30 de noviembre 2005 - 00:00

El Presidente ensaya la "teoría del caos"

¿Cuál es la diferencia sustancial entre una tasa de inflación anual de 11% y una de 12%? ¿Cuál es el cambio estructural en la economía de un país si el índice de inflación de un mes determinado es 0,9% o es 1%? En estricto sentido técnico no hay diferencia por la existencia de un «punto»; sin embargo, en sentido político ello puede resultar significativamente grave por lo que simboliza si tal diferencia marca una « tendencia». Esto quiere decir que si ese «punto» de diferencia resulta indicativo de que las metas fijadas por el gobierno no pueden ser cumplidas, que el fenómeno de la inflación es algo que está escapando a su control y que las diversas medidas ensayadas no resultan hábiles para detener el alza inflacionaria ni para revertir la tendencia, el «punto» tiene trascendencia política.

Hace algún tiempo -pero especialmente a partir de la última elección- que el presidente Néstor Kirchner ha advertido muy claramente dos cosas. La primera de ellas es que, en razón del crecimiento del peso relativo del Estado en la actividad económica y la ausencia absoluta de una oposición estructurada y homogénea que importe la conformación de una posible y próxima alternativa de poder -sumado ello al desmembramiento formal del Partido Justicialista- se encuentra en condiciones inmejorables -como ningún otro gobernante anterior salvo Perón- de poder intentar conformar y liderar un «Tercer Movimiento Histórico» con su nombre, ansiado antes por muchos y nunca, hasta ahora, conseguido. La segunda es que si el declamado «éxito económico» del crecimiento de los últimos dos años y la «recuperación de la crisis» no pueden mantenerse en el tiempo y la inflación vuelve al escenario nacional, sus sueños se esfumarán del mismo modo en que se les esfumaron a tantos otros. La inflación es un enemigo mortal para las aspiraciones de continuidad política.

Lo cierto es que la inflación ya ha asomado con intenciones de quedarse entre nosotros en niveles significativos no menores que dos dígitos anuales, al menos por este año y el que viene. No es menos cierto que el gobierno tiene que hacer algo urgente al respecto, aunque quizá todavía no tenga claro qué, y si lo tiene claro a lo mejor no está dispuesto a pagar aún el precio político que ocasionarían sus decisiones.

Por cualquiera de estas dos razones, el Presidente necesita tiempo para intentar resolver este dilema y buscar los caminos menos traumáticos para ello. Pero para poder actuar necesitaba una excusa que le permitiera justificar la creación de este tiempo de «cambio de aire»; y esa excusa la encontró -o la inventó- en oportunidad de la reunión de empresarios en el Coloquio de IDEA.

• Transferencias

La primera necesidad del Presidente era «despegarse» personalmente, por el momento, de cualquier responsabilidad respecto del problema de la inflación, de modo de que no le pudiera ser imputada directamente y, para ello, nada mejor que encontrar otros culpables en el sector público y en el privado, transfiriendo responsabilidades.

En el sector privado imputó la responsabilidad en forma principal a los supermercadistas -ya que donde pega más fuertemente el fenómeno inflacionario es en los productos de la canasta familiar cuya comercialización primariamente se lleva adelante en las góndolas- y subsidiariamente a todos los empresarios. Así fue que «construyó» deliberadamente este foco de conflicto donde no existía.

Curiosamente, hasta las declaraciones presidenciales del pasado jueves, el Coloquio de IDEA parecía casi una reunión pro gobierno, cuando de repente, y en forma absolutamente imprevista, el huracán gubernamental azotó la reunión sobre la base de un supuesto «punto» de diferencia en la estimación de la tasa de inflación anual, excusa meramente baladí, castigando la reunión con la imposición de una « barrera sanitaria» de concurrencia de funcionarios nacionales y provinciales, y la sanción «moral» a las dos figuras principales del encuentro, incluyendo al propio presidente del coloquio.

