La controversia en torno a la boxeadora olímpica Imane Khelif ha desatado un intenso debate sobre los valores del Olimpismo y la igualdad en el deporte. Este caso pone a prueba los límites de la excelencia, la amistad y el respeto que defiende el Comité Olímpico Internacional. ¿Está el mundo del deporte preparado para enfrentar estos nuevos desafíos sin perder su esencia?
El futuro del olimpismo: ¿pueden la excelencia, la amistad y el respeto adaptarse a nuevos desafíos?
Estoy asombrada sobre el debate que se abrió con la boxeadora olímpica Imane Khelif. Como periodista deportivo que soy, me parece interesante hacer un pequeño análisis.
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Estoy asombrada sobre el debate que se abrió con la boxeadora olímpica Imane Khelif. Las noticias del mundo del deporte se centraron en este tema y, como periodista deportivo que soy, me parece interesante hacer un pequeño análisis.
En primer lugar, hay que destacar que en Argelia es ilegal el cambio de género, es decir que se entiende que es y nació mujer. Ahora bien, genéticamente, posee altos niveles de testosterona y su condición se da en una de cada cien mil personas. Es decir que para que compita con alguien que posea esta condición en un 100% de igualdad, las posibilidades son bastante escasas si, además consideramos que el boxeo es por categoría de peso.
Por otro lado, el Comité Olímpico Internacional, mide los niveles de testosterona de las competidoras para evitar que un doping genere una ventaja deportiva. Es lo mismo que la efedrina, que tanto recordamos los argentinos, un broncodilatador o cualquier sustancia que mejore las condiciones de un competidor y que haga que pueda sacar ventaja durante una competencia.
Dicho esto, y entendiendo los valores del Olimpismo (no solo como periodista sino por haber pasado por la Academia Olímpica organizada por el Comité Olímpico Argentino) creo que es interesante explorar estos casos.
Si bien el COI emitió un comunicado que comienza con la prosa "cada persona tiene el derecho de practicar deporte sin discriminación", con el que vamos a estar todos de acuerdo y existe un mecanismo (el del antidopping) para verificar los valores de testosterona, voy un paso más allá y pienso en el futuro del deporte.
Cuando me recibí de periodista deportivo, en 2008, no teníamos ley de género (se dictó en 2012). Sin embargo, diez años después, el Censo Nacional de 2022 dejó como dato que en el país tenemos una población de 196.956 personas que no se identifican con el sexo registrado al nacer lo que representa un 0,4% de la población total.
Contamos con una población donde 72.510 personas se identificaron como varones trans , 60.679 como mujeres trans o travestis, 37.330 como personas no binarias y 26.437 eligieron la opción “otra o ninguna de las anteriores”. Si bien, estadísticamente, el número puede parecer bajo, me pregunto: ¿Cuánto puede faltar para que en nuestras competiciones nacionales se dé un caso con alguna similitud a la argelina en los Juegos Olímpicos?
No sé exactamente en dónde desembocará esta situación ni si veremos una escena repetida al momento de ver a Lin Yu-ting, la boxeadora taiwanesa transexual. Lo que sí, puedo decir es que tenemos que reflexionar porque los valores del olimpismo son la excelencia, la amistad y el respeto. El no saludo final entre Khelif con su rival italiana Angela Carini, probablemente por la impotencia que sintió, es la muestra de que hay algo que no está bien aunque la argelina sea una mujer.
Vale destacar que tanto Khelif como Yu-Ting, no superaron las pruebas de elegibilidad de género en otros campeonatos mundiales realizados en 2023 pero sí, están participando en los Juegos Olímpicos de París, ya que el Comité Olímpico Internacional las reconoció como mujeres. Entonces tendremos que evaluar, también, cómo igualar las condiciones deportivas con identidad de género en el deporte, más que nada, para que nadie saque ventaja ni salga lastimado
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