¿Hasta dónde es posible detener, controlar, evitar?

Opiniones

Al "todo es posible" o el "just do it" se opone el "quédate en casa", "distancia social", "permisos para circular". La cuarentena y el future.

Así como la época del HIV continuó a la de la “libertad sexual”, la época de la cuarentena parece seguir a la del consumo, los viajes y las reuniones masivas. Como un castigo, se ha dicho. También con el HIV pareció castigarse la liberación del cuerpo. Pero debemos estar atentos a las recriminaciones que trasforman a las víctimas en victimarios. Un virus fuera de control no es un castigo, es el resultante de una serie de fatalidades e irresponsabilidades que se potenciaron con la falta de prevención, con la ausencia de políticas sanitarias, alimentarias y ambientales, con un desequilibrio planetario tóxico.

Nuestra cultura estuvo organizada alrededor de un ideal de consumo y una oferta de goces que proponía colmar todas las necesidades. La angustia existencial no estaba de moda, “no te quedes con las ganas de nada” decía un aviso resumiendo la ideología de la época y el mercado proponía los objetos para calmar malestares. Los avances tecnológicos y científicos generaban la ilusión de que todos los deseos serían posibles y el turismo acercaba lejanías y cerraba brechas. Tras los brillos de las promesas crecía el rumor cada vez creciente de la marginación y el descuido del planeta.

Con la actual pandemia y la cuarentena global asistimos a la aparición de restricciones opuestas a la saturación del deseo, parece la contraparte opuesta y complementaria: el vacío como respuesta a la saturación. Al “todo es posible” o el “just do it” se opone el “quédate en casa”, “distancia social”, “permisos para circular”. La concepción del semejante como alguien contagioso o peligroso, propia de una sociedad individualista, vuelve a tomar preponderancia.

A la conquista de tiempo y espacio ha seguido otro de restricción del espacio que modifica por lo tanto la percepción del tiempo, se opone el vacío al lleno, el distanciamiento a la cercanía, la inmovilidad al movimiento. Como siempre la historia nos enfrenta con la dialéctica de las oposiciones. Los líderes responsables del mundo optaron por contener, detener, desacelerar, construir mejores condiciones de asistencia y cura. La cuarentena es el único recurso al que pudieron recurrir los gobiernos más humanitarios para aminorar el daño. La enfermedad es consustancial a la vida, pero muchas de las muertes que nos asolan podrían haber sido evitables de haber existido una adecuada prevención. Sin embargo, se transformaron en muertes inevitables ya que esta prevención no ha existido, ya que la población global ha sido desprotegida.

¿Hasta dónde es posible detener, controlar, evitar?

El pánico estimula las salidas mesiánicas, la restricción del espacio genera la sensación de que es factible detener el tiempo.

¿Es posible parar el presente y volver al pasado para modificar el devenir, tal como meternos en la famosa máquina del tiempo de “Volver al futuro”?

Se puede desacelerar el crecimiento, disminuir contagios, pero no se puede evitar el daño que ya sucedió. No deberíamos desilusionarnos porque los casos aumenten, o desesperar, o culpabilizar. Es lo esperable, es que estamos en pandemia.

Sin embargo, esto no quiere decir que haya que renunciar a la búsqueda de un mejor pronóstico posible. Existirán distintos modos de distribuir la riqueza y la salud, menos inclusivos o más inclusivos. Dependerá de cual modo se elija, para repetir o para cambiar el futuro.

(*) Licenciada en Psicología con Orientación Clínica en la UBA. Miembro Titular en función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Federación Psicoanalítica de América Latina.

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