Desdolarización: ¿esta vez puede funcionar?

Opiniones

Los últimos gobiernos argentinos apostaron por desdolarizar la economía. Ya sea el peronismo como también Cambiemos empujaron a la población sin éxito a apostar por el peso. Esta vez, ¿esta vez puede ser distinto?

Cuando tuvimos estabilidad cambiaria en los ‘90 pudimos bajar la inflación. Desde 2002 en adelante asistimos a numerosos experimentos monetarios que culminaron con mayor inflación y devaluación. El próximo evento de colocarle bonos en pesos a los bancos luce peligroso y enciende luces de alarma.

Desde que Domingo Felipe Cavallo implementó el Plan de Convertibilidad que implicó la dolarización de la economía, los detractores de dicho plan trabajaron sin éxito en desdolarizarla. Es más, la baja inflación que vivimos en los '90 nunca más la pudimos disfrutar, créditos hipotecarios a tasas muy bajas, y una bancarización de la economía que luego se discontinuó en el tiempo.

Las políticas implementadas desde el año 2002 en adelante trataron, sin éxito, de buscar revalorizar el peso, una tarea que resultó un fracaso.

En 2001 un dólar era igual a un peso y no había dólar blue, ni "contado con liqui" (CCL) que se le parezca. En 2020 un dólar es igual a $67 oficiales, o $118 en dólar CCL.

En 2001 el billete de máxima denominación era equivalente a u$s100 llevaba la imagen de Julio Argentino Roca. En la actualidad el billete de máxima denominación equivale a menos de u$s10 y lleva la imagen de un hornero, tal vez por la analogía de que se van volando de la mano del consumidor.

La Argentina ha retrocedido económicamente desde 2001 a la fecha. Solo creció entre los años 2003 y 2011 gracias a la fuerte suba de las materias primas a escala mundial, pero ese golpe de suerte se administró muy mal, y sentó las bases de un estancamiento desde el año 2011 a la fecha.

Los últimos tres gobiernos argentinos apostaron por desdolarizar la economía. Ya sea el peronismo como también Cambiemos empujaron a la población sin éxito a apostar por el peso. El argentino tiene grabado en la piel las frases como "el que apuesta al dólar pierde", "el que depositó dólares se llevará dólares", la hiperinflación del año 1989, la crisis del 2001 y 2008. En todos los casos sus ahorros fueron preservados si estaban invertidos en dólares, si tenían pesos el dinero se licuó entre sus manos.

El actual ministro de Economía, Martín Guzmán, cree que puede ofrecer una reestructuración de deuda poco amigable, y si vamos a la cesación de pagos no le preocupa la falta de crédito externo. Muchos pensamos que el Ministro trabajaría con superávit fiscal, pero, todo lo contrario, pretende tener déficit fiscal y financiarlo con pesos.

En la Argentina nadie quiere tener un peso en el bolsillo, la desconfianza genera que el dólar Bolsa o MEP esté a un precio poca vez visto en el país. Si medimos a pesos de hoy el dólar promedio del año 2002, se ubica en menos de $100, mientras que los tipos de cambio implícitos superan holgadamente los $110. Esto es una muestra cabal de que la desconfianza es mucho más alta que la imaginada.

Sorprende que con un stock de deuda en pesos equivalente a casi la base monetaria de cara a los próximos 12 meses, sin financiamiento fluido en el mercado, y con pronósticos de una caída de actividad cercana al 8% del PBI, el Ministro esté convencido de financiar el déficit con bonos en pesos.

La triquiñuela pasa por emitir bonos en pesos y que los bancos adquieran estos títulos para financiar al Estado. Esto es grave, porque de esta forma las entidades pasarían a financiar al sector público en detrimento del sector privado. Sin embargo, la preocupación no termina aquí.

Los bancos que adquieran estos títulos públicos podrían utilizarlos como encajes en el sistema financiero. En la actualidad las entidades financieras constituyen encajes con dinero en efectivo, dólares o adquiriendo Leliq, cuyo producido queda en las arcas del Banco Central.

Bajo la nueva modalidad, los bancos constituirían encajes con bonos de un Estado fallido que está en cesación de pagos, y cuyo valor es dudoso en el mercado; se inyectarían pesos a la economía sin ningún tipo de respaldo y perderían garantía los depósitos en el sistema financiero.

Con este punto de vista podríamos calificar como un despropósito la idea de colocar un bono en pesos a los bancos, que no sería compulsivo, pero su aceptación sería vista con buenos ojos por el Banco Central. Recordemos que quien lo sugiere es ni más ni menos que el supervisor de los bancos.

No nos vamos a referir a las peleas políticas por la implementación de estas medidas, ya que confío en la independencia del Banco Central e imagino que las autoridades monetarias estarán convencidas de lo que realizan. De lo contrario, ojalá el mercado nos agarre confesados.

Conclusión

El experimento monetario de colocarle bonos a los bancos para financiar al Estado me parece una medida poco atinada en momentos que el sector privado necesita, más que nunca, financiamiento ante la caída de actividad económica.

Liberar encajes en pesos y colocar en su reemplazo bonos del gobierno nacional que está en cesación de pagos, no me parece que ofrezca garantías a la enorme masa de depositantes que llevan sus ahorros a las entidades financieras.

La mayor inyección de pesos en el mercado, lejos de ayudar al Tesoro Nacional que es el que busca financiamiento, puede terminar perjudicándolo, ya que es muy probable que esa masa de dinero fluya a convalidar subas de precios o aumentos del dólar.

Esa loca manía de querer pesificar o desdolarizar los ahorros de la población, va en contramano de lo que el mercado vota todos los días, acopiar dólares. Lo que digo se verifica en la cotización cotidiana del dólar Bolsa, “contado con liqui”, blue o la denominación que quiera utilizar.

Es probable que en el corto plazo el dólar descienda, si es que una serie de medidas intervienen la libre circulación de la divisa entre las carteras de los Fondos Común de Inversión (FCI), ya que se realizarán canales y diques de contención para que toda la liquidez se concentre en pesos, pero la naturaleza busca atajos, y tarde o temprano los ahorros vuelven al dólar.

El hornero del billete de $1.000 vuela en busca del billete verde; mientras dure la desconfianza la migración de pesos a dólares continuará. Los próximos capítulos lucen más atractivos y volátiles que los que ya hemos visto desde que este Gobierno llegó al poder.

(*) Analista financiero

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