La promesa de que los años venideros serán los mejores continúa corriéndose en el tiempo. En abril de este año el ministro Luis Caputo afirmó: “los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”. En su intervención en el “Argentina Week” de París 2026, el presidente Javier Milei señaló: “si nuestro gobierno es reelecto en 2027, 2028 será el mejor año económico de nuestra historia”, mientras que en otro momento del mismo evento expresó que recién en 20 años se tendrían niveles como los de los países desarrollados.
Una vez más se hace alusión a la idea de que hay que “aguantar” las consecuencias de las políticas actuales y de la supuesta “herencia” y esperar un “futuro venturoso”.
Pero las proyecciones y los datos macroeconómicos no parecen acompañar las optimistas promesas del Presidente.
El propio JP Morgan, luego de haber estimado un crecimiento del 2,7% para Argentina en 2026, lo redujo sólo unos días después al 1,5% tras conocerse el EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica) del mes de julio, con una variación mensual negativa del 2,9%. El JP Morgan proyecta una contracción del 1% para el tercer trimestre del año, luego de la caída del 0,6% que se registró en el segundo trimestre. Una dinámica más cercana a una recesión que a una economía en crecimiento.
El FMI, por su parte, alertó acerca de algunas de las consecuencias del modelo. Según las declaraciones de la vocera del organismo, Julie Kozack, “el trabajo para reforzar la resiliencia argentina tiene que continuar”, un eufemismo para indicar que persista el ajuste, aunque también hace un llamado a “asegurar que ese crecimiento que hasta ahora ha estado en los sectores de agricultura, energía y minería se amplíe y se distribuya en todos los sectores de la economía y también entre los trabajadores”. Frases que implican una contradicción, ya que de continuar el actual modelo, difícilmente los beneficios de la riqueza concentrada puedan “derramarse” a la mayoría de la población.
Por otro lado, en materia monetaria y cambiaria, Milei señaló que el gobierno tiene una “bazuca de dólares”, mientras que unos días antes había acuñado la frase: “A la Argentina, los dólares le salen por las orejas”. La realidad es que, si bien las compras realizadas por el BCRA durante los primeros ocho meses del año totalizaron más de u$s14.000 millones, las Reservas Internacionales se incrementaron en aproximadamente la mitad de dicho valor en el mismo lapso.
Un breve análisis sobre la situación descripta da cuenta de que existe una fuente de salida de divisas muy caudalosa que es la compra de dólares para atesoramiento por parte del sector privado (acumuló alrededor de u$s18.800 millones de enero hasta agosto de este año). A lo cual se suma, aunque en menor proporción, el giro de utilidades y dividendos de empresas (u$s3.800 millones). Es decir, las fuentes principales de egresos financieros de divisas provienen del progresivo desmantelamiento de los controles cambiarios efectuados a partir de diciembre de 2023.
Además, en 2027 vencen alrededor de u$s28.000 millones de capital e intereses de la deuda en moneda extranjera. En particular, los pagos al FMI por estos conceptos totalizarán u$s4.286 millones en 2026 y u$s7.470 millones para 2027.
Los fuertes egresos mencionados hacen pensar en cómo, igualmente, las Reservas Internacionales han crecido en cerca de u$s7.200 millones entre el inicio de este año y fin de agosto. Sucede que en ese período hubo endeudamiento por parte de empresas (emisión de Obligaciones Negociables en dólares) y de títulos provinciales también en dicha moneda, por u$s13.000 millones: una deuda que irá venciendo, y en algún momento habrá que pagar, es decir, no resulta un ingreso genuino de divisas, como, por ejemplo, lo es el superávit comercial, que este año ha sido especialmente elevado.
Más que dólares por las orejas o “bazuca”, lo que no para de salir son las riquezas y las divisas con dirección al exterior. Esta situación comentada pone límites a la acumulación de Reservas, lo que incrementa la incertidumbre respecto a las posibilidades de cumplir con los compromisos de deuda futuros, entre otras vulnerabilidades del modelo.
Hablando de vulnerabilidades del modelo, preocupa el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que habilitó la venta de tierras sin límites a extranjeros al dejar vigente el DNU 70/23. A ello se suma la orientación hacia determinados negocios y actividades que persigue el Gobierno. En su intervención en el Coloquio de IDEA, Milei comentó: “Nos queremos convertir en un hub (herramienta de posicionamiento, innovación y centralización de recursos clave) de Inteligencia Artificial”, una actividad que por cierto derramará muy poco en la economía argentina.
La realidad cotidiana de las mayorías empeora día a día en nuestro país. Los niveles de pobreza suben, al tiempo que bajan el consumo y las ventas. Cierran empresas, comercios y aumenta la desocupación y el trabajo informal.
Los discursos alejados de la realidad no hacen más que prometer futuros venturosos que nunca llegan. El problema es el modelo y por ello es importante difundir este análisis entre la ciudadanía, especialmente con vistas al acto eleccionario del año próximo.
Presidente Partido Solidario