Cuántos dólares genera la Argentina y por qué siempre faltan

Opiniones

Esta es una mirada integral sobre la mentada escasez de dólares. ¿El problema en Argentina es la balanza comercial?

¿Qué tan pocos dólares se generan en Argentina? La pregunta es pertinente dada la estrechez cambiaria que nos acecha (otra vez). Y la primera respuesta suele surgir de una visión parcializada: acudimos exageradamente a la balanza comercial de bienes para obtener dólares para las necesidades externas varias.

Pero los países que funcionan normalmente generan procesos de ingreso y salida de divisas múltiples. Que incluyen comercio internacional de bienes, comercio internacional de servicios, flujos por rentas y por transferencias internacionales, inversión extranjera directa, movimientos de capitales y operaciones financieras transfronterizos.

Mientras, Argentina padece disfuncionalidades que la hacen débil en muchos de estos movimientos y extremadamente dependiente de uno: la balanza comercial de bienes.

Debe decirse, pues, y en este marco, que nuestra balanza del comercio internacional de bienes está generando una cantidad de divisas nada despreciable. Pero los demás flujos de divisas generan saldo bien negativo. Una asimetría surgida de distintas distorsiones: brecha cambiaria, intervencionismo excesivo, restricciones a importaciones, gravámenes a exportaciones, entorno macroeconómico de muy baja competitividad e inestabilidad macroeconómica (todo desalienta movimientos externos más genuinos y funcionales).

Así, el problema en Argentina no es la balanza comercial. Y, por ende, tampoco las importaciones de bienes (que según “TheGlobalEconomy” equivalen apenas al 15,13% del PBI, siendo éste el menor registro en todos los países de Latinoamérica en 2021).

Mas bien, el problema es una débil relación económica externa sistémica.

El superávit comercial en la balanza de bienes en Argentina en los últimos tres años (según surge de comparar datos de Cepal), generó un ingreso neto (en el trieño, acumulado) de 57 mil millones de dólares. Se trata del segundo mayor superávit en Latinoamérica en ese tiempo considerando cifras absolutas. Solo Brasil acumuló un ingreso absoluto mayor (casi 110 mil millones), aunque debe ponderarse que Brasil logra un PBI que más que triplica al argentino.

Los demás mejores registros en el trieño (superávit acumulado) en la región son los de Chile (más de 36 mil millones) y México (algo más de 32 mil millones). Nadie, pues, (excepto Brasil) supera en la suma absoluta de los últimos tres años a Argentina -en el superávit acumulado de la balanza de bienes-.

Mas aun: si se compara el saldo promedio de los últimos tres años en los países de Latinoamérica con el PBI de esos países, Argentina obtiene uno de las mayores ratios (superávit promedio / PBI): 3.71%. Solo superado por el resultado de Uruguay (4,49%) y prácticamente equiparado por le de Chile (3,79%).

Al respecto, debe hacerse la salvedad de que, formalmente, un país logra una mayor relación entre el saldo comercial y el PBI en la región y es Venezuela; pero -tratándose de un país con enormes distorsiones por cotización de su moneda y limitaciones el comercio exterior, que además tiene en el petróleo sus ingresos por comercio exterior y ofrece datos sobre su PBI que organismos internacionales muchas veces no consideran-, se prefiere no comprarlo en la misma condición con el resto en este análisis.

En Latinoamérica toda la relación entre el promedio del saldo comercial en los últimos tres años (que para la región es superavitario) y el PBI -de la región- es 0,54% (muy inferior al de Argentina, que fue 3,71%).

Por ende, el problema no está en el saldo comercial.

En todo caso, el problema es más general: una debilidad en las relaciones económicas integrales con el resto del mundo. Por ejemplo: nuestra participación en el comercio internacional planetario de servicios en 2021 fue de apenas 0,15% (en el comercio de bienes, aun con debilidades, duplicamos esa ratio). Además, nuestra balanza de comercio de servicios es deficitaria.

Mientras, nuestro stock de inversión extranjera directa representa solo 0,22% del total mundial (unos 98.000 millones de dólares, una cifra absoluta inferior a las de México, Brasil, Chile, Colombia y Perú). A lo que hay que añadir nuestra marginalidad financiera que nos aleja de los mercados respectivos. Argentina fue (según el Banco Mundial) entre los países medidos en 2021, el de menor participación del comercio internacional de bienes en su producto bruto en nuestra región (28,7%, contra 49,3% en Latinoamérica).

Así, vivimos muy pendientes de esa balanza comercial (que en 2021 logró un superávit de más de 14.000 millones de dólares; pero que en el primer semestre de 2022 solo ha llegado a unos 3.000 millones, lo que hace suponer que el saldo favorable de este año será de la mitad del del año anterior). Pero esto ocurre mientras sumamos desincentivos que debilitan nuestra participación en el comercio internacional de bienes (0.3% del total mundial), que se redujo desde el inicio del siglo (era 0,4%) y es hoy muy inferior al de hace media centuria (casi 0,8%).

Para enfrentar las dificultades cambiarias, la mirada, pues, debería posarse en lo sistémico y no solo en un par de saldos.

Especialista en negocios internacionales. Presidente de la International Chambero of Commerce (ICC) en Argentina.

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