“No fue fácil que te aceptaran en el colegio”, me dice mi mamá sobre lo que vivió hace más de 30 años, cuando hablar sobre temáticas de discapacidad era nulo o muy poco frecuente. En este momento las familias se encuentran imaginando y planificando el regreso a la escolaridad de niños y niñas. Sin embargo, son muchos los padres y las madres de niños con discapacidad que aún se ahogan en la incertidumbre frente al desafío de comenzar el ciclo lectivo. “Cómo será su ingreso? Podrá adaptarse? Lo ayudarán?”, se preguntan. Y otros que lamentablemente no han podido asegurar una vacante para este año debido al fuerte rechazo y a la exclusión que todavía persisten.
Vuelta a clases: cómo apostar a una educación inclusiva
La educación inclusiva es una de las más grandes deudas históricas que tenemos como sociedad en el ámbito educativo. ¿Qué se puede hacer para revertirlo?
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La educación inclusiva es una de las más grandes deudas históricas que tenemos como sociedad en el ámbito educativo. Todavía vinculada a la “educación especial”, la inclusión escolar se encuentra permanentemente sujeta a un modelo de la discapacidad que focaliza en el déficit de la persona y su “corrección o rehabilitación” en detrimento de las fortalezas y capacidades del alumno/a. En este sentido, resulta necesario y fundamental encaminarnos hacia una perspectiva que entienda a la discapacidad como parte de la diversidad ya que de esta manera podremos generar y construir relaciones más empáticas, afines a la convivencia y con igualdad de oportunidades para todas las personas.
Por otro lado, la educación no es un privilegio sino un derecho. Así lo afirma el artículo 24 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad la cual también obliga a los Estados partes a respetar, proteger y garantizar la educación inclusiva y de calidad para todas las personas sin distinción. Esto implica ofrecer los ajustes y apoyos necesarios, atender las singularidades y necesidades del alumnado, que no es de ningún modo “especial” sino que solamente requiere de diferentes y particulares formas de abordarlo.
Al mismo tiempo, deberemos ser capaces de eliminar etiquetas (“no puede”, “no va a llegar”, “no le da”), asumir sus ritmos y tiempos mientras que facilitamos la convivencia con otros niños a través de diferentes propuestas y actividades para eliminar toda forma de violencia y para que todos puedan aprender y desarrollarse en igualdad de condiciones. En este marco, será el ámbito educativo el que deberá adaptar el entorno al alumno con discapacidad con acompañamiento, y no al revés, para que el sistema educativo verdaderamente aloje a la persona con discapacidad más allá de la vacante asignada.
Formación y capacitación, políticas educativas desde el Estado, el trabajo en equipo y en colaboración con las familias y profesionales, voluntad o predisposición para abrazar la diversidad y despojarse de prejuicios, son cuestiones vitales a la hora de pensar en una educación inclusiva que realmente pueda apostar a la convivencia y darle la bienvenida a todas las personas sin importar su condición. Una educación que nos permitirá evolucionar, aprender y por eso nos hará, sin duda, mejores como sociedad.
Influencer en temas de inclusión y discapacidad IG: @shinebrightamc




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