El juicio político al jefe de Gobierno de la Ciudad ha sido resuelto, y en Buenos Aires se retoma una continuidad institucional donde las autoridades vuelven a encontrarse con las problemáticas locales de todos los días.
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No hay tiempo que perder. Y para quienes sostuvimos siempre que no hay proyecto de Ciudad sin un proyecto de Nación, existe hoy un contexto favorable que permite pensar y ejecutar las soluciones que nuestros vecinos necesitan.
La experiencia al frente del órgano de control externo de la Ciudad me permite señalar, en este sentido, los principales desafíos que nos quedan por delante:
Más autonomía: a 10 años de la primera elección de jefe de Gobierno, parte del sistema de justicia, la seguridad, el transporte, el puerto y el juego, entre otros temas, esperan por su transferencia.
Más obra pública: la infraestructurade la Ciudad necesita mantenimiento y grandes obras para resolver problemáticas, como centros de distribución de pasajeros, recuperación de la costanera y la zona sur, mejoras edilicias en escuelas y centros de salud.
Más producción: que potencie el crecimiento y genere empleo con promoción de la iniciativa privada; aprovechamiento del comercio exterior y las inversiones.
Más igualdad: en sintonía con el proceso nacional de mejora de la situación social. La dificultad para resolver el problema habitacional es un claro ejemplo de la falta de política; al paso que vamos con la construcción de viviendas se tardarían 80 años en resolver su déficit. Los chicos de la calle son otra luz roja que se debe atender en forma urgente.
Más institucionalidad: fortalecer los poderes del Estado y sus organismos permite superar la voluntad política de quien ocupe un cargo circunstancialmente. Es deseable una mejora continua en la calidad de gestión del Poder Ejecutivo, y el funcionamiento pleno de institutos como el Consejo de la Magistratura, el Ente Regulador de Servicios Públicos, y la propia Legislatura.
Mayor cultura del control: funcionarios y ciudadanos debemos aprender de la experiencia para entender el control como un componente imprescindible de la gestión. Los funcionarios, para no entenderlo como un conteo de costillas, y los ciudadanos, para no practicar la hipocresía de demandarlo para los demás pero hacer lo imposible para esquivarlo cuando representa un costo para nuestro bolsillo.
Para lograr estas mejoras se hacen necesarias algunas herramientas estratégicas:
Nueva ley de compras y contrataciones: que haga más ágil y transparente el sistema. La Ciudad aún se maneja con el Decreto-Ley 5.720 del año 1963, lo cual provoca demoras y caídas en los procesos licitatorios y el uso de «modalidades alternativas» como los decretos de emergencia o prórrogas de los servicios por años con los contratos vencidos.
Comunas: su demorada puesta en marcha permitirá un acercamiento de la gestión a los problemas.
Ley de ética pública.
Diálogo maduro con el gobierno nacional para completar de modo gradual y responsable la transferencia de competencias autonómicas.
Plan de Mejora de la Gestión Pública que refuerce las capacidades administrativas con clara delimitación de competencias, responsabilidades y control de cada área.
Buenos Aires puede estar mejor. La calidad de vida de sus habitantes debe ser mejor. Es hora de que su clase dirigente esté a la altura de las circunstancias.
(*) Presidente de la Auditoría de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
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