Covid-19: lo que viene es difícil

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Cada vez queda más claro que los siguientes meses serán dolorosos. Se están propagando algunos virus que se consideran variantes, con mutaciones que hacen que el coronavirus sea más contagioso y, en algunos casos, más letales.

Desde hace varias semanas, el estado de ánimo en gran parte de la humanidad era de inmensa alegría. Los casos, las hospitalizaciones y las muertes debido al coronavirus habían caído de manera considerable desde que alcanzaron su máximo, y todos los días se están vacunando a millones de personas. Los restaurantes, las tiendas y las escuelas han reabierto.

Según ciertos estándares medibles, los estadounidenses por ejemplo, le están ganando la guerra al coronavirus. Las vacunas potentes y la aplicación veloz de estas prácticamente garantizan un regreso a la normalidad: a las parrilladas con amigos, los campamentos de verano y las pijamadas.

Pero cada vez queda más claro que los siguientes meses serán dolorosos. Se están propagando algunos virus que se consideran variantes, con mutaciones que hacen que el coronavirus sea más contagioso y, en algunos casos, más letales.

Por el momento, la mayoría de las vacunas parecen ser eficaces en contra de las variantes. Pero las autoridades de salud pública en todo el mundo están muy preocupadas de que las variaciones futuras del virus puedan ser más resistentes a la respuesta inmunitaria, por lo que quizá obliguen a los ya vacunados a recibir refuerzos de manera regular o incluso vacunas nuevas.

“La evolución no está de nuestro lado”, afirmó Devi Sridhar, profesora de salud pública de la Universidad de Edimburgo en Escocia. “Parece que este patógeno siempre está cambiando de una manera que nos dificulta suprimirlo”.

Las autoridades de salud de todo el mundo reconocen la necesidad apremiante de seguirle el rastro a estos nuevos virus en su recorrido. De hecho, la variante, B.1.1.7, que es sumamente contagiosa, arrasó en el Reino Unido, ahora causa estragos en Europa continental, y está creciendo de manera exponencial en Estados Unidos.

Se suponía que el coronavirus tardaría más en mutar. Como todos los virus, presentaría mutaciones y evolucionaría, dando lugar a miles de variantes, según explicaron los científicos al inicio de la pandemia. Pero pasarían años antes de que cambiara de manera significativa, algunos incluso dijeron que era un virus estúpido.

El patógeno desafió esas predicciones. “Sí esperábamos que el virus cambiara, pero no anticipamos la rapidez con la que sucedió”, comentó Michael Diamond, inmunólogo viral de la Universidad Washington en San Luis, Misuri.

Una variante solo se vuelve de interés general si es más contagiosa que el virus original, causa una enfermedad más grave u obstaculiza la respuesta inmunitaria. Las variantes identificadas en el Reino Unido, Sudáfrica y Brasil cumplen con esos criterios.

Durante demasiado tiempo las autoridades gubernamentales ignoraron la amenaza. “El aplanamiento de la curva de casos puede disimular el surgimiento de nuevas variantes”, afirmó Carl Pearson, investigador de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. “Y entre más dure ese aplanamiento, peor será el problema”.

En Estados Unidos, las infecciones de coronavirus comenzaron a disminuir rápidamente en enero, lo cual al poco tiempo hizo que muchos líderes estatales reabrieran los negocios y relajaran las restricciones. Pero una y otra vez los científicos advirtieron que el descenso de infecciones sería breve. A mediados de marzo, después de que la tasa cayó a unos 55.000 casos y 1500 muertes al día, algunos estados —sobre todo Míchigan— empezaron a ver un repunte.

Desde entonces, las cifras en Estados Unidos no han dejado de aumentar. Hasta el sábado, el recuento diario era de casi 69.000, y la media semanal era un 19 por ciento superior a la cifra de dos semanas antes.

Sigo sin creer que estemos fuera de peligro”, expresó Sarah Cobey, bióloga evolutiva de la Universidad de Chicago. “Si esta primavera no tenemos otra ola, entonces voy a estar muy muy preocupada por el otoño”.

Aunque la mayoría de las vacunas son eficaces contra la B.1.1.7, los investigadores están cada vez más preocupados por otras variantes que contienen una mutación llamada E484K. (Los científicos la llaman “Eek”, que en español se pronuncia “ik”).

Esta mutación ha evolucionado de forma independiente en muchas variantes en todo el mundo, lo cual sugiere que le ofrece al virus una poderosa ventaja de supervivencia.

Creo que durante el siguiente año o dos, la E484K, presente en la variante Manaos, será la mutación más preocupante”, declaró Jesse Bloom, biólogo evolutivo del Centro Fred Hutchinson de Investigaciones para el Cáncer en Seattle.

La mutación altera ligeramente la llamada proteína espiga que está en la superficie del coronavirus, por lo que es un poco más difícil que los anticuerpos se adhieran y destruyan el invasor, por tal motivo esa cepa puede re infectar a los vacunados o a los que ya padecieron de Covid19.

De alguna forma u otra, el nuevo coronavirus está aquí para quedarse, según creen muchos científicos. Podría haber muchas variantes circulando en el mundo al mismo tiempo, como sucede con los coronavirus del resfriado común y la gripe, es por eso que mantener alejados a estos virus podría requerir de una inyección cada año, como con la vacuna de la influenza.

La mejor manera de frenar el surgimiento de variantes peligrosas es que ahora se mantenga bajo el número de casos y se inmunice a la gran mayoría del mundo —no solo los habitantes de los países ricos— lo más rápido posible. Si muchas zonas del planeta permanecen desprotegidas, el virus seguirá evolucionando de forma peligrosa.

Cuando aún no se logra superar la crisis sanitaria global desatada en la ciudad de Wuhan, China, la ciencia ya especula acerca de cómo, más tarde o más temprano, un nuevo patógeno volverá a encontrar el camino para saltar de su huésped e infectar a personas. Luego, la globalización y su constante movilidad se encargarán de diseminarlo por todo el mundo.

Y, pese a que los avances en la medicina y la ciencia hicieron que sea posible acortar en años los plazos para el desarrollo de vacunas, la realidad muestra que aún no se encontró un tratamiento específico contra el COVID-19, y que los sistemas sanitarios no están preparados para prevenir y afrontar una situación como la generada por el coronavirus.

(*) Asesor y especialista en riesgos del trabajo

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