Ser sabios o ser necios: ¿Es la hora de alcanzar un gran consenso nacional?

Opiniones

Parafraseando a Confucio, necesitamos que cuando el sabio les señale la luna, no se queden una vez más mirando el dedo.

Nuestro país se encuentra frente a la mayor crisis sanitaria, económica y social de su historia contemporánea. Bajo este este panorama, se hace imperioso que el gobierno, la oposición y las dirigencias empresariales, sindicales y sociales actúen con verdadero sentido patriótico y antepongan el interés colectivo por sobre el interés particular. Parafraseando a Confucio, necesitamos que cuando el sabio les señale la luna, no se queden una vez más mirando el dedo.

Para tomar dimensión, veamos el contexto previo a la pandemia. Según datos suministrados por la CEPAL, la pandemia del COVID-19 impactó América Latina y el Caribe en un momento de debilidad de su economía y de vulnerabilidad macroeconómica. En el decenio posterior a la crisis financiera mundial (2010-2019), la tasa de crecimiento del PIB regional disminuyó del 6% al 0,2%; más aún, el período 2014-2019 fue el de menor crecimiento desde la década de 1950 (0,4%). La crisis que sufre la región en 2020, con una caída del PIB del 5,3%, será la peor en toda su historia. Para encontrar una contracción de magnitud comparable, hace falta retroceder hasta la gran depresión de la década de 1930 (-5%) o, más aún, hasta 1914 (-4,9%).

La pandemia será la causa de la mayor crisis económica y social de la región en décadas, con efectos muy negativos en el empleo, el combate a la pobreza y la reducción de la desigualdad.

En Argentina, el estallido de la pandemia encuentra a un país ya afectado por grandes desafíos socioeconómicos, que reconoce una crisis alimentaria, sociosanitaria y productiva. Al mismo tiempo, estos desafíos están signados por la constricción fiscal para atender demandas básicas de la población y la compleja negociación por la deuda externa.

La crisis generada por la pandemia presenta un triple shock económico en el nivel local: uno de oferta, uno de demanda y uno financiero. A esto se le suma el impacto externo derivado de la crisis global, a partir del menor precio de los principales productos de exportación, la reducción del volumen de comercio de bienes y servicios, y las tensiones financieras. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la combinación de estos factores excepcionales llevará a que la economía argentina caiga un 8,2% en 2020 si la pandemia se controla, y hasta un 10% en caso de que se registre un segundo brote de coronavirus en el país.

Como puede apreciarse, la situación es por demás delicada. Resulta fundamental entonces proponer estrategias de reconstrucción y recuperación que tengan como eje la sostenibilidad y el desarrollo productivo sostenible. Esta acción requiere de un gran consenso nacional para poder brindar un horizonte de previsibilidad que tenga como objetivo rescatar lo antes posible a nuestro país de esta crisis planetaria.

Se hace necesario entonces rediscutir entre tantos otros temas: El rol de Estado, la matriz productiva, el plan de desarrollo productivo, el plan industrial y tecnológico, la matriz energética con Vaca Muerta a la cabeza, el sistema impositivo, el programa fiscal, la renta universal básica, la necesidad o no de una reforma laboral y previsional, la función de la ciencia y la tecnología al servicio de la producción, la industria cultural, etc.

Estos y otros temas, demandaran de un consenso de características especiales y cuyas respuestas se conviertan en verdaderas políticas de estado. Y requerirá no solo de una dirigencia empresarial, sindical y social comprometida, sino fundamentalmente de una oposición política, que en palabras del reconocido jurista Ricardo Haro: “Busque gobernar desde la colaboración y asumir la responsabilidad de disentir y de apoyar buscando el mayor bienestar para la población”.

Una oposición que en palabras de Giovanni Sartori, se comporte de manera responsable por estar consciente de que tendrá que rendir cuentas frente a la ciudadanía por sus hechos.

Es cierto que es el gobierno quien tiene la obligación de llamar al dialogo y en consecuencia plantear el contenido de la agenda a discutir; una agenda que contemple los temas que den origen a las políticas de estado. Pero lo que también es cierto, es que no hay dialogo posible si del otro lado, no hay verdadera consciencia del rol histórico que se ocupa y solo se piensa en obtener réditos electorales en el caso de la oposición o intereses sectoriales en el caso de las dirigencias enunciadas.

El antecedente de la solicitada firmada por los gobernadores y el jefe de Gobierno en apoyo al Gobierno nacional en el proceso de reestructuración de la deuda externa nos permite pensar que esta vez en una crisis de fenomenales magnitudes, lograremos transitar un camino de reconstrucción. Para la Argentina en su conjunto -Gobierno, sociedad civil, sector privado, la ciencia y la academia- será decisivo fortalecer el aprendizaje entre pares y aprovechar la cooperación y la colaboración entre los actores. Esta vez si somos capaces de mirar la luna y no el dedo, podremos iniciar un mejor camino hacia el futuro. De nosotros dependerá esta vez ser sabios o ser necios.

(*) Licenciado en Ciencia Política y Gobierno (Univ. Nac. de Lanús), profesor en Docencia Superior (UTN), miembro de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) y de la Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP).

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