Efecto colateral: BlackRock siempre gana en la era digital

Opiniones

BlackRock, Vanguard y State Street son las Big three (tres grandes) de las finanzas globales. El principal activo de estas descomunales gestoras de activos es el producto de este proceso: inteligencia digital sobre el mundo de las finanzas.

Durante enero, seguimos atentamente -cual reality show- la batalla entre fondos de inversión, como Melvin Capital, y cientos de miles de pequeños inversores que descentralizada pero coordinadamente decidieron apostar en su contra, o más bien a favor de las acciones que los primeros apostaron a que se desplomen. Mientras la justicia estadounidense busca “culpables” entre las plataformas de inversión financiera, el 24 de febrero las acciones de GameStop volvieron a subir estrepitosamente. Detrás de la épica de las masas “derrotando a Wall Street” hay, sin embargo, un argumento impreciso. Es cierto que las masas generaron profundas e impensadas pérdidas en los fondos de inversión que apostaban a ganar con la caída del precio de las acciones de empresas rezagadas de la era digital como Gamestop, Blockbuster y AMC Entertainment. Lo que no es cierto es que esas masas hayan herido sensiblemente a Wall Street. De hecho, cual efecto colateral, fortalecieron todavía más a quienes hoy manejan las finanzas globales cosechando y analizando datos a la par de las gigantes digitales.

Muy por encima de Melvin Company y los demás fondos que jugaron a corto se erigen tres gigantes administradoras de activos (asset managers). Se trata de empresas que manejan las carteras de inversión de terceras organizaciones (bancos, fondos de pensión, fundaciones, otras empresas, etc.). A la cabeza a nivel global está BlackRock, quien es también la principal acreedora de la deuda pública de Argentina con privados. BlackRock administra activos que representan 8,7 billones de dólares.

Al igual que Vanguard, segunda en la lista de gigantes administradoras de activos a nivel mundial, BlackRock es dueña de millones de acciones de Gamestop. Los 9,2 millones de acciones de Gamestop (equivalentes al 13,2% del total) manejados por BlackRock valían 174 millones de dólares en diciembre pasado. Para fines de enero de 2021, valían 3.100 millones de dólares. En el caso de Vanguard, en julio de 2020 declaró poseer 5,4 millones de acciones de Gamestop, por un valor de 21 millones de dólares que, a fines del mes pasado, se ubicaba en los 1.800 millones de dólares.

Administradoras del capitalismo mundial

BlackRock, Vanguard y State Street -quien les sigue en el ranking- son conocidas como las Big three (tres grandes) de las finanzas globales. También llamadas las nuevas dueñas universales y permanentes, estas tres empresas poseen en conjunto (y en promedio) el 20% de las acciones de todas las empresas del Standard & Poors (S&P) 500, el índice que reúne a las 500 empresas más grandes entre las que cotizan en bolsa en Estados Unidos. Entre otras ventajas, este nivel de concentración de capital les permite asumir que, en caso de crisis, el gobierno estadounidense respaldará sus activos.

Salvo por el caso de Amazon, pues Jeff Bezos concentra 15% del total de sus acciones, son las principales accionistas de las gigantes digitales. Poseen en conjunto el 17% de Alphabet (Google) y Microsoft, 14% de las acciones de Amazon y Apple, y 16% de Facebook. Estas posiciones les garantizan capacidad de influencia en las votaciones de accionistas. Y, por ser la tercera accionista de Apple, BlackRock tiene un asiento en su junta directiva.

Además de concentrar capital en Estados Unidos, se han expandido a nivel global. Son las mayores accionistas del 60% de las 100 corporaciones más grandes del Reino Unido, de 12 de las 30 mayores empresas que cotizan en la Bolsa de Fráncfort (la más importante de Alemania) y de 8 de las 40 acciones de mayor capitalización bursátil en Euronext París. En el Topix 100 japonés son las mayores propietarias del 30% de las empresas. La excepción son las grandes corporaciones chinas en donde, aunque detentan un 5% de las acciones de Alibaba y un 3% de las de Tencent (la dueña de WeChat), sus posiciones son minoritarias.

