Europa y su impronta reguladora
Si bien la Unión Europea (UE) encaró el tema ‘datos’ propiciando el avance de proyectos privados o del tercer sector, generalmente tendientes a la protección de la privacidad -recordemos que el Reglamento General de Protección de Datos entró en vigor en 2018 y es la norma de más alto estándar en la materia- este año la Comisión Europea dio un giro al plantear que comenzaba a crearse el mercado paneuropeo de datos (MPD) que, según la información oficial, estará listo en 2022.
Este desarrollo es parte de la estrategia europea que plantea la creación de “fideicomisos de datos personales que actúan como nuevos intermediarios neutrales en la economía de los datos personales”.
El citado viraje puede describirse así: hasta este año la UE venía financiando startups o ecosistemas tech cuyo propósito era poner a disposición de los usuarios diversas herramientas con las cuales se les intenta devolver el control sobre su propia información. Por ejemplo, navegadores que evitan cookies, máscaras digitales de protección de identidad, o apps que detectan cuándo otra app intenta tomar datos del teléfono.
Pero mientras esto discurría, en la sociedad civil creció una corriente que propone poner precio a la información personal como la mejor forma de lidiar con el asunto. Wibson, una startup argentina, tanto como Mydatamood, en España, comenzaron a ofrecer a los usuarios la posibilidad de comercializar su información transaccionando en mercados virtuales, con criptomonedas, sobre Blockchain.
Esto, en medio del auge de las Fintech, encendió una luz de alarma en Europa, especialmente porque algunas voces expertas advirtieron que en este nueva economía de los datos y la cibervigilancia, la privacidad sólo sería posible para quienes no tuvieran problemas económicos. El resto, señalan, se vería obligado a vender sus datos para sobrevivir, dado el horizonte de nuevas y más precarias formas de trabajo que parece avizorarse en el capitalismo de este siglo. Así lo explicó Albert Cañigueral en Ámbito.
En consecuencia, a mediados de este año Europa admitió que prefería crear un entorno de compra y venta de datos seguro y confiable. Un informe del MIT de agosto, señala: “El proyecto Trusts, la primera iniciativa planteada con las nuevas normas de la UE, se implementará en 2022. Con un presupuesto de 7 millones de euros, creará un conjunto paneuropeo de datos personales y no personales que debería convertirse en una ventanilla única para empresas y gobiernos que quieren acceder a los datos de los ciudadanos”.
Y bien, desde esta perspectiva, una conclusión liminar permite comprender que los expertos europeos comienzan a volcarse a una estrategia de mercado oficial y con reglas claras, en vez de seguir intentando frenar lo que parece un alud barranca abajo.
Patear el tablero y comenzar de nuevo
No obstante, en el contexto descrito y por esas paradojas del destino, desde el otro lado del atlántico un defensor -¿nostálgico tal vez?- de la internet libre que conocimos a fines de los ’80 viene a proponer algo nuevo (de nuevo): Tim Berners – Lee, creador de la web, afirma que es tiempo de inventar otra internet.
El proyecto se llama Solid, y fue desarrollado por las startup Inrupt, fundada por Berners – Lee junto con su histórico socio, John Bruce. Se trata de un servidor con almacenamiento descentralizado en el que ya el ministerio de salud británico -NHS, por su nombre en inglés- y la BBC almacenan su información. El nuevo paradigma que vincula la confianza entre usuarios, empresas de información y privacidad de datos, queda descrito en una nota de noviembre del propio Berners – Lee, en el blog de Inrupt:
“La web siempre estuvo destinada a ser una plataforma para la creatividad, la colaboración y la invención libre, pero eso no es lo que vemos hoy. Actualmente, la transformación en los negocios se ve obstaculizada por diferentes partes de la vida administradas por silos, cada uno de los cuales se ocupa de un segmento vertical de la producción, pero donde los usuarios y los equipos no pueden obtener la información al conectar esos datos. Mientras tanto, la información es usufructuada por el silo en cuestión, lo que lleva a un escepticismo público cada vez mayor, muy razonable, sobre cómo se están utilizando indebidamente los datos personales. Eso a su vez ha llevado a regulaciones de datos cada vez más complejas. Tiene que haber una mejor manera, y eso es lo que ofrece la arquitectura de Solid”.