En el sector público, la transferencia de responsabilidades se efectuó imputando -indirectamente- falta de creatividad y eficiencia en este campo al ex ministro de Economía Lavagna, quien -seguramente conociendo las derivaciones de este pensamiento presidencial- tomó la iniciativa de saltar la «barrera sanitaria» para provocar su propia expulsión del gabinete nacional, preservando su imagen antes de tener que ingresar en la zona crítica de los índices inflacionarios. De este modo podía llevarse limpiamente los trofeos obtenidos en su gestión: a) la reorganización del desajuste provocado por las breve administración Rodríguez Saá y las trágicas intervenciones de De Mendiguren y Remes Lenicov, b) la construcción de un crecimiento económico récord después de la aguda crisis, c) la espera otorgada por los organismos multilaterales de crédito, y c) el éxito obtenido en la reestructuración de la deuda externa privada, todo lo cual lo coloca con un alto grado de respeto y reconocimiento en la sociedad.

• Insuficiente

Pero con sólo trasladar momentáneamente las responsabilidades respecto del resurgimiento de la inflación no era suficiente. El Presidente tenía que encontrar soluciones a los problemas de fondo y las soluciones, por el momento, no aparecían. ¿Cómo enfrentar este nuevo período crítico donde el crecimiento y la estabilidad parecen a punto de naufragar? ¿Cómo reorganizar los sectores dispersos de la sociedad y el sinnúmero de reclamos de todo orden que se ha producido?

La propuesta del Presidentefrente al desafío es implementar una suerte de «Teoría del Caos», generando un enfrentamiento con todos los sectores de la sociedad al mismo tiempo, con el objeto de que a partir del caos se provoque un reordenamiento y un reacomodamiento general, sobre la base de considerar -como decía Balandier- que el caos es una fuente inagotable de creatividad de la que también puede surgir el orden. O dicho de otra manera, el conflicto generalizado puede dejar de ser una perturbación del orden social para convertirse en el comportamiento que, finalmente, termine reestructurando el sistema en su globalidad, por el propio movimiento que genera.

La generalización de los conflictos, provocando un enfrentamiento simultáneo con todos los sectores de la sociedad, no deja de ser interesante en el sentido de que importa hacer reflexionar a cada uno de los sectores respecto de su peso solamente relativo en el conjunto de la sociedad y la imposibilidad de obtener soluciones individuales o satisfacción plena de sus reclamos, a la vez que también deban admitir cercenamientos, concesiones y la relativización de sus pretensiones. Según la «Teoría del Caos», aplicable a la conducta presidencial, la necesidad de reacomodamiento y de supervivencia de cada uno de los estamentos -en una sociedad en la cual el Estado tiene un papel relevante y determinante- hará que las soluciones nazcan de la creatividad común, a partir de la generalización del conflicto. La apuesta presidencial es que en los próximos meses sean los confrontados quienes tomen la iniciativa y carguen, en forma común, con el peso de imaginar los escenarios y las salidas, acercando al gobierno sus propuestas negociadoras y diversas soluciones. Y esto vale para todos: empresarios, sindicalistas, la Iglesia, las Fuerzas Armadas, los Estados Unidos, los países del ALCA, el Fondo Monetario Internacional y todo otro sector contra el cual haya arremetido el Presidente. Al mismo tiempo, éste aumenta su concentración de poder para arbitrar en la puja final.

• Basamentos

Sin embargo, es interesante recordar que la «Teoría del Caos» (estudio cualitativo del comportamiento inestable y aperiódico de sistemas dinámicos determinísticos y no lineal) descansa sobre tres elementos básicos, cuales son la «no linealidad» (no necesaria identificación entre efecto y causa), el «efecto mariposa» (dependencia sensible de las condiciones iniciales) y la «dirección de la complejidad» (interpretación global de los fenómenos) y tiene, en el segundo de estos elementos, un componente de altísimo riesgo, que también convierte en peligrosa la aplicación indiscriminada de esta teoría.

En efecto, la forma en la cual se suele representar el denominado «efecto mariposa» es un viejo relato que dice así:

«Por culpa de un clavo se pierde la herradura.

Por culpa de la herradura se pierde el caballo.

Por culpa del caballo se pierde el jinete.

Por culpa del jinete se pierde el mensaje.

Por culpa del mensaje se pierde la batalla.

Por culpa de la batalla se pierde el reino.»

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