Extraña pareja: el espanto unió a Bush y a Bernanke
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Bernanke no promete nada. Bush sí. Pero no se trata de una propuesta muy generosa. Se ubica lejos de lo que podría rotularse como un rescate masivo. ¿Cómo explicar la reacción tan favorable de los mercados después de escuchar ambos discursos? ¿Cuestión de fe ciega? Los mercados han visto volar la primera golondrina. No importa que sea pequeña. Al calor de la crisis, descuentan la llegada del verano. Se rumorea que Henry Paulson trabaja con los legisladores en una solución de mayor alcance. Que, pese a las negativas, descansaría en las espaldas anchas de Fannie Mae y Freddie Mac y en un piadoso olvido de sus aun frescos pecados contables.
No habrá (no todavía) put de Bernanke, por lo que se perfila, sino no de la Tesorería. Es lo tradicional en las crisis de solvencia como son los grandes percances inmobiliarios. Desde Roosevelt hasta el Resolution Trust de principios de 1990. El primer paso -siempre el más difícil- ya se anunció. Se esperará que decanten las reacciones antes de intentar el próximo. La idea de un recorte de tasas de fed funds inminente, de apuro y antes de la reunión regular, ya se dobló y metió en la guantera. La noción de una baja de medio punto, otro tanto. ¿Habrá que postergar ahora la módica expectativa de un achique de un cuarto de punto cuando toque la reunión del 18? Si el Tesoro facilita la refinanciación de una parte considerable de las hipotecas ajustables, si se allana a tomar a su cargo las manzanas que se pudran en el cajón ¿qué tan grave será la crisis crediticia remanente? ¿Y su impacto sobre la economía real? Los tramos AAA de los CDO, por cierto, toman otro color. Tal vez no sean materiales tóxicos si es que alguien se ocupa, por separado, de recolectar la basura. ¿Bastará este esbozo para reanimar el mercado de commercial papers cuya sangría -244 mil millones en tres semanas- no detiene aun ningún torniquete? Si sirvió para resucitar al oro -una suba de 8 dólares el viernes- no le estarán vedados otros milagros. Y eso que la reacción del oro goza de poco sentido. El Tesoro (o un ente estatal) dará garantías. Cobrará por ello una sobretasa. No sólo no gastará más sino que -en los esquemas que se barajan- terminará con unos buenos dólares en el bolsillo. Por eso se pelean Fannie Mae y Freddie Mac por participar. La estabilidadde la mora en la cartera-«subprime» a tasa fija -con atrasos en torno a 5,5%- arrima una señal promisoria. El diferencial de tasas es amplio como para que la refinanciación alivie a los deudores escogidos, facilite su cumplimiento y las garantías no se ejecuten.
Bernanke, por cierto, no prometió nada. Pero tampoco hizo esfuerzos por desalentar las expectativas reinantes. Entiéndase bien, la mesa está servida para un recorte de tasas de interés. Que la economía haya pasado de crecer 0,7% a 4% entre el primer y segundo trimestre no entorna ninguna puerta. Cuando se mira la demanda interna final, el repunte es magro. De 1,7% a 2,2%. La volatilidad del gasto público y del sector externo -cuyas contribuciones se mantendrán positivas en el tiempo- justifican todo el avance informado. La suerte del consumo es todavía un interrogante sin clara contestación. Cuando se mira la marcha de los precios, el panorama revuelto de 2006 hoy es una meseta apacible. La inflación núcleo -tomando los últimos doce meses según el indicador favorito de la Fed- se ubica en 1,9%. La inflación general -para quienes descreen de una medición sin energía ni alimentos- converge con un guarismo de 2,1%. En el margen, la inflación núcleo procede -tomando los últimos tres y seis meses anualizados- a paso más cansino: 1,6%.
Si la Fed posterga un cambio de rumbo, la inflación es una cortina de humo, una excusa. Después de febrero, la inestabilidad de precios se disciplinó; obedece a los dictados de la Fed. ¿Qué motivos habría para dilatar la iniciativa? Uno, el calendario electoral que multiplicará las presiones sobre la política monetaria el año próximo. Dos, si una suba de las primas de riesgo es «saludable», que se desarme el apalancamiento es todavía mejor. Por supuesto, ambas razones requieren que el cuerpo de la economía aguante. Y eso es lo que la Fed monitorea. Husmeando, como dijo Bernanke, no en los indicadores de los últimos meses o trimestres, sino en aquellos recién salidos del horno y en lo que recoge en su chequeo, día a día, en el mundo de los negocios y las finanzas.




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