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15 de julio 2008 - 00:00

"El gobierno de EE.UU. debe ser más audaz"

El periodista dialoga con el especialista en mercados internacionales, personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street». Indica que el Congreso estadounidense aprobará la participación accionaria del Tesoro en cualquiera de las agencias hipotecarias para que no cierren. Advirtió que el gobierno de EE.UU. «deberá hacer cosas peores y más audaces más adelante».

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PERIODISTA: El golpe de efecto no se sostuvo. Se suponía que los mercados iban a rebotar después de los anuncios del Tesoro y de la Fed en apoyo a Fannie Mae y Freddie Mac.

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Gordon Gekko: No funcionó.

P.: ¿Los inversores ya no confían en la palabra oficial?

G.G.: Nadie dudó nunca sobre el compromiso de las autoridades. Los anuncios ratificaron lo que se intuía. No se le puede desconectar el suministro de oxígeno al libro de negocios de ambas agencias, simplemente porque el mercado inmobiliario se desplomaría. Pero también porque desataría una crisis cambiaria.

P.: ¿Cuál es el nexo?

G.G.: Los títulos de agencia son activos internacionales con fuerte demanda tanto del sector privado como de bancos centrales. Poner en riesgo la percepción de su calidad de crédito, sería lanzar un misil al corazón del dólar.

P.: Ese peligro parece haberse neutralizado. La respuesta de la divisa fue alentadora.

G.G.: El tiempo lo dirá. Esto no se resuelve en un día.

P.: Fuera del mercado de cambios, la reacción no es promisoria.

G.G.: El problema es que la tormenta recrudece y el paraguas oficial no alcanza. La inquietud se centra en la suerte de los que tienen el agua a la cintura y se siguen empapando.

P.: Los accionistas privados de las agencias permanecen a la intemperie. Después de la experiencia fallida de Indy-Mac, cualquiera pondría sus barbas en remojo.

G.G.: Con los índices de acciones bancarias cayendo en picada (a los niveles de 1997), con mercados de capitales semiparalizados, tener que buscar capital fresco (aunque sea una cantidad módica) es pasar bajo las horcas caudinas. La demolición de las cotizaciones de Fannie Mae y Freddie Mac contribuyó, la semana pasada, a poner la lupa sobre esta realidad. Y nada de lo que promete el Tesoro ni la Fed habilita un puente de plata para sortear rápido la encrucijada.

P.: El Tesoro solicitará autorización al Congreso para tomar participación accionaria en cualquiera de las agencias si ello resultase necesario para que prosigan en funciones. ¿No abre una hendija?

G.G.: Sí, aunque su verdadero alcance dependerá de la instrumentación. La idea, en principio, no es la ampliación del capital ordinario sino la suscripción de acciones preferentes. Habrá que examinar los términos para ver hasta dónde ayuda.

P.: ¿Piensa que el Congreso lo aprobará?

G.G.: Seguro.

P.: ¿En plenos tiempos electorales?

G.G.: No veo oposición. Y sí mucho interés por evitar que las agencias naufraguen.

P.: ¿Y se ejecutará? ¿Desembarcará el Tesoro de modo formal en el capital de las agencias?

G.G.: De movida recuerde que prestarle a un sujeto insolvente es, en los hechos, una inversión accionaria (de «equity»). Tratará de evitarlo pero lo hará. Y deberá hacer cosas peores y más audaces más adelante.

P.: Uno de los rasgos distintivos de la rueda es que la sensibilidad viró de las agencias a los bancos regionales. Si uno mira las cotizaciones, observa caídas de dos dígitos en un espectro amplio de instituciones como National City o M&T Bank. ¿Qué está pasando?

G.G.: Anótelo en la cuenta de IndyMac. Es una consecuencia directa de su derrape.

P.: Se refiere al banco hipotecario que colapsó el fin de semana y que ahora opera bajo la égida de la FDIC, la corporación federal que administra el seguro de los depósitos.

G.G.: Tal cual. Su debacle absorberá, de un plumazo, más de 10% del fondo de cobertura. Tal vez, 15%.

P.: Después de pagarles a los depositantes garantizados.

G.G.: Correcto.

P.: IndyMac sucumbió ante una corrida.

G.G.: Una vez que fracasó en su intento de conseguir un capitalista de última hora.

P.: ¿Piensa que es el primer caso de una nueva tendencia?

G.G.: No era la única institución en tribulaciones.

P.: Ayer se interrumpió la cotización de National City para que la entidad desmintiera la existencia de una huida de depositantes. No suena muy alentador (aunque el precio de la acción repuntó después del anuncio).

G.G.: La sensibilidad cambió. Lo mismo tuvo que negar Washington Mutual (la mayor compañía de ahorro y préstamo). WaMu cayó 33%. National City 14%. Zions Bancorporation, 20%. New Horizon, 22%.

P.: Fue una masacre. La estabilidad de los depósitos era un pilar hasta hace muy poco.

G.G.: Junio cerró con 600 mil millones de dólares más que un año atrás para el sistema de banca comercial en su conjunto. Aunque hubo un declive importante en la primera semana de julio.

P.: La situación se complica. No habrá paraguas ni cobija que alcance para cubrir tantos frentes.

G.G.: Son síntomas diversos de una misma enfermedad: el derrumbe de los precios de la vivienda y los trastornos de cobranza. Más tarde o más temprano, habrá que instalar el torniquete allí. Me imagino que veremos a Bernanke y a la Fed trabajando, otra vez, a destajo, como en marzo. Pero como sucedió con las otras crisis inmobiliarias de envergadura, el Tesoro deberá ocuparse. Ya el viernes, el Senado pasó, por fin, el proyecto de los legisladores Dodd y Frank para potenciar el rol de la Administración Federal de Vivienda. La iniciativa apunta a facilitar la reestructuración de préstamos subprime y su reemplazo por hipotecas a tasas más bajas con el ánimo de evitar ejecuciones masivas. Es un presupuesto de 300 mil millones de dólares.

P.: ¿Alcanzará?

G.G.:
No creo, pero marca una dirección. El camino, en definitiva, es el mismo que obligó a concretar la Resolution Trust Corporation de 1989 cuando la crisis de las compañías de ahorro y préstamo para la vivienda.

P.: Un vertedero de activos inmobiliarios donde se pueda descargar la basura tóxica. Con cargo al contribuyente.

G.G.: Creo que ya lo conversamos en noviembre o diciembre cuando la crisis estaba en pañales. Con el sistema financiero operando en modo picadillo de carne, luce, es obvio, como un escenario muchísimo más probable.

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