26 de septiembre 2026 - 13:25

El superávit fiscal sostiene el programa económico, pero el empleo que crece es cada vez más precario

El orden fiscal y el saldo comercial siguen como anclas del programa, pero la mejora del empleo convive con más informalidad y una recuperación que todavía no llega con fuerza a los hogares.

La informalidad laboral trepó al 45% de los ocupados, cuando un año atrás alcanzaba al 43,2%.

La informalidad laboral trepó al 45% de los ocupados, cuando un año atrás alcanzaba al 43,2%.

Los datos económicos difundidos permiten componer una radiografía nítida del momento que atraviesa la economía argentina, con sus fortalezas consolidadas y sus debilidades persistentes. El cuadro combina un frente fiscal y externo que sigue firme con un mercado laboral que, pese a mostrar una mejora en su nivel de empleo, esconde un deterioro preocupante en la calidad de los puestos que genera. Conviene analizar cada uno de esos planos para comprender el equilibrio delicado sobre el que se apoya el programa.

El resultado de las cuentas públicas volvió a ser la mejor noticia. En agosto, el sector público nacional registró un superávit primario de 1.990.322 millones de pesos y un superávit financiero de 635.529 millones, este último ya descontado el pago de intereses de la deuda. Con este desempeño, el acumulado de los primeros ocho meses del año cerró con un superávit primario equivalente al 1% del producto y un superávit financiero del 0,2%. Un aspecto alentador es que los ingresos moderaron su caída real hasta un 1% interanual, cuando en el acumulado del año todavía retroceden un 4,1%, mientras que el gasto primario se redujo un 0,5% en el mes. La disciplina fiscal, en definitiva, se mantiene como el ancla del esquema.

El sector externo acompañó ese cuadro de solidez. La balanza comercial de bienes arrojó en agosto un superávit de 2.187 millones de dólares, resultado de exportaciones por 8.883 millones, que crecieron un 12,4% interanual, e importaciones por 6.696 millones, con un alza del 3,6%. El dato más contundente aparece en la comparación anual, ya que el superávit comercial acumulado trepó a 18.249 millones de dólares, muy por encima de los 5.109 millones registrados en el mismo período del año anterior. El saldo positivo del comercio exterior se afianza así como uno de los pilares que sostienen la acumulación de reservas y la estabilidad cambiaria.

El punto más delicado del panorama surgió del mercado de trabajo, y merece una lectura atenta. La tasa de desocupación se ubicó en el 7,9% en el segundo trimestre, por encima del 7,6% de un año atrás, mientras que la subocupación bajó levemente al 11,5%. En apariencia, hubo una mejora, porque la tasa de empleo subió al 45% desde el 44,5% previo. Pero esa mejora esconde un deterioro cualitativo de fondo, ya que la informalidad laboral trepó al 45% de los ocupados, cuando un año atrás alcanzaba al 43,2%. Dicho de otro modo, se generó empleo, pero una porción creciente de ese empleo es no registrado, más precario y desprovisto de la protección que ofrece el trabajo formal.

La confianza de los consumidores, por su parte, mostró un comportamiento dispar que conviene desagregar. El índice que mide el ánimo de los hogares subió a 41,2 puntos, con un avance del 2,4% en el mes y del 3,4% en la comparación interanual. La mejora se concentró en el Gran Buenos Aires y en el interior del país, que crecieron un 3,3% y un 5,2%, respectivamente, mientras que la Ciudad de Buenos Aires se movió en sentido contrario, con una caída del 6,8%. Al analizar los componentes del índice, se observa que la percepción sobre la situación personal fue la única en avanzar, mientras que la visión sobre la macroeconomía y la disposición a comprar bienes durables e inmuebles retrocedieron.

El frente de los precios ofreció señales mixtas. Los precios mayoristas aumentaron un 2,1% en el mes y acumulan un 29,8% en la comparación interanual, impulsados sobre todo por una suba del 2,9% en los productos importados y con el petróleo crudo y el gas como los rubros de mayor incidencia. En el año, ese índice acumula un alza del 19,1%. Por su parte, el costo de la construcción avanzó un 2,5% en el mes, por encima de la inflación general, traccionado principalmente por la mano de obra, que subió un 3,2%. En el acumulado anual, sin embargo, el costo de la construcción evoluciona en línea con el nivel general de precios.

En el terreno de los anuncios, dos decisiones marcaron la agenda. La primera fue la presentación del proyecto de presupuesto para 2027, que proyecta la continuidad del superávit primario y financiero por cuarto año consecutivo, sobre la base de un escenario que contempla un crecimiento del producto del 4%, una inflación en descenso hasta el 18% y un tipo de cambio de 1.848 pesos hacia fines de ese año. La segunda fue una resolución del organismo que regula el mercado de capitales, que eliminó la operatoria con cheques entre los agentes y sus clientes, dejando la transferencia bancaria como única vía habilitada. Esa medida, adoptada en un contexto de caída de la recaudación del impuesto a los débitos y créditos, implica en la práctica que más movimientos queden alcanzados por ese tributo, lo que supone una mayor carga para las empresas.

En sí, se consolida un diagnóstico que ya resulta familiar, pero que no por conocido pierde relevancia. La Argentina exhibe fortalezas macroeconómicas genuinas, como el superávit fiscal sostenido, un abultado saldo comercial y una desinflación en marcha, que en conjunto configuran un orden del que el país careció durante largos períodos. Pero esas fortalezas conviven con un mercado laboral que precariza, una demanda interna que apenas se mueve y una recuperación que todavía no se percibe con nitidez en la vida cotidiana. El desafío hacia adelante seguirá siendo el mismo: lograr que la solidez de los grandes números se traduzca, por fin, en una mejora tangible del empleo de calidad y del bienestar de los hogares.

Profesor de la Universidad del CEMA.

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