¿Cómo consiguieron ocupar posiciones de poder en tantas empresas a la vez?

En parte, innovando en el sector financiero. Las Big Three no invierten directamente los ahorros de sus clientes en empresas individuales, sino en canastas de acciones. Esas canastas son, precisamente, índices de acciones como el S&P 500, el Nasdaq 100 (que representa a las 100 principales corporaciones no financieras cuyas acciones cotizan en la bolsa homónima), e índices similares de otras bolsas del mundo.

Desde el 2008, aversión al riesgo mediante, su propuesta es vista como una inversión comparativamente segura. Apostar a índices compensa resultados buenos de unas empresas con resultados malos de otras de modo de representar una suerte de promedio de la evolución del estado de salud de las corporaciones más grandes del mundo.

Esta innovación a la hora de invertir no sólo es más segura, sino también más eficiente (ahorra costos). No es necesario seguir a nivel individual la evolución de la acción de cada gran empresa, sino solamente a los principales índices. Este modelo de negocio les permite cobrar comisiones más bajas y así acaparar un mayor volumen de ahorros. Los ahorristas que representan pagan a las Big Three un porcentaje fijo sobre el valor de sus carteras. De modo que los ingresos de las Big Three dependen de la evolución de los índices -y por lo tanto de la evolución de la capitalización bursátil promedio de las corporaciones que cotizan en bolsa. Dada la concentración de capital que han alcanzado, esto resulta en una presión al alza en las principales bolsas del mundo.

Pero el secreto del éxito de las Big Three no es sólo invertir en índices, es decir, en canastas de acciones y no en empresas sueltas.

Monopolios intelectuales de datos financieros

Las Big Three son monopolios intelectuales de datos financieros. Al igual que las gigantes digitales, analizan datos -en este caso financieros y de múltiples variables y sucesos que puedan afectar a los mercados de capitales- con algoritmos de inteligencia artificial que aprenden solos a medida que procesan más datos. El principal activo de estas descomunales gestoras de activos es el producto de este proceso: inteligencia digital sobre el mundo de las finanzas.

Aquí radica la principal ventaja global de BlackRock, incluso frente a Vanguard y State Street. Su plataforma de gestión de activos digitales Aladdin (Aladino) es la más importante del mundo. En sus inicios, a fines de los 80, era una suerte de libro en donde BlackRock registraba la contabilidad de su cartera de bonos, pero ha devenido indispensable para el manejo de activos. Las inversiones financieras siempre dependieron del análisis de datos de empresas y economías nacionales. No debe entonces sorprendernos la penetración de la revolución digital.

Aladdin basa sus recomendaciones y análisis en el procesamiento de datos compilados de los últimos 50 años. Incluye desde -lógicamente- información financiera a cualquier tipo de evento que pueda afectar los mercados de capitales en cualquier parte del mundo. Compara eventos actuales con su base de eventos pasados. De las millones y millones de correlaciones, detecta posibles escenarios futuros y sugiere inversiones para evitar los escenarios adversos. Más que un genio que concede deseos, Aladdin es un clarividente muy bien informado.

A partir de procesar y analizar estos enormes conjuntos de datos, produce inteligencia digital vital para los inversores. Entre otros, analiza los riesgos de invertir en determinadas acciones, bonos, índices, derivados, divisas o capital privado, a dónde vender bonos para obtener los mejores precios y hace un seguimiento pormenorizado de todas operaciones de los mercados de capitales. Aladdin incluye herramientas integrales de gestión de carteras, negociación y realización de operaciones. Todo en una única plataforma.

Entre sus principales proezas se destaca el haber identificado los riesgos sistémicos de la crisis de 2007/2008, protegiendo al porfolio de BlackRock y evaluando la exposición al riesgo de las carteras de los bancos comerciales de Estados Unidos. Aladdin incluso fue utilizada para evaluación de riesgo por la Reserva Federal y el Tesoro de Estados Unidos durante la crisis. Desde entonces, los clientes de esta plataforma financiera no pararon de crecer.

