28 de agosto 2007 - 00:00

El sueño americano, una pesadilla

«Pague menos y reciba dinero en efectivo. Mejore su crédito, 100% de financiación. Sin verificación de ingresos. Líneas de crédito. Segundas hipotecas; 40 o 50 años para devolver. ¿Crédito bueno, regular, malo? OK. Consolidamos sus deudas, da igual que sea propietario o no. Préstamos con o sin bancarrotas.»

Anuncios como éste, que también se completan en televisión con cifras concretas de hasta u$s 200.000, siguen llenando páginas enteras de la prensa de Miami en plena crisis de las hipotecas de alto riesgo o «subprime». Gigantes como American Home Mortage y hasta una decena de empresas rivales se hundieron en todo el país. Otra de las grandes, Option One, se retiró de Florida al no poder resistir los malos tiempos.

Pero aún siguen pululando gurús que ofrecen soluciones a los náufragos que están a punto de ahogarse en sus deudas o ya en la morgue, sin solución. Son las arriesgadas y curiosas brigadas de salvamento para aquellos que se metieron en aguas procelosas pensando que la abundancia de los ladrillos iba a ser eterna.

Algunos, simplemente porque necesitaban una casa y se aprovecharon de hipotecas concedidas que no iban a poder pagar. Otros, por pura especulación. Son los que compraron para vender y se han visto atrapados en cifras que hicieron temblar los cimientos de las casas donde vivían. El globo estalló y el sueño americano se convirtió en una pesadilla.

Pierre tiene un buen trabajo en un hotel y quería comprar un departamento en un edificio junto al mar, donde ya vivía de alquiler. Los precios estaban disparados en 2005, pero todo se movía y nunca pensó que el mercado iba a retroceder tan bruscamente. Además, cuando investigó sobre el otorgamiento de una hipoteca le dieron tantas facilidades que no lo pensó. Consiguió 100% del valor de la propiedad en dos créditos de 80% y 20%. Incluso sobre este 20% pidió un segundo préstamo. «El problema fue que no calculé los gastos», explica compungido. «Las hipotecas son de las que llamaban negativas, en las que sólo se pagan intereses. Como parecía un capitalista en marcha, pedí también una línea de crédito y la saqué. Me venía bien para pagar tarjetas y arreglar el departamento. Pero los intereses me ahogaron y debo más al banco que el préstamo original.

Hasta la casa vale menos de lo que debo. No puedo aguantar y no tengo más remedio que perder la propiedad. No sé dónde me voy a ir. En Miami es imposible vivir.»

Dejar de pagar la hipoteca es lo último que se debe hacer, especialmente en Estados Unidos, donde perder el crédito significa marcarte a fuego para toda la vida. Teóricamente, el moroso puede volver a la circulación en siete años, pero pocos creerán ya en él en un país donde el dinero manda más que en ningún lado.

  • En peligro

    Ahora, los bancos sólo prestan 50% de hipoteca y miran los ingresos, además del crédito, cosa que no hacían antes. Por eso, más de un millón de familias en el sur de Florida están en peligro.

    Vladimir e Iliana son una de las muchas parejas que creyeron llegar al paraíso tras salir de Cuba. El tiene una pequeña empresa de construcción y ella es higienista dental. Tienen cuatro hijos. Hace tres años se metieron en la compra de una casa con patio y pileta. «Sabíamos que íbamos apurados, pero como aquí se podía trabajar...», comenta Vladimir. Con lo que no contaban es con que, al frenarse el mercado, sus ingresos bajarían lo mismo que el precio de su casa. Y que los intereses iniciales 4,5% crecerían hasta 10%. Nadie se los explicó a la hora de embarcarse en la operación. Y ellos tampoco se enteraron, porque estaban en el sueño americano.

    «En vez de pagar u$s 1.600 al mes, ahora pagamos u$s 3.000. Y los impuestos de la casa se duplicaron este año. Y el seguro...», dice Iliana. « Tampoco lo esperábamos. Se juntó todo.» Al depreciarse su casa, no tienen ya ni patrimonio para refinanciar. La familia se vio obligada a irse a vivir con la madre de ella.

    Estamos en uno de los ciclos bajos de cinco años que se alternan con los de bonanza desde los años sesenta en Miami. Las cascadas de « foreclosures» (juicios hipotecarios) en los que salen a subasta las propiedades por impagos de hipotecas se disparó en Miami Dade.

    Mientras en 2005 llegó a 7.829, la cifra más baja de los últimos años, sólo hasta junio de 2007 iban ya 10.519. Miami es la séptima ciudad con más descalabros hipotecarios del país y mascarón de proa del desastre estatal. Florida, con 78.408, es el segundo estado del país con mayor número de juicios hipotecarios, sólo por detrás de California, que llegó a 83.210. Pero este estado, con 36 millones, es el más poblado de EE.UU., y dobla en número de habitantes al de Florida. Incluso en los últimos meses la proporción de «foreclosures» subió en Florida más de 20%; mientras que en California bajó 7%.

    La ciudad del sol, en plena caída del mercado inmobiliario residencial, se quedó como un solar, con esqueletos. Sólo en el corredor de Biscayne Boulevard, de la calle de Flagler, que divide Miami entre Norte y Sur, hay más de una veintena de rascacielos en construcción. Eso supone unos 10.000 departamentos con precios mínimos sobre u$s 700.000. ¿Quién los comprará? Incluso como inversión, la respuesta asusta a los compradores extranjeros.
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