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Existe una primera explicación del porqué de estas acusaciones que es simple, pero no menos verdadera: es la típica respuesta de cualquier populista (no porque lo haya dicho el embajador francés), sobre todo en época de campaña electoral. Pero hay otra, subyacente, que es la que consideró Hayek en la conferencia mencionada, es una visión teórica de la competencia que lleva, a quienes la asumen, a conclusiones como ésas.
La teoría económica neoclásica del mercado evalúa el grado de competencia según la cantidad de oferentes: si es uno es un monopolio, si son pocos es un oligopolio, y todo esto contrasta muy mal en comparación con un mercado de «competencia perfecta», el cual se caracterizaría por la existencia de numerosos pequeños productores, ninguno de los cuales puede afectar el precio de mercado con sus decisiones. Todos éstos serían «tomadores de precios», a diferencia de los primeros, que serían «formadores de precios».
El número de competidores y su influencia en el mercado son medidos por el índice Herfindal-Hirschman, y si éste muestra un elevado grado de concentración se desprende que habría una reducida competencia, por lo cual el gobierno tendría que actuar en «defensa de la competencia», y de los consumidores. Existen varios problemas con este enfoque. El primero lo señaló Hayek y se refiere a que el modelo ideal de «competencia perfecta» demanda tales requisitos del mercado que de existir no habría competencia como tal y, por ende, todos los mercados son «imperfectos» comparados con esto.
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