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21 de enero 2008 - 00:00

El plan de Bush va en el buen camino

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El viernes el presidente George W. Bush, tal como se preveía, informó que a la brevedad enviaría al Congreso un «ambicioso» plan impositivo para incentivar el crecimiento y, de esta manera, enfrentar la ya evidente disminución del ritmo de actividad económica. El argumento básico del presidente para impulsar el paquete en cuestión es que, si bien la economía presenta sólidos fundamentos, la «crisis inmobiliaria» y de «credit crunch» -sumadas a intensas presiones inflacionarias- están dando lugar a una clara desaceleración de la economía; existiendo, incluso, riesgos de una recesión.

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En cuanto al paquete en sí, el mismo contempla incentivos fiscales por aproximadamente u$s 145.000 millones (1% del PBI). De acuerdo a las recomendaciones de Ben Bernanke, presidente de la Fed, y de Henry Paulson, secretario del Tesoro, el plan tendrá las siguientes características: deberá ser lo suficientemente sólido como para tener efectos significativos en una economía con el tamaño y la dinámica de la de EE.UU.; se basará en una reducción de impuestos y no en un aumento del gasto público y, finalmente, será temporario con un claro y definido período de vigencia. Otro elemento importante a considerar, máxime teniendo en cuenta la actual mayoría demócrata en el Congreso, es la necesidad de una rápida aprobación legislativa, so pena que su implementación sea tardía y, consecuentemente, poco efectiva. Por último, el presidente solicitará también la prórroga de las fuertes rebajas impositivasque se implementaron durante la recesiónde 2002 y que, en principio, finalizaban en 2010.

La concepción del plan es correcta. En efecto, ante la presencia de una clara disminución en el ritmo de crecimiento, su objetivo es impulsar el consumo privado y el nivel de inversión corporativa. En el caso del consumo se contemplan rápidos reintegros en efectivo, mientras que en el sector empresario se permitirán importantes deducciones de los montos destinados a inversión en activos fijos.

Sin embargo, el impacto final del mismo es incierto y necesariamente deberá ir acompañado por una profundización de las actuales medidas de política monetaria, esto es: mayores inyecciones de liquidez y bajas adicionales de las tasas de interés. A este respecto, estimamos que la Fed -en su próxima reunión de fines de este mes- efectuará una reducción no menor a 50 puntos básicos en su tasa de referencia (actualmente en 4.25%); no debiendo descartarse, asimismo, una anticipación en el anuncio de tal medida.

Por último debe aclararse que, con este paquete adicional de medidas fiscales, prácticamente ya se ha hecho uso de la totalidad de las herramientas básicas para detener el enfriamiento de la economía. En última instancia, el impacto de las mismas estará en función de la reacción de los consumidores, las corporaciones y los mercados financieros. La alternativa es clara: o se detiene gradualmente la desaceleración o, a medida que pase el tiempo sin que se logre tal objetivo, cada vez ¡se estará más cerca de la tan temida recesión!

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