3 de septiembre 2007 - 00:00

Extraña pareja: el espanto unió a Bush y a Bernanke

Extraña pareja. Políticos y banqueros centrales. Qué los uniría sino el espanto. El presidente George Bush y el titular de la Fed, Ben Bernanke, montaron, el viernes, una doble velada estelar, en púlpitos separados pero con una misma fijación. La crisis inmobiliaria y su correlato crediticio golpean con fuerza a las dos costas del país, pero nada iguala el desasosiego que provoca en tierras fiscales; en la colina del Capitolio.

Quien quiera recabar evidencias del raro maridaje las encontrará por doquier. Primero fue un cónclave -y su foto correspondiente- entre el secretario del Tesoro, Henry Paulson, el senador demócrata Dodds y Ben Bernanke. Después, una misiva tranquilizadora del titular de la Fed al senador (también demócrata) Schumer. La semana concluyó con el citado plato fuerte: la exposición de Bernanke y, con dos horas de diferencia, la de Bush. Tres veces, a falta de una, Bernanke señaló que la Fed hará todo cuanto sea necesario para atajar las complicaciones. Que 2008 sea año de elecciones inquieta sobremanera en Washington, el único distrito en el que los propietarios se agitan menos que aquellos que necesitan renovar el contrato de alquiler ( dependiendo del resultado de las urnas). Tanta excitación no debería turbar el entendimiento: lo que Bernanke repite es que si la Fed no poda otra tasa más que la de descuento es porque, a su juicio, resulta innecesario.

Con la elegancia propia de su cátedra en Princeton, Bernanke desgranó las relaciones entre la vivienda, su financiamiento y la política monetaria. Su conclusión más potente: el mercado inmobiliario ya no importa tanto como correa de transmisión de la política monetaria. Quien quiera oír que oiga: la construcción residencial, en la econometría de la Fed, sólo explica 14% de la respuesta del PBI ante cambios en las tasas de interés de corto plazo. Hasta mediados de la década de 1980 -antes que los mercados de capitales cobraran preponderancia como fuente de financiaciónde la vivienda- su incidencia era de 25%.

Sin desmedro de ello, si la caída de la construcción fuera un proceso rampante, la magnitud del derrumbe compensaría la menor significancia. El propio Bernanke acotó que, en el último año y medio, su repliegue detrajo tres cuartos de punto del crecimiento del PBI. No dijo -pero no lo ignora tampoco- que si en el tercer trimestre de 2006 el impacto negativo fue de 1,3% del PBI, en el segundo de 2007 ya se había reducido a 0,6%. ¿Un réquiem para la esperada baja de tasas de interés? No necesariamente. Lo que debe quedar claro es que no será la crisis inmobiliaria per se la que jale el gatillo. Quien mire allí, sepa que está hojeando la agenda del año pasado.

  • Encrucijada

  • «No es responsabilidad de la Fed -ni sería apropiado- proteger a prestamistas y deudores de las consecuencias de sus decisiones financieras.» Bernanke dixit. ¿Será acaso misión del gobierno? La política dice que no, pero piensa que sí. Dos millones de deudores « subprime» enfrentan una dura encrucijada. Por diseño, sus hipotecas ajustables contemplan -en los próximos dos años- una suba automática de las tasas de interés. Y no se aconseja que la gente sufrague cuando su techo está en peligro. El nombre del juego es buscar un atajo que les permita refinanciar a costos estables y así zafar del estrangulamiento. La valorización de los inmuebles hizo abrupto mutis por el foro y hay que hallar un sustituto que cubra ese rol. Y hacerlo pronto. Los legisladores demócratas quieren correr los límites de cartera de Fannie Mae y Freddie Mac para que ambas agencias se zambullan en la compra de más hipotecas. Bush se opuso. Y el viernes lanzó su módica propuesta. El meollo, que la Administración Federal de Vivienda (FHA) extienda su régimen de garantías. Un nuevo programa de la institución (FHA Secure) le permitirá lidiar con deudores de mayor riesgo. Con todo, la FHA, aun aumentando 50% la nómina de sus actuales beneficiarios, absorberá no más de 80 mil casos. Atenderá a la crema de la franja en tribulaciones.

