Zafar del descenso para volver a crecer

Opiniones

El fantasma del descenso parece ser uno de los peores castigos para cualquier hincha de un club. Así lo está viviendo la hinchada de Gimnasia y Esgrima de La Plata que se acerca al temido escenario de perder su categoría. Como respuesta, el club platense ha decidido contratar al mejor jugador del mundo como entrenador para intentar revertir la situación. Pero los tiempos apremian y es poco el margen que tienen los técnicos que se ponen al frente de un plantel en estas circunstancias.

De un modo similar pareciera operar la deuda externa y el fantasma del default para la Argentina, que periódicamente se encuentra acorralada frente a las presiones de la economía real, los acreedores privados y los organismos internacionales.

Así es como asume el gobierno de Alberto Fernández. Con una ola de vencimientos a la vuelta de la esquina y un default virtual en curso, la gestión comienza sin el período de gracia con el que suelen contar los nuevos mandatarios; y con la deuda como protagonista de la agenda pública. Y no es de extrañar: el stock de deuda neta estimado a diciembre 2019 es de casi USD 200.000 millones y este año enfrenta vencimientos en moneda extranjera por más de USD 20.000 millones, cifra que hoy está muy por fuera de las posibilidades de pago de la Argentina.

Paso a paso el país empieza a jugar los partidos que pueden determinar el futuro de la economía. Pero a diferencia de la liga local, Argentina juega con(tra) el Fondo Monetario Internacional, un actor con la misma capacidad de influir en el resultado de la contienda como el VAR.

Esto no se debe a que el FMI sea el principal acreedor de la deuda argentina (ni siquiera lo son los organismos internacionales en su conjunto), sino que responde a su capacidad de condicionar la política económica, hacer valoraciones sobre las negociaciones e incluso solicitar acciones a los acreedores privados, entre otras atribuciones.

En este último tiempo pareciera que los dictámenes del Fondo están siendo relativamente favorables para la Argentina. En el comunicado publicado el 19 de febrero, el organismo señaló que la deuda no es sostenible con el esquema de vencimientos previsto, dado que no están dadas las condiciones económicas ni políticas para realizar el ajuste que permitiría contar con el superávit primario necesario para hacer frente a estas obligaciones. Muy alineado con la posición de Guzmán en el congreso cuando aseveró que “no hay peor alternativa que la austeridad fiscal en un contexto de crisis”.

El partido recién empieza y la Argentina ya entró en calor. La estrategia para el primer tiempo (que durará hasta que se presente la propuesta integral sobre todos los instrumentos) pareciera involucrar un esquema de cumplimiento con los organismos internacionales y mantenerse al día con los vencimientos de bonos en moneda local y extranjera, más allá de la negociación fallida con los tenedores del AF20 y el nuevo reperfilamiento de las letes en dólares. Pero para el segundo tiempo, hará falta un segundo aire: sin reservas suficientes para seguir pagando y con la mitad de la deuda con legislación extranjera, evitar el default implicará llegar a un acuerdo con los bonistas para conseguir las mayorías establecidas en las cláusulas de acción colectiva que permitan un canje exitoso.

Sin embargo, las victorias que puedan lograrse en este tramo son solo condiciones necesarias para resurgir. Como todo club que pelea el descenso, mantener la categoría es el primer paso. El verdadero desafío es llegar a ver El Bosque y retomar un sendero de crecimiento que permita lo que, en definitiva, es la principal misión de cualquier gobierno: mejorar la calidad de vida de la población.

Así es que la Argentina debe resolver en el corto plazo esta contienda para encarar la verdadera agenda que hace grande a un país. Generar los dólares necesarios para crecer, dinamizar la actividad, aumentar el empleo y reducir la pobreza y la indigencia, son los trofeos que la vitrina nacional necesita.

Solo así se podrá erradicar de un modo sostenible el fantasma del default. El ministro quizás no pueda hacer nada por Gimnasia pero su equipo económico todavía está en partido.

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