, se puede observar que Argentina no comprende estructuralmente vencimientos exigentes en los próximos tres años, por lo que se podría debatir si la Argentina se encuentra en condiciones de abrir de vuelta una ventana de fascinación por parte de los mercados. Lo que se podría afirmar que, al menos, para una economía emergente que posea idéntico perfil de deuda sería considerado por varios inversores un caso de estudio de sustentabilidad de deuda.

El problema para el caso de Argentina es que se encuentra envuelta en su propia idiosincrasia, que imposibilita la ilusión de un nuevo Tango en los mercados. En primer lugar, las reservas internacionales netas están sometidas bajo una constante presión, y con más intensidad desde abril (con un leve respiro en mayo), se encuentran por debajo de los u$s10.000 millones. No hay perspectiva de una recomposición de las mismas por una vía genuina: lo que se dejó de ir por la cuenta capital (cuando estaba abierta durante la gestión anterior), comienza a irse por la cuenta corriente (el cepo es un subsidio a la importación y un castigo a la exportación. El único eventual ingreso podría venir del aporte de algún organismo internacional (¿FMI?) contra el eventual compromiso a efectuar reformas (previsional, tributaria o laboral son “candidatas”).

En segundo lugar, la cuarentena deprimió la recaudación y exacerbó el gasto, agravando el sesgo expansivo de la política fiscal (como en todos los países del mundo), pero con el tinte que Argentina es un deficitario crónico. Con los mercados de crédito cerrados, el Tesoro no tuvo otra alternativa que recurrir al financiamiento monetario del BCRA.

Mientras que en tercer lugar, a pesar de tener un tipo de cambio real más alto que en otros tiempos, el mencionado subsidio a las importaciones y castigo a las exportaciones, atenta contra sostener un superávit comercial duradero.

La brecha CCL/oficial siempre se cierra con suba del oficial. La demanda de dinero se encontraba teniendo una caída nunca antes vista desde la salida de la convertibilidad (precisamente hay que remontarse a la hiperinflación de 1990) hasta que llegó la cuarentena. El aumento de saldos reales “precautorios” generó una caída de la velocidad del dinero abrupta. Mientras tanto, esta demanda de dinero "artificial" es estimulada por un control de cambios que se restringe cada vez más. La liberación de la cuarentena seguramente vendrá con la canalización de estos saldos reales, hacia el mercado de bienes y algún tipo de dolarización.

Que crezca la economía no lo es todo. Hay cosas más importantes. Pero si un país no genera suficiente riqueza y encima la distribuye cada vez peor, tampoco podrá lograr el bienestar económico.

Pero, ¿cómo llegamos al excedente primario adecuado para garantizar la sostenibilidad de la deuda y en qué condiciones?

Si nos referimos a la literatura académica, se encuentra un modelo estático que tiene un alto valor explicativo para los pensadores analíticos. Una vez que se ha completado la reestructuración, examinamos las variables clave en términos de PIB en la siguiente ecuación:

s^∗=d[(1+i)/(1+g)-1]

Esta ecuación muestra lo que el nivel de equilibrio del ahorro primario (superávit) llamó (s *) para un stock específico de deuda con el PIB (d), y una tasa de interés nominal (i) junto con el crecimiento del PIB. Si el superávit primario del PIB (s) es menor que el ahorro de equilibrio requerido para estabilizar la deuda, entonces podemos concluir que la política fiscal es insostenible (porque el stock de deuda crecerá indefinidamente). La diferencia entre el ahorro primario real y el verdadero nivel de equilibrio (s-s *) simboliza la cantidad de ajuste necesario.

El mensaje subyacente de esta ecuación es que el superávit primario estabilizador de la deuda debería ser igual al diferencial de interés nominal-crecimiento real multiplicado por el índice de deuda.

Para poner en contexto el ejercicio teórico utilizado, y percibir el desafío macroeconómico en la que se encuentra la Argentina, recordemos que entre los años 1980 y 2018 la tasa promedio de crecimiento anual ha sido de 1.68% (lejos del 3% anual) y esta es una variable fundamental para generar el excedente para el cumplimiento de la deuda.

La Argentina fue durante mucho tiempo un país con una importante relación con el mañana, una nación de futuro con expectativas de progreso -tanto colectivas como individuales. Una tierra de oportunidad que atraía a inmigrantes de todos los puntos del planeta. Actualmente, vivimos anclados al pasado, porque la promesa del futuro que éramos en algún momento se evaporó.

Ahora bien, para que los mercados bailen (nuevamente) el Tango y dejar de generar ilusiones, el modelo de Kuznets deberá fracasar, y para ello la Argentina se debe plantear construir las bases para un fundamento fiscal sólidos basado en un enrome esfuerzo con pilares a sus capacidades competitivas.

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