¿El triunfo de Lula influirá sobre la economía argentina?

Opiniones

La derrota de Bolsonaro genera una inmensa sensación de alivio. La pregunta que sigue es qué pasará con el nuevo gobierno de Lula.

Primero y principal, la derrota de Bolsonaro genera una inmensa sensación de alivio. Es el fracaso de un gobernante que forma parte de un movimiento internacional de ultraderecha al que también pertenece Donald Trump, Georgia Meloni, Sebastián Abascal o Viktor Orbán, entre otros.

Que en Latinoamérica está buscando hacer pie, como lo vimos con Sebastián Kast en Chile o Keiko Fujimori en Perú. Y que en nuestro país tiene una expresión clara en Javier Milei. Desde el punto de vista económico, entonces, no es un dato menor que el programa ultraliberal que levantan estos sectores de ultraderecha hayan sido derrotados (en el caso de Brasil en la vertiente monetarista de Paulo Guedes).

Dicho esto, la pregunta que sigue es qué pasará con el nuevo gobierno de Lula. Si nos remitimos a las alianzas que tejió, incluyendo a su vicepresidente, las perspectivas no son las mejores. Aun cuando todavía no se conozca el nombre de sus ministros del área económica o del presidente del Banco Central de Brasil, toda la experiencia de sus gobiernos anteriores (2002-2010) nos muestran que Lula gobernó sin cuestionar ninguna de las lógicas del establishment económico. Prevaleció una política económica ortodoxa, fuertemente vinculada al mundo financiero.

Claro que, en ese entonces, Lula pudo beneficiarse por una coyuntura internacional muy favorable, centrada en el alto precio de las commodities. La situación actual es muy distinta, tanto en lo que sucede a escala global, con una recesión en puerta, como en lo específico de un Brasil que difícilmente pueda crecer o redistribuir al nivel de aquellos años.

La realidad se parece mucho más a lo que sucedió durante los gobiernos de Dilma Rousseff (2011-2016), donde la implementación de un fuerte programa de ajuste jugó un rol muy importante en su pérdida de popularidad.

¿Cómo afecta eso a la Argentina?

Brasil es el principal socio comercial de nuestro país. Aún cuando la balanza comercial es sistemáticamente deficitaria para Argentina, cualquier expansión de la economía brasileña tiene un efecto primario que se refleja en que aumentan las exportaciones argentinas a ese país.

En este marco, un punto central es que va a pasar con el Mercosur. Claro que responder a esto requiere tener un mínimo de balance sobre qué ha significado este proceso de integración que ya lleva más de un cuarto de siglo. En los hechos, si bien sirvió para que se incremente el comercio global entre ambos países, todo su funcionamiento estuvo mediado por ser una gran plataforma de negocios para el complejo automotriz, en un 100% en manos de transnacionales ajenas a ambos países.

Los otros temas importantes, como el eventual acuerdo con la Unión Europea, se encuentran en stand-by, y en caso de aprobarse dejan serias dudas sobre las ventajas concretas para nuestras economías. Es obvio que la política de Lula es mucho más “pro-Mercosur” que la de Bolsonaro, por lo que cabe esperar un cierto relanzamiento del acuerdo de integración.

Saquemos entonces las conclusiones. Es auspiciosa la derrota del ultraderechista Bolsonaro. Sin embargo, quedan abiertas muchos interrogantes hacia el futuro. Tanto hacia la propia coyuntura económica brasileña como hacia Argentina. Si Lula avanza, como es previsible, con una política económica ortodoxa, en acuerdo con el establishment financiero, difícilmente el país viva una reactivación vigorosa. Mucho menos podrá resolver los gravísimos problemas de pobreza y marginación social del país vecino.

Para la Argentina, entonces, es poco lo que puede esperarse de una “locomotora económica brasileña” que aporte a una reactivación de nuestro país. Incluso un eventual incremento exportador sería aprovechado, como siempre ha sucedido, por los grandes monopolios que concentran el comercio exterior argentino.

Sin duda, Latinoamérica precisa, para ganar su independencia económica, avanzar con su integración regional, económica y política. Ello requeriría otra política, de conjunto: romper con las cadenas financieras internacionales, repudiando las deudas que vienen de décadas, rompiendo con los ajustes de los organismos internacionales y conformar un gran Club de países deudores, recuperando los recursos hoy saqueados y avanzando de conjunto en resolver las más urgentes necesidades populares del subcontinente.

Economista. Dirigente de Izquierda Socialista. Docente e Investigador de la UBA

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