Microfinanzas para la inclusión social

Opiniones

Hay que capacitar a las personas en el buen uso de las herramientas financieras, evitando el sobre-endeudamiento y dándoles herramientas de planificación del presupuesto familiar.

Hace ya varios años que el mundo comprendió que las personas que viven en situación de pobreza no deben ser vistos como parte del problema, sino que deben ser incluidos como parte central de las soluciones que se proponen. Y que en lugar de considerarlos solamente como sujetos de las políticas sociales, pueden y deben ser protagonistas centrales de la transformación de su realidad y de la de sus comunidades.

El desarrollo del microcrédito y las enormes innovaciones en materia de empresas sociales que generó el Profesor Yunus en Bangladesh a través de su organización Grameen (y que le valieron el premio nobel de la paz en 2006) abrieron el camino a una nueva forma de inclusión social; donde la economía de los sectores que viven en la pobreza es reconocida, valorada y acompañada, en lugar de ser considerada algo marginal, informal o fuera del sistema.

Porque la persona que recibe un microcrédito para potenciar su pequeño proyecto productivo, es por definición protagonista de su historia; ella o él (la mayoría son mujeres aquí y en todo el mundo) deja de considerarse simplemente alguien que “no puede acceder a un banco” sino que pasa a ser alguien que sí puede salir adelante, y que tiene una oportunidad de recibir dinero pero a la vez un compromiso de devolución. Hay un ida y vuelta, hay una responsabilidad, pero aún más importante, hay una enorme dignidad en avanzar con el fruto de tu trabajo y devolver lo que te dieron, literalmente “no deberle nada a nadie”. Quienes cotidianamente hace muchos años conversamos con los emprendedores de la Economía Social, sentimos el enorme orgullo que estas personas sienten cuando hablan de su proyecto, y de como el microcrédito los ayudó a salir adelante. Son historias de superación, de avance, de esfuerzo y de verdadero empoderamiento.

Desde el gobierno nacional, en estos 4 años, hemos potenciado a través de la Comisión Nacional de Microcrédito (Conami), el trabajo de más de 150 entidades de microcrédito que trabajan muy seriamente en este tema y hemos financiado a través de ellos el otorgamiento de más de 100 mil microcréditos en todo el país, con fondos específicos adecuados a cada realidad local. Con mucho seguimiento y control, para asegurar el recupero de esos fondos y que no se confunda crédito con subsidio.

Sin dudas falta aún mucho por hacer, pero hemos logrado importantes avances. Las entidades se han fortalecido, y los emprendedores recibido el apoyo que requerían, pero además hemos incorporado una línea nueva de crédito para grupos asociativos y cooperativas (Mesocrédito).

Adicionalmente, como entendemos que el crédito es necesario pero no suficiente, lanzamos una línea de Educación Financiera, en el marco de un acuerdo con la OIT mediante el cual adaptamos y tradujimos a la realidad argentina un material muy exitoso que este organismo había ya aplicado en más de 20 países emergentes. El objetivo es capacitar a las personas en el buen uso de las herramientas financieras, evitando el sobre-endeudamiento y dándoles herramientas de planificación del presupuesto familiar.

(*) Coordinador del Programa de Microcrédito del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y jurado del Premio Propulsar

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