El 2021 no parece ser muy diferente al pasado 2020. La pandemia por el Covid-19 no da tregua, y otra vez el fantasma de la cuarentena asecha sobre la salud mental de las personas.
El fantasma del encierro: ¿el aislamiento genera trastornos de conducta?
El Covid-19 ha provocado muchas alteraciones en las distintas sociedades del mundo. Una de las secuelas ha sido el incremento de los niveles de estrés.
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El ser humano es básicamente un ser social. Necesita del contacto con los otros, comunicarse y sociabilizar. El mejor ejemplo de esto es la película “El Naúfrago”, en donde Tom Hanks se crea un amigo imaginario “Wilson”.
Si bien el aislamiento social apunta a prevenir la propagación del virus, implica tanto un esfuerzo físico como mental, y consecuentemente a nivel afectivo también.
El miedo ante lo desconocido, en este caso el coronavirus, es una reacción normal y esperable, y nos permite poner en marcha mecanismos de afrontamiento, pero también puede aparecer el pánico, esa sensación que paraliza y no permite que las personas actúen normalmente.
El ser humano es básicamente un ser social. Necesita del contacto con los otros, comunicarse y sociabilizar. El mejor ejemplo de esto es la película “El Naúfrago”, en donde Tom Hanks se crea un amigo imaginario “Wilson” para evitar caer en la desesperación que le generaba la soledad y la incertidumbre. La posibilidad de una segunda cuarentena, se hace sentir en la psiquis de las personas.
El Covid-19 ha provocado muchas alteraciones en las distintas sociedades del mundo. Una de las secuelas ha sido el incremento de los niveles de estrés. Lo que pueda dejar como secuela el virus en la salud genera terror, la preocupación por los miembros de la familia. El distanciamiento social extendido, las dificultades económicas, la posibilidad de pérdida del puesto de trabajo y la incertidumbre han causado angustia a nivel global.
Las personas comienzan a sentirse más ansiosas, angustiadas, irritables, tristes, enojadas. Emociones, que quizás por su ritmo de trabajo y ocupación habían empezado a mitigar, y con la posibilidad de un nuevo confinamiento vuelven a aflorar.
La pandemia de coronavirus es un hecho inesperado y excepcional, que alteró las rutinas de la vida diaria. Impactó sobre todos nosotros pero agrega una cuota extra de ansiedad sobre todo en aquellas personas que padecen algún tipo de desorden alimentario, ya que el distanciamiento y aislamiento refuerzan los síntomas de forma negativa.
El encierro en el hogar, rodeados de comida puede resultar amenazante tanto para quien sufre trastorno por atracón, como para quien tiene bulimia. No sólo por el acopio de alimentos, sino también por la oferta de comida a domicilio. Las personas pueden llegar a perder el control sobre la cantidad que ingiere y la comida se vuelve el mejor anestésico o proveedor de placer.
Las últimas estadísticas de la Sociedad Argentina de Nutrición, arrojaron datos sobre como la cuarentena influyó en la modalidad de alimentarnos y de mover nuestro cuerpo. Las cifras fueron alarmantes: 6 de cada 10 adultos padece obesidad luego del período de encierro.
El estrés también tiene un papel importante en estos números. Ya que el aumento elevado de sus niveles, impacta en la producción de la hormona llamada cortisol, que repercute en la formación de los adipocitos, favoreciendo el desarrollo de enfermedades metabólicas.
(*) Psicóloga especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). (M.N. 36031)
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