30 de octubre 2006 - 00:00

"En el tema precios, no sirven políticas al estilo soviético"

Los temas de la macroeconomía no serán un problema para este año ni para el próximo, dice Bour.
Los temas de la macroeconomía no serán un problema para este año ni para el próximo, dice Bour.
«La principal luz amarilla de la economía es el desequilibrio de precios relativos», indicó Juan Luis Bour, de FIEL, para quien un buen manejo económico consiste en «hacer que funcionen bien las señales» de precios, y no en «tener mucha caja».

Periodista: ¿Cómo se moverá la economía en 2007?

Juan Luis Bour: El escenario es bueno en el corto plazo con el crecimiento sostenido por el contexto externo favorable y por las políticas domésticas expansivas. Nuestras proyecciones están algo por arriba de las del mercado, cerca de 7,3% para el año próximo, después de que se despejó el problema del precio del petróleo, y con las tasas que dejarán de crecer haciendo más interesantes a los emergentes.

P.: ¿Y cuáles son los problemas que pueden surgir?

J.L.B.: La principal luz amarilla es el desequilibrio de precios relativos de la economía. En energía está claro: los precios hacen que suba la demanda y que la oferta no responda. Lo mismo pasa en la carne y en muchos otros sectores. Esto no genera una desaceleración de la economía, que sigue funcionando al mismo ritmo. Pero lleva a cuellos de botella en varios sectores, que no se agudizaron básicamente porque el gobierno toleró una inflación de 10%, que da margen para que algunos precios ajusten.

  • Reparos

    P.: ¿Cómo ve el frente macroeconómico?

    J.L.B.: En este momento, hay una política fiscal expansiva y una monetaria que fue acomodándose, pero que no es consistente con una inflación de 10%, sino de algo más. Los agregados monetarios crecen a dos dígitos, así como el gasto público y los salarios, mientras que la tasa de interés se mantiene en un dígito: es difícil conseguir así una inflación naturalmente baja. Surgen reparos cuando se observa que el superávit fiscal y el externo se van evaporando con el tiempo. La recaudación crece menos que el gasto y se consume un punto de superávit global por año (contando provincias y pago de intereses). Y el superávit comercial se sostiene bien todavía por el efecto de los precios internacionales, pero el problema energético lo está deteriorando. Igualmente, los temas macro no serán un problema para 2006 ni para 2007.

    P.: Mirando el largo plazo, ¿es suficiente la inversión para crecer a tasas cercanas a las actuales?

    J.L.B.: En ese tema hay indicios que muestran que no todo es tan positivo. La inversión en maquinaria y equipo creció, pero está por debajo en términos del PBI que en los mejores años de los noventa, casi un punto menos. En una economía que lleva cuatro años de buen crecimiento y promete más, la inversión debería estar volando, no en construcción, sino en maquinaria, más con las altas tasas de rentabilidad. ¿Por qué entonces en ese contexto no hay un boom de inversiones? Porque no sé a qué precio se podrá vender, ya que demanda sí habrá. Entonces, se ve que el problema de los precios relativos está impactando ya hoy. No es sólo energía, falta de gasoil y gas, como se piensa generalmente. Pega en el hecho de que se tiene una tasa de inversión en equipos creciendo a mucho menos de lo que debería. Las decisiones en una economía de mercado dependen de las señales que da el sistema de precios. Y no comprender esto es no saber nada de economía: la economía no consiste en tener mucha caja, sino en hacer que funcionen bien las señales.

    P.: Pero el gobierno no va a querer tomar medidas que impacten en los precios antes de las elecciones. ¿Puede sostener entonces el esquema actual?

    J.L.B.: Puede durante un tiempo pisar precios y hacer que igual inviertan algunos sectores dándoles protecciones especiales: por ejemplo, permitirles ganar mercado limitando las importaciones. También, si aumenta el poder de mercado de las compañías, al restar competencia, se puede conseguir que los precios sean más bajos, ya que no es necesario ser tan cuidadoso con la calidad.

  • Ingreso

    P.: Igual, parece que hoy prima más la política del palo que la de la zanahoria...

    J.L.B.: Pasó con la carne. El gobierno quiere los precios estables, pero la recuperación del ingreso superó en un año y medio 15% real promedio, lo que naturalmente tiene un impacto sobre ciertos consumos. Claramente, la carne es un bien que mejora su consumo, y por lo tanto, los precios con los ingresos. Si a eso se le suman los precios internacionales altos, es natural esperar subas. Mantener los precios estables tiene entonces consecuencias: el consumo sigue subiendo, por lo que sin más oferta el precio sube. La opción es limitar las exportaciones, y después en el ajuste los precios mayoristas caen y la frontera de producción se reduce al no ser ya rentable producir carne en las zonas marginales. Pero entonces se está reduciendo la producción cuando los precios mundiales dan señales en dirección contraria. Después se piensa solucionar todo con políticas intervencionistas típicas, de planificador soviético, ni siquiera con políticas medianamente inteligentes. Van a dar créditos, los cuales van a terminar siendo un pagadiós si los precios son bajos y los productos no tienen futuro. Después, en los bienes que no se exporta está la amenaza de abrir las importaciones si suben los precios. Pero si vos sos un productor, por ejemplo textil, medianamente importante, no sólo producís, sino también importás, de acuerdo con lo que te conviene. La amenaza del gobierno en ese caso para el empresario es lo mismo; igual se arregla.

    P.: ¿Cómo salimos entonces de las distorsiones de precios, sin morir en el intento?

    J.L.B.: Hay que tener políticas macroeconómicas consistentes con menos inflación. El primer requisito es no ponerle más leña al fuego. Se requiere prudencia fiscal, difícil de pedir en el año de elecciones, y una política monetaria que ajuste. Y cuanto antes empiece el ajuste, menos problemático va a ser. Si se posterga, es peor, porque la oferta es cada vez menor.

    Entrevista de Martín Lalín
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