23 de noviembre 2006 - 00:00

El crecimiento, al servicio del renacer urbano

Hace unos días fui invitado a Guayaquil para participar del VIII Congreso Iberoamericano de Municipalistas y exponer acerca del crecimiento argentino y su impacto en nuestras ciudades. En esa visita, como en las que vengo manteniendo en otras partes del mundo, y en las reuniones en que he podido participar con intendentes, alcaldes o gobernadores de diversos países, compruebo la necesidad de afrontar el gran desafío de trabajar con planes estratégicos, ordenados y profundos, para mejorar radicalmente las condiciones de vida de todos los ciudadanos. Guayaquil es un ejemplo concreto de ello y lo ha demostrado recuperando el esplendor que había perdido por mucho tiempo. Su alcalde, Jaime Nebot, manifiesta que la ciudad, a raíz de este proceso de modernización y cambio, ha recibido ingresos como nunca antes por el turismo. Este nuevo escenario les ha permitido poner en marcha planes de inclusión social que fueron recuperando a muchos ciudadanos de la marginalidad y el desempleo. Y particularmente del flagelo de la droga, especialmente de las más económicas y dañinas, que provocan tantas muertes en Latinoamérica. Los resultados obtenidos se corresponden con el aumento de la inversión en educación y la orientación de los recursos fiscales a las necesidades más urgentes de la población. Por eso impulsan colegios técnicos y de oficios que dan una salida profesional cualificada, indispensable para el crecimiento familiar y la generación de nuevas oportunidades de progreso. Este incremento en el nivel de instrucción ejerce su influencia más allá de lo individual, para traducirse en conductas sociales positivas: arreglo y cuidado de los parques, preservación de los monumentos históricos, limpieza y mantenimiento de las veredas y frentes edilicios, etc. Los vecinos de Guayaquil son los verdaderos protagonistas del cambio, defendiendo y mejorando día a día el patrimonio común.

Semanas atrás, en Pekín, me mostraron la importancia de pensar las grandes urbes comenzando por la infraestructura -suministro de agua, desagües, fibra óptica, gas, luz, etc.- para impulsar la construcción edilicia de manera inteligente. El crecimiento hacia arriba exige la correspondiente expansión por debajo y el interés por los espacios aledaños.

  • Ejemplos

  • La Argentina presenta numerosos ejemplos de gestiones municipales exitosas, que confirman la relevancia estratégica de aprovechar con planificación urbana el excelente contexto nacional de cuatro años de crecimiento del PBI a 9%. Expuse en Guayaquil distintas experiencias locales que conozco de manera muy cercana. Tandil es una de ellas. Con la expansión de su Polo Tecnológico y la consolidación de su universidad como centro de innovación e investigación ha generado nuevas oportunidades de negocios y estudios estimulando la radicación de muchos jóvenes de otras localidades deseosos de poner en marcha sus proyectos y expectativas. Otro caso que detallé fue el de Rosario. Allí han sabido acompañar con infraestructura y una activa política social el auge de la construcción y las ventajas que le reporta su condición portuaria en el contexto del auge de las exportaciones. La consolidación de Bariloche como punto de atracción turística nacional e internacional a partir de una intensa e inteligente promoción y la puesta en valor de sus atractivos naturales y culturales concentró particularmente la atención de los alcaldes iberoamericanos. Lo mismo sucedió con la evolución de la santafesina Rafaela, modelo de reindustrialización orientada al exterior y de ampliación de la oferta académica universitaria para calificar y especializar paralelamente a su mano de obra.

    Como porteño, creo en la posibilidad de avanzar rápidamente hacia una Buenos Aires que se respalde en los estudios de oficios y de humanidades, junto a los de las ciencias duras, para consolidar la nueva matriz productiva nacional con las herramientas de la sociedad del conocimiento. La Capital de todos los argentinos, vidriera de la República, puede y debe realizarlo porque cuenta con los recursos físicos e intelectuales necesarios.

    Nuestra Ciudad requiere una propuesta moderna de desarrollo urbano a partir de la sinergia entre un sector privado que actúe con responsabilidad social, un Estado inteligente que gerencie el cambio a partir de una administración de calidad en los servicios públicos y un sistema educativo de excelencia que incremente sustancialmente nuestro enorme capital social.

    Desde cada barrio podemos poner en valor el dinamismo de nuestras industrias culturales, turísticas y deportivas, nuestra originalidad en materia de diseño, la rica vida comercial y financiera, y la vitalidad de las pymes y los numerosos microemprendimientos que son motorizados, en la mayoría de los casos, por jóvenes creativos ansiosos de materializar sus proyectos.

    La equidad será una realidad si trabajamos con planes estratégicos que fomenten la infraestructura básica, el despliegue racional del transporte, el respeto por el medio ambiente, el reordenamiento del mobiliario urbano, el equilibrio entre las nuevas edificaciones y la calidad de vida y los demás elementos que hacen al bienestar de los vecinos de Buenos Aires.

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