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Me parece importante puntualizar que el objetivo final de los acreedores no es cobrar sino que los títulos valgan más que su actual cotización de mercado. ¡Y cuanto más, mejor! En esas condiciones, cualquier tenedor que necesitara efectivo los podría vender en forma individual. Para valorizar los títulos, los plazos y montos de pago no son la única variable. La misma corriente de pagos de un bono del Tesoro estadounidense, alemán, chileno, venezolano, colombiano, uruguayo, brasileño o de casi cualquier otro de los 180 países de nuestro planeta, hoy vale mucho más que los del Estado argentino. Una palanca fundamental para el desarrollo es valorizar todo lo posible los bonos y activos de la Argentina. Ya que la riqueza de un país es el valor de los derechos individuales de su gente.
A los argentinos interesa esta cuestión de sobremanera. Pues la actividad económica está enmarcada en la confianza que merezcan las partes. En efecto, sólo contratamos con quienes ofrezcan comportamientos predecibles. En una nación donde el Estado no cumple sus compromisos, los activos y el valor de los derechos individuales de decisión se deprecian. Los economistas neoclásicos enseñaban que el salario es igual al valor de la productividad marginal del trabajo. Pues no preveían incumplimientos. Cuanto más inciertas las expectativas de los agentes económicos, menores salarios pagarán. Si los derechos valen menos, dejarán de invertir y de contratar trabajos.
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