Cifras del PBI son engañosas

Opiniones

El INDEC acaba de publicar los últimos datos del ingreso. Los comentaristas los recibieron con bombos y platillos; no han escatimado elogios por las bondades del modelo y sorpresas por la asombrosa recuperación de nuestra economía. Otros, en cambio, despotrican por lo escaso del «derrame»; la pobreza que no cede. Mientras tanto, en el exterior, los acreedores no incluidos en el canje de la deuda, los hold-outs, se aprestan a rebatir el argumento de la emergencia económica, interpuesto por nuestras autoridades. Si la recuperación ha sido completa, ¿por qué no cobran?

El INDEC publica dos series del PBI. La de precios corrientes casi no es utilizada por la fuerte distorsión de la inflación. Con exclusividad, la gente sigue con atención la serie confeccionada con los precios constantes de 1993. ¿Oyó bien? El PBI que ocupa la atención y guía las decisiones es el que supone que están vigentes los precios de 1993.

Como es lógico, los precios reales actuales distan cada vez más drásticamente de los de 1993, a media que nos alejamos del año base. La información está gravemente deformada. Ahora, para dimensionar el tema, comparamos la serie con precios constantes de 1993, la habitualmente comentada, con la serie en dólares, elaborada por el FMI para sus 185 países miembros. En las líneas inferiores del cuadro adjunto cotejamos el ingreso y el consumo total por habitante, según las dos series, para medir mejor la situación de la gente.

Hasta 2001, los desvíos son menores, como era previsible. Porque los errores se acentúan con el tiempo, por la metodología del INDEC. Las fuertes alteraciones dispuestas en 2002 tumban definitivamente la relevancia de la información. De ahí la importancia de esta nueva mirada.

• Comparaciones

El cuadro adjunto facilita las comparaciones; computa las variaciones ocurridas en distintos períodos relevantes. La caída de 2002 es mucho mayor cuando se incorpora la terrible alteración de los precios de ese año. También la recuperación de 2002-2005 es mucho más significativa, con los precios actualizados, en dólares. No hay muchos países en que el ingreso por habitante aumenta 70% en tres años.

Cuando se compara el PBI y el consumo por habitante, de 2005 con el de 1998, la serie que mantiene los precios de 1993 registra cambios no demasiado significativos.

La serie a precios corrientes, en dólares, en cambio, ilustra lo estrepitoso de la caída, entre 45% y 51%, según el rubro. Entonces, con las cifras habituales, la Argentina se recuperó de la caída de 1998-2001 y la crisis de 2002; aunque, en términos por habitante, todavía persiste una pérdida. Con la medición en dólares, la debacle de 2002 es abrumadora; en el período 1998-2005, la pérdida de ingresos es todavía mayúscula. Seguimos en emergencia. No puede sorprender que la pobreza aún mantenga índices mayores que en la década pasada si el ingreso y el consumo por habitante se redujeron a la mitad, no obstante la enorme recuperación, a partir de 2003.

¿Cuál es la serie de datos más representativa? Es crucial distinguir el valor que la gente asigna a los esfuerzos y el disfrute de los bienes -consecuencia de actos voluntarios- de las cantidades físicas, resultante de la producción. El valor no es un atributo propio de la cosa, ya que cada uno valora los bienes de forma desigual. Medir las cantidades producidas, en cualquier año, con los precios de una época remota constituye un error que aumenta con la distancia al año base. En el período, los precios internacionales de nuestras exportaciones aumentaron dramáticamente y cayeron las tasas de interés, en todo el mundo. Se impusieron retenciones a las exportaciones, otras trabas a las importaciones. Además, ¿cómo pueden registrarse los cambios continuos en la calidad de los bienes, cuando se mantienen los precios fijos? La mejora de la calidad ha sido drástica, en muchos bienes, como las computadoras, teléfonos celulares y tantos productos que tienen prestaciones superiores que en 1993.

La serie en dólares puede no conformar algunos criterios. Pero, en un país abierto al comercio, los valores dólar reflejan aspectos importantes de la realidad. Sobre todo para los inversores y observadores del exterior, que deben comparar a varios países, y muchos argentinos para los cuales el dólar es la moneda verdadera, la unidad de cuenta para sus cálculos patrimoniales. La serie a precios corrientes -en dólares-ofrece algunas sorpresas. La Argentina es un país más abierto. El promedio de importaciones más exportaciones dividido por dos era inferior a 12%, en la década de 1990.

En 2005, supera a 22% del PBI. Las inversiones recuperaron los guarismos de los 90. Lo más importante es que los precios actuales permiten una nueva mirada y, entre otras, revalorar la estrategia antiinflacionaria. ¿Cómo se puede argumentar la necesidad de contener la demanda, cuando nuestra gente consume la mitad que en la década anterior y no huye de la moneda? Los precios no están demasiado elevados. El problema es que, por fallas en la coordinación de las actividades, los argentinos ganan mucho menos.

Si el ingreso y el consumo por habitante son la mitad que en 1998, tenemos mucho para crecer. Hoy, el trabajo de los argentinos está devaluado, en términos internacionales. Los turistas extranjeros que recorren nuestro país ratifican la baratura de nuestros salarios. Una tarea de la mayor trascendencia es descubrir por qué no ganamos más.

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