Democracia, dictadura y el peligro de la "banalización del mal"

Opiniones

Con la banalización de la sociedad se destruyen valores esenciales y se actúa de manera irresponsable ante los problemas más graves que nos aquejan.

Los argentinos asistimos en los últimos tiempos a un preocupante proceso de banalización, llevado acabo por distintos actores sociales, políticos e intelectuales. Consignas como “Macri basura, vos sos la dictadura, o que “La democracia está en peligro y en consecuencia vivimos en una infectadura”, un ex presidente “habló de golpe de estado y suspensión de elecciones” y por ultimo una de las referentes más significativas de la oposición hablo de “golpe institucional al Congreso de la Nación”, son claros ejemplos de lo manifestado. Frente a tamañas manifestaciones, lo primero que debe decirse al respecto, es que algo debe quedar en claro de sobremanera: ni Mauricio Macri ni Alberto Fernández son la dictadura y pensar que ambos pueden representarla, es de una formidable irresponsabilidad la cual bien podría ser relacionada con una “banalización del mal”.

Hannah Arendt, creadora de la teoría de la “banalización del mal”, retrató la mentira política como la negación de la verdad fáctica, acompañada de la imaginación. Sobre este análisis, acuñó la citada expresión para enunciar que algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. Que no se preocupan por las consecuencias de sus actos, sino solo por el cumplimiento de las órdenes. Todo lo dicho hasta aquí, se amoldaría perfectamente al accionar de los actores descriptos. La Alemania nazi sirvió para exponer hasta qué punto se degrada una sociedad cuando abjura del pensamiento crítico, cuando la gente se aferra a consignas, contribuyen a que el mal se banalice. De esta manera, la sociedad entra en una espiral que conduce a la degradación. Para Arendt, la degradación del pensamiento fue lo que condujo al holocausto.

Dicho esto, debemos afirmar enfáticamente entonces, que es un disparate banalizar las dictaduras y asimilar procesos que nada tienen que ver. Pero preocupantemente desde hace un tiempo, algo está empezando a cambiar en nuestro país. Por mala fe, por ignorancia, por conveniencia, o por un poco de todo esto, hay conceptos que se banalizan hasta vaciarlos de contenido. Dictadura es uno de ellos, y ahí es donde el riesgo de banalizar las dictaduras aparece de manera concluyente.

De repente se puso de moda afirmar, con absoluta naturalidad, que “vivimos en dictadura o en una infectadura”. Cuando esto sucede y se comienza a tornar en una especie de corriente de opinión pública para un sector de la sociedad, bien vale el esfuerzo de poner las cosas en su lugar. De lo contrario, corremos el serio riesgo de que los golpes militares y las consiguientes dictaduras queden licuados en un pasado difuso y discutible. Las nuevas generaciones que afortunadamente, no vivieron en dictadura, necesitan comprender que con sus más y con sus menos vivimos en una democracia y no en una dictadura. A algunos mayores, pareciese hay que refrescarle la memoria para que recuerden lo que significó el fatídico proceso de reorganización nacional en nuestro país.

“El hombre lobo del hombre”, decía Tomas Hobbes en su libro “El Leviatán”. Precisamente para evitar esa lucha de todos contra todos, hay quienes deben ser muy cuidadosos en lo que expresan, porque las derivaciones de sus dichos pueden ser aún mucho más graves que sus dichos mismos. La banalización es un hecho, sin embargo entiendo que la naturalización de la banalización todavía no se ha materializado como tal y en mi opinión, eso es algo alentador. Debemos comprometernos a crear resistencias a la banalización de la sociedad, de la misma manera que nuestro organismo se defiende con sus anticuerpos de las bacterias que ingresan en el cuerpo y producen la enfermedad. De los que nos consideramos los anticuerpos, depende alcanzar la suficiente fuerza social para poder enfrentar activamente este problema que nos aqueja a todas y todos.

Si se profundiza esta banalización del mal, puede llegar incluso a hacernos creer que vivimos en una dictadura desde hace años en nuestro país. Una dictadura sin embargo, que nos permite el derecho de manifestarnos libremente, que nos garantiza la plena vigencia de los derechos constitucionales, que nos permite elegir nuestros representantes sin proscripciones, que nos permite vivir en libertad; en definitiva que nos permite vivir de manera democrática. Debemos entender que de lo que nos pone en riesgo esta banalización del mal, es ni más ni menos que la banalización de la democracia, a tal punto de llegar a confundirnos de si estamos viviendo en una democracia o en una dictadura. Banalizar la democracia es ni más ni menos que banalizar el pueblo, porque la democracia es el gobierno del pueblo. No hay otra forma de gobierno más representativa del pueblo en su conjunto que la democracia, la cual con sus aciertos y errores, posee los mecanismos que nos permiten vivir y desarrollarnos en una sociedad democrática.

Nos encontramos frente a una gran contradicción: estamos transitando el periodo democrático más largo desde la ley Sáenz Peña a la par del periodo de mayor debilidad de los partidos políticos. El sistema democrático necesita de partidos políticos fuertes y representativos que se conviertan en los canalizadores de las demandas de la sociedad, dado que como dice nuestra Carta Magna, son instituciones fundamentales del sistema democrático. Esto hoy no está ocurriendo y deja en consecuencia, el lugar vacante para que intenten ocuparlo sectores que se han hecho ver en los últimos tiempos, con características irracionales, autoritarios y fuertemente anti políticos.

En nuestro país el sistema de partidos políticos está debilitado y eso es un enorme daño y riesgo para la democracia como sistema de gobierno. Nos encontramos en una democracia sin partidos políticos fuertes y dinámicos, en donde la personalización de la política tiene más peso que los partidos políticos. Hoy nos encontramos con dos frentes o alianzas políticas (una en el gobierno y otra en la oposición) en donde las fuerzas políticas que las integran ocupan un rol casi intrascendente. Como resultado de esto, las diferencias internas muchas veces se terminan dirimiendo en el terreno público o mediático. Es necesario entender que fortalecer los partidos políticos y el sistema de partidos políticos es lo que nos diferenciara de tener una democracia formal a una real.

Tergiversar la historia, confundir los enemigos de la democracia y banalizar la dictadura, lejos de propiciar un diálogo democrático lo obtura. Con la banalización de la sociedad se destruyen valores esenciales y se actúa de manera irresponsable ante los problemas más graves que nos aquejan. La crisis actual nos obliga a actuar con sensatez y madurez cívica y moral. Iniciar el camino de la des banalización es una tarea ciudadana que nos debemos todas y todos.

(*) Licenciado en Ciencia Política y Gobierno (Univ. Nac. de Lanús), profesor en Docencia Superior (UTN), miembro de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) y de la Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP). (@fidalgomarcelo)

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