10 de marzo 2020 - 09:05

Coronavirus: ¿cómo nos afecta psicológicamente la posibilidad de contagio?

Ante el coronavirus, es importante seguir recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, escuchar o leer noticias donde quienes hablen sean médicos especialistas, y no quedarnos con opiniones o anécdotas de gente que no contribuye a la responsabilidad social.

Coronavirus, de la responsabilidadc al pánico

Coronavirus, de la responsabilidadc al pánico

Foto: NA

Los medios nos bombardean constantemente con información sobre esta enfermedad que hasta hace poco ni siquiera sabíamos su nombre. De pronto todos, absolutamente todos, somos expertos en coronavirus y hasta sabemos que además de ese nombre tan majestuoso también se llama COVID-19. Hay tantas recomendaciones que a veces pareciera que la única alternativa es encerrarse solo y no vincularse con nadie por riesgo de contagiarse.

Una característica propia de los animales y por lo tanto también de los humanos como tales, es que ante el miedo tengamos una reacción de huida. Cuando algo nos acecha y nosotros no sentimos presa, la reacción inmediata es la de correr, escaparse y luego refugiarse del peligro; hasta allí podríamos decir entonces que la conducta que se tiene ante un virus del que conocemos poco en realidad, es la esperable, pero el problema radica en que los animales que están por ser cazados huyen y si se salvan allí termina la cacería, al menos por un rato o por varios días hasta que otra vez vuelve el peligro.

En estos casos de enfermedades, la sensación es como si todo el tiempo estuviéramos por ser cazados. Estamos expuestos constantemente a ser víctimas del peligro y esto produce un estrés que termina repercutiendo en nuestra vida cotidiana, afectando nuestras relaciones y también nuestros trabajos.

El coronavirus se presenta al igual que en su momento sucedió con la Gripe A (H1N1) en el 2009-2010, como un monstruo que nos muerde el tobillo y nos acecha, volviéndonos en muchos casos seres irracionales que podemos entorpecer seriamente las medidas preventivas reales que se requieren para contener dichas enfermedades.

Un ejemplo concreto es que la recomendación de utilización de barbijos es para personas que tengan síntomas que puedan relacionarse con la enfermedad, para personas que hayan estado en zonas donde hay una epidemia del virus o para personas que se encuentren en cercanía de individuos que puedan presumir algún riesgo y sin embargo, las farmacias ya no tienen stock de barbijos porque todos han salido a comprarlos por las dudas, produciendo una falta que puede tornarse un problema muy grave cuando algunas personas con dichos síntomas por ejemplo, tengan que salir a conseguir este producto y no lo obtengan.

El miedo es como una luz roja en el tablero de mando que se enciende intermitentemente para indicarnos que vayamos por la vida con cuidado y con atención ante la inminencia de un peligro. En ese sentido es una emoción positiva porque nos previene de problemas, nos permite ocuparnos de lo que tenemos que hacer para cuidarnos. En el caso del coronavirus, ocuparnos sería seguir recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, escuchar o leer noticias donde quienes hablen sean médicos especialistas, como por ejemplo los epidemiólogos o infectólogos y no quedarnos con opiniones o anécdotas de gente que no contribuye a la responsabilidad social, frente a una epidemia que asusta mucho porque apareció de golpe y se empezó a multiplicar por distintas partes del mundo.

La incertidumbre por no saber qué hacer y llenarnos de palabras y consejos que se repiten constantemente en los medios genera pánico, que para simplificar podríamos decir que es un paso más que el miedo. Se manifiesta como una ansiedad extrema o miedo que se presenta en forma súbita y puede dar lugar a pensamientos o acciones irracionales. El pánico puede incluir pulso rápido, sofoco, sudor y problemas para respirar y tiene la particularidad de ser una emoción que sobrecoge a un colectivo (masa de gente) en situación de peligro.

Los pensamientos irracionales pueden producir situaciones de discriminación hacia otras personas, como por ejemplo hacia aquellas que tengan rasgos orientales justificados por ver en las noticias que el virus se originó y se expandió sobre todo por China.

Puede generar que nos aislemos evitando toda situación de contacto con los otros por miedo a enfermarnos e incluso divulguemos información falsa y provoquemos un caos social.

También desde el pánico podemos ponernos paranoicos y tejer teorías conspirativas de laboratorios y gente rica que hizo esto a propósito, por ejemplo para vender sus vacunas como se suele escuchar por lo bajo.

Cuando hay peligro y ante la incertidumbre, tenemos que ser sumamente responsables como sociedad. No relajarnos ni desestimar que estamos ante un panorama preocupante, pero entender que el otro extremo (como siempre ocurre en verdad) tampoco es saludable. Entrar en una psicosis personal y social no contribuye a que se tomen las medidas que recomienden los profesionales idóneos.

Justamente en los países orientales, ante la sospecha de tener gripe o alguna otra enfermedad contagiosa, desde siempre las personas tienen por costumbre usar barbijos para cuidar a los demás. Imagino que aunque la situación en China y otros países cercanos es devastadora, gracias a su educación y su cuidado por el otro esto no se ha transformado en una pandemia.

Si somos cautos con la información (al recibirla y al proporcionarla), si tomamos medidas preventivas y realmente cumplimos de las indicaciones de la OMS podemos tomar esta nueva situación traumática que nos toca atravesar a los habitantes del mundo, con todo el dolor que ya está implicando como una oportunidad de seguir aprendiendo a cuidarnos y porque no también, de cuidar a nuestro planeta.

(*) Psicólogo, sexólogo especialista en vínculos.

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