    Bernanke no promete nada. Bush sí. Pero no se trata de una propuesta muy generosa. Se ubica lejos de lo que podría rotularse como un rescate masivo. ¿Cómo explicar la reacción tan favorable de los mercados después de escuchar ambos discursos? ¿Cuestión de fe ciega? Los mercados han visto volar la primera golondrina. No importa que sea pequeña. Al calor de la crisis, descuentan la llegada del verano. Se rumorea que Henry Paulson trabaja con los legisladores en una solución de mayor alcance. Que, pese a las negativas, descansaría en las espaldas anchas de Fannie Mae y Freddie Mac y en un piadoso olvido de sus aun frescos pecados contables.

    No habrá (no todavía) put de Bernanke, por lo que se perfila, sino no de la Tesorería. Es lo tradicional en las crisis de solvencia como son los grandes percances inmobiliarios. Desde Roosevelt hasta el Resolution Trust de principios de 1990. El primer paso -siempre el más difícil- ya se anunció. Se esperará que decanten las reacciones antes de intentar el próximo. La idea de un recorte de tasas de fed funds inminente, de apuro y antes de la reunión regular, ya se dobló y metió en la guantera. La noción de una baja de medio punto, otro tanto. ¿Habrá que postergar ahora la módica expectativa de un achique de un cuarto de punto cuando toque la reunión del 18? Si el Tesoro facilita la refinanciación de una parte considerable de las hipotecas ajustables, si se allana a tomar a su cargo las manzanas que se pudran en el cajón ¿qué tan grave será la crisis crediticia remanente? ¿Y su impacto sobre la economía real? Los tramos AAA de los CDO, por cierto, toman otro color. Tal vez no sean materiales tóxicos si es que alguien se ocupa, por separado, de recolectar la basura. ¿Bastará este esbozo para reanimar el mercado de commercial papers cuya sangría -244 mil millones en tres semanas- no detiene aun ningún torniquete? Si sirvió para resucitar al oro -una suba de 8 dólares el viernes- no le estarán vedados otros milagros. Y eso que la reacción del oro goza de poco sentido. El Tesoro (o un ente estatal) dará garantías. Cobrará por ello una sobretasa. No sólo no gastará más sino que -en los esquemas que se barajan- terminará con unos buenos dólares en el bolsillo. Por eso se pelean Fannie Mae y Freddie Mac por participar. La estabilidadde la mora en la cartera-«subprime» a tasa fija -con atrasos en torno a 5,5%- arrima una señal promisoria. El diferencial de tasas es amplio como para que la refinanciación alivie a los deudores escogidos, facilite su cumplimiento y las garantías no se ejecuten.

  • Repunte magro

    Bernanke, por cierto, no prometió nada. Pero tampoco hizo esfuerzos por desalentar las expectativas reinantes. Entiéndase bien, la mesa está servida para un recorte de tasas de interés. Que la economía haya pasado de crecer 0,7% a 4% entre el primer y segundo trimestre no entorna ninguna puerta. Cuando se mira la demanda interna final, el repunte es magro. De 1,7% a 2,2%. La volatilidad del gasto público y del sector externo -cuyas contribuciones se mantendrán positivas en el tiempo- justifican todo el avance informado. La suerte del consumo es todavía un interrogante sin clara contestación. Cuando se mira la marcha de los precios, el panorama revuelto de 2006 hoy es una meseta apacible. La inflación núcleo -tomando los últimos doce meses según el indicador favorito de la Fed- se ubica en 1,9%. La inflación general -para quienes descreen de una medición sin energía ni alimentos- converge con un guarismo de 2,1%. En el margen, la inflación núcleo procede -tomando los últimos tres y seis meses anualizados- a paso más cansino: 1,6%.

    Si la Fed posterga un cambio de rumbo, la inflación es una cortina de humo, una excusa. Después de febrero, la inestabilidad de precios se disciplinó; obedece a los dictados de la Fed. ¿Qué motivos habría para dilatar la iniciativa? Uno, el calendario electoral que multiplicará las presiones sobre la política monetaria el año próximo. Dos, si una suba de las primas de riesgo es «saludable», que se desarme el apalancamiento es todavía mejor. Por supuesto, ambas razones requieren que el cuerpo de la economía aguante. Y eso es lo que la Fed monitorea. Husmeando, como dijo Bernanke, no en los indicadores de los últimos meses o trimestres, sino en aquellos recién salidos del horno y en lo que recoge en su chequeo, día a día, en el mundo de los negocios y las finanzas.
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