"Cortar los puentes es legítima defensa"
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Es el antiguo y glorioso grito de Fuenteovejuna, honrado por toda nuestra tradición cultural e institucional, y fuente de derecho hispano y universal, que los pueblos se levanten para defender lo que las autoridades superiores parecen haber abandonado. Y es nada más ni nada menos lo que estamos haciendo.
Hay un país originariamente agresor -Uruguay- que no respeta nuestros derechos sobre el río, que ejecuta acciones inconsultas y de disponibilidad, como si fuera dueño exclusivo. Ante ello, se reclama, se recurre a la Corte de La Haya, se insta a la concertación y nada se logra, pues Uruguay, continúa en forma absoluta e individual disponiendo. Más aún, en medio del litigio, prosigue construyendo la planta cuestionada, duplica el abastecimiento de agua de un río compartido, sin autorización, violando nuevamente el tratado y en definitiva agrede diariamente.
Frente a esto el gobierno nacional no actúa y son los ciudadanos, que recuperando los poderes delegados, sin buscarlo, pero tampoco eludiendo la responsabilidad, dentro del marco de paz, recurren al medio más disponible, efectivo, pacífico y de defensa que poseen, el corte de ruta.
Muchos nos hemos tomado el trabajo de consultar -con las reservas del caso- jurídicamente y judicialmente esta situación, la que es catalogada como legal. Por eso afirmamos que el corte de ruta, en este caso concreto, o en la emergencia la suspensión de relaciones y cierre de fronteras, sea lo que opine el Banco Mundial, La Haya o quien sea, es legal, legítimo y hace al Derecho de legítima defensa.
Mas, nadie puede obligarnosa mantener relaciones con malos vecinos.
Nosotros somos los más interesados en que el corte de ruta termine. Queremos que concluya a través del mandato constitucional que obliga a las más altas autoridades a plantarse frente a la agresión extranjera y mantenerse firme en nombre de todo el país. Queremos la conciliación que termine con las pasteras fuera de la cuenca del río Uruguay.
Los pueblos cuyos gobiernos no se hacen cargo de afrontar virilmente las dificultades terminan fatalmente conducidos a enfrentamientos no queridos por ninguno al comenzar el diferendo.
Ya sabemos la respuesta de los intereses económicos y los organismos internacionales, las pasadas y las que vendrán, pero por siempre conservamos un derecho, mantener relaciones diplomáticas y fronteras abiertas, sólo con los que nos respetan.
Mas allá de todo, ante esta realidad, reclamamos acción de nuestros gobernantes, que sin pensar en especulaciones o costos políticos, se acerquen a Uruguay, impulsen con generosidad y humildad un acuerdo, para evitar proseguir en este camino equivocado, que como daño menor, nos conducirá a la ruptura de relaciones.




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