Se ha vuelto tan importante que el Financial Times la apodó el sistema nervioso central no sólo de los grandes fondos de inversión y otras empresas financieras, sino también de un número no despreciable de empresas no financieras. Para 2017, último dato disponible, Aladdin guiaba la operatoria de 20 millones de millones (billones) de dólares en activos, casi tres veces el valor del total de activos manejados por BlackRock por entonces.

¿A quién concede deseos el Aladino de las finanzas?

Aladdin es incluso utilizada por las principales rivales de BlackRock. Mientras intentan desarrollar plataformas análogas, tanto Vanguard como State Street son usuarias. Otras rivales de menor tamaño que también dependen de Aladdin para operar son la líder alemana Deutsche Asset Management y Schroders, la administradora de activos más grande del Reino Unido. La dependencia tecnológica de sus rivales en relación a Aladdin pone en evidencia el poder de BlackRock y nos habla también de la misma operatoria que tienen las gigantes digitales: organizan plataformas en las que igualmente participan lo cual les otorga la ventaja de contar con todos los datos de mercado. Vale de paso señalar que Apple, Microsoft y Google también utilizan Aladdin para administrar sus carteras de inversión, valuadas en miles de millones de dólares.

Larry Fink, CEO de BlackRock, prefiere llamar a Aladdin “la Android de las finanzas” y tiene como meta para 2022 que un tercio de los ingresos de la compañía provengan de la venta de servicios de tecnología por medio de esta plataforma. Por ahora, Aladdin es el 7% de los ingresos de BlackRock, aunque este porcentaje módico representó en 2019 unos 974 millones de dólares y está dentro de los negocios de esta empresa que crecen a mayor velocidad.

larry fink black rock.jpg
Larry Fink, CEO de BlackRock, prefiere llamar a Aladdin “la Android de las finanzas”.

Larry Fink, CEO de BlackRock, prefiere llamar a Aladdin “la Android de las finanzas”.

Para alcanzar la meta de 2022, BlackRock montó en California su propio instituto de investigación dedicado a inteligencia artificial, el “BlackRock Lab for Artificial Intelligence”. Entre otras iniciativas, el instituto desarrolló tecnología que permite analizar el tráfico de los sitios web corporativos como indicador del crecimiento futuro de una empresa. También analiza las transcripciones de las conferencias de anuncios de resultados corporativos con herramientas digitales de procesamiento de texto para hallar indicios de expectativas positivas o negativas en función de las palabras utilizadas por los gerentes y CEO que realizan los anuncios. BlackRock también usa técnicas de geolocalización de celulares para identificar los negocios más frecuentados como insumo para realizar inferencias acerca de la evolución del negocio y, por lo tanto, de las acciones de esas empresas.

Hay, no obstante, un talón de Aquiles. Aladdin está alojada en Azure, el servicio en la nube de Microsoft. Hasta el administrador de activos más grande del mundo depende de una gigante digital para operar su negocio de datos. En cierta medida, todo queda en familia. Con 5% de sus acciones, BlackRock es el segundo mayor accionista de Microsoft.

Apostando a la salud del capitalismo global concentrado

En definitiva, y monopolio de datos e innovación financiera mediante, las Big Three basan su modelo de negocio en apostar a la salud del capitalismo global concentrado. Apuestan a que los mercados bursátiles de las principales potencias del mundo operen, en promedio, al alza. Amortiguan los riesgos intrínsecos al sector financiero y de la economía global no sólo con esta estrategia sino también de la mano de Aladdin, el genio de la inteligencia digital financiera.

Más allá del episodio aislado de las masas coordinadas de Reddit ganando con la suba de las acciones de Gamestop, la consecuencia más visible de la concentración de capital que caracteriza a los mercados de capitales del mundo es un flujo también creciente de rentas financieras para unos pocos. Lejos de ser maná del cielo, como predicara un economista olvidable, el dinero representa la creación de valor de la sociedad. Al incrementarse las rentas que se apropian unos pocos, los ricos se vuelven más ricos y los pobres, más pobres.

Investigadora CONICET, UBA y Université de Paris.

Dejá tu comentario