Para comprender dónde reside la ventaja de operar con Solid, hay que bucear en las profundas aguas de la voraz extracción de datos, el famoso petróleo de este siglo. Lo que Berners – Lee pretende explicar con reflexiones como la de arriba, es que el modelo de perfilado de usuarios sobre la base de infinitos datos extraídos de toda su vida -con ver The Social Dilemma alcanza para comprender de qué hablamos- y una incontrolable intromisión en la intimidad, ya no da más.
Por eso, el modelo Solid ofrece a cada usuario final su propio espacio descentralizado de almacenamiento de información (POD, por Personal Online Data). Son, digamos, baúles cerrados a los que solo el dueño de la información puede acceder y brindar acceso. Así, la empresa que trabaja con Solid y perfila usuarios en base a sus datos, como la BBC, le pide al público que abra ese baúl y permita acceder a determinados datos, a los efectos de ofrecer una mejor experiencia de usuario: contenido relevante, etcétera.
Si el dueño de la información acepta, esto ocurrirá sólo mientras se usa el sistema informático en cuestión. No habrá más espionaje de tiempo completo a través del micrófono y la cámara del móvil, o las cookies que nos siguen dentro y fuera de cada plataforma, al estilo de las Big Tech.
Volviendo al ejemplo de la BBC, en esta hipótesis, el usuario, sabiendo que la cadena inglesa trabaja con la arquitectura de Solid, confía en el tratamiento que se hará de su información. En suma, en este modelo la confianza es todo. Y ese vínculo se construye sobre la base de la transparencia con la que Inrupt administra la información, siempre de cara al usuario final.
Un incipiente avance en Argentina
Para ser exactos, en este momento Solid administra la información del NHS británico, la BBC y el gobierno de Flandes. A su vez, la Universidad de Oviedo colabora en el desarrollo de la arquitectura del software junto con una startup gijonesa, Empathy.co.
Pero por estos días la Corte Suprema de Justicia de Mendoza comenzó tratativas con Inrupt para analizar en conjunto qué información del tribunal podría ser administrada por Solid. Desde luego, se trata de un primer avance con carácter de exploración, dado que hasta el momento ningún otro órgano judicial del mundo se pensó a sí mismo como un almacenador de información que pertenece a los ciudadanos.
Sin embargo, desde ya resulta auspicioso el carácter innovador de la iniciativa, en la medida en que supone repensar la relación entre la persona humana y la tecnología web. En ese sentido, los avances en la digitalización de la Corte mendocina tienen como parámetro poner a quienes son parte de procesos judiciales en el centro de las consideraciones, bajo el paradigma de los nuevos derechos digitales.
Lo anterior se resume así: hoy ya no alcanza con plantear la protección de datos, porque eso significa ‘datificar’ a las personas. Los nuevos derechos digitales superan esa mirada y vuelven a hacer foco en el verdadero sujeto de derecho, es decir, quien genera la información.
Por eso, en el máximo tribunal citado planean comenzar a incorporar información de las causas de violencia de género a Solid. Esto permitiría una prueba piloto tendiente a cerrar el ciclo de la violencia en un abordaje integral, que hoy no se tiene.
Vale decir, frente al sistema tradicional de causas y expedientes, en el que cada nueva denuncia se convierte en una gestión distinta sin poder integrar los problemas bajo un mismo nombre y dentro de la misma vida, en la Corte analizan cómo podría vincularse toda la información judicial de una persona si los datos estuvieran en su propio POD.
Incluso, de ese modo la información podría integrarse con sistemas interoperables, con lo cual una app permitiría a una mujer en situación de vulnerabilidad dar un alerta, iniciar una denuncia electrónica o compartir datos con la Justicia.
Es una grata paradoja que uno de los poderes del Estado que más información acopian -y con mayor celo cuidan- piense en modelos descentralizados y digitales de administración de datos. La nueva internet promete cambiar la forma de entender la relación entre las personas y la información, lo cual impacta en todo el diseño de la sociedad de este siglo.
Que las empresas se sumen a la iniciativa es promisorio. Pero que entidades de salud o justicia se interesen por ello, incluso permite ser optimistas. En estos tiempos, suena como si volviéramos a creer en ese señor que, en unos días, traerá regalos.
(*) Mario Adaro, es juez de la Corte Suprema de Justicia de Mendoza.
Dejá tu comentario