Cifras del PBI son engañosas
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Cuando se compara el PBI y el consumo por habitante, de 2005 con el de 1998, la serie que mantiene los precios de 1993 registra cambios no demasiado significativos.
La serie a precios corrientes, en dólares, en cambio, ilustra lo estrepitoso de la caída, entre 45% y 51%, según el rubro. Entonces, con las cifras habituales, la Argentina se recuperó de la caída de 1998-2001 y la crisis de 2002; aunque, en términos por habitante, todavía persiste una pérdida. Con la medición en dólares, la debacle de 2002 es abrumadora; en el período 1998-2005, la pérdida de ingresos es todavía mayúscula. Seguimos en emergencia. No puede sorprender que la pobreza aún mantenga índices mayores que en la década pasada si el ingreso y el consumo por habitante se redujeron a la mitad, no obstante la enorme recuperación, a partir de 2003.
¿Cuál es la serie de datos más representativa? Es crucial distinguir el valor que la gente asigna a los esfuerzos y el disfrute de los bienes -consecuencia de actos voluntarios- de las cantidades físicas, resultante de la producción. El valor no es un atributo propio de la cosa, ya que cada uno valora los bienes de forma desigual. Medir las cantidades producidas, en cualquier año, con los precios de una época remota constituye un error que aumenta con la distancia al año base. En el período, los precios internacionales de nuestras exportaciones aumentaron dramáticamente y cayeron las tasas de interés, en todo el mundo. Se impusieron retenciones a las exportaciones, otras trabas a las importaciones. Además, ¿cómo pueden registrarse los cambios continuos en la calidad de los bienes, cuando se mantienen los precios fijos? La mejora de la calidad ha sido drástica, en muchos bienes, como las computadoras, teléfonos celulares y tantos productos que tienen prestaciones superiores que en 1993.
La serie en dólares puede no conformar algunos criterios. Pero, en un país abierto al comercio, los valores dólar reflejan aspectos importantes de la realidad. Sobre todo para los inversores y observadores del exterior, que deben comparar a varios países, y muchos argentinos para los cuales el dólar es la moneda verdadera, la unidad de cuenta para sus cálculos patrimoniales. La serie a precios corrientes -en dólares-ofrece algunas sorpresas. La Argentina es un país más abierto. El promedio de importaciones más exportaciones dividido por dos era inferior a 12%, en la década de 1990.
En 2005, supera a 22% del PBI. Las inversiones recuperaron los guarismos de los 90. Lo más importante es que los precios actuales permiten una nueva mirada y, entre otras, revalorar la estrategia antiinflacionaria. ¿Cómo se puede argumentar la necesidad de contener la demanda, cuando nuestra gente consume la mitad que en la década anterior y no huye de la moneda? Los precios no están demasiado elevados. El problema es que, por fallas en la coordinación de las actividades, los argentinos ganan mucho menos.
Si el ingreso y el consumo por habitante son la mitad que en 1998, tenemos mucho para crecer. Hoy, el trabajo de los argentinos está devaluado, en términos internacionales. Los turistas extranjeros que recorren nuestro país ratifican la baratura de nuestros salarios. Una tarea de la mayor trascendencia es descubrir por qué no ganamos más.



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