El país está cambiando peligrosamente de régimen inflacionario. El primer cuatrimestre apunta a una inflación acumulada del 22% y, aun desacelerando la suba, el piso para el año se acercaría al 70%. Sin correcciones de arranque, el acuerdo con el FMI obliga a ajustar sobre la marcha el dólar oficial y las tarifas a la inflación, lo cual torna al programa inflacionario.
El acuerdo con el FMI se vuelve peligrosamente más inflacionario
Si se cumplen los lineamientos del acuerdo con el FMI y se sostienen los desembolsos, el balance del Banco Central mejora y permitiría empezar a anclar expectativas. Pero el ancla no funciona si no se alarga el horizonte de la política económica.
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Pero, si se cumplen los lineamientos del acuerdo (fiscal, monetario y de reservas) y se sostienen los desembolsos del FMI, el balance del BCRA mejora (desde el precipicio) y permitiría empezar a anclar expectativas.
Sin embargo, el ancla no funciona si no se alarga el horizonte de la política económica: la coalición de gobierno sigue esmerada en empiojar el corto plazo boicoteando el acuerdo, y las propuestas de campaña de la oposición respecto del manejo del cepo contribuyen a coordinar un desplome en la demanda de pesos y una disparada en la brecha cambiaria.
No ayudan las internas y un presidente intentando revertir la brutal concentración de ingresos que genera una brecha cambiaria en 80%, indexando los salarios a precios que volvieron a escalar y utilizando la mejora en la recaudación (derivada de la inflación) para financiar mayores transferencias a los jubilados, perceptores de planes sociales y trabajadores informales.
La lectura de que la economía y el empleo están bien y solo nos falta bajar la inflación muestra una preocupante incomprensión respecto de la dinámica nominal en la cual está metida una economía que intenta estimular la demanda frente a restricciones evidentes de oferta montada sobre una inflación que corre al 5/6% mensual, un dólar que corre al 4% por mes, paritarias que se fijan con un ritmo mensual similar y precios de tarifas y combustibles que deberían ir algo por arriba.
Al ser gradual y sin reformas estructurales, el programa con el FMI es contractivo e inflacionario. Intentar evitar la contracción descuidando las reservas y la emisión lo torna peligrosamente más inflacionario. Es cierto que para el FMI los incentivos a dejar caer el programa son bajos, pero el tira y afloje detrás de cada revisión va a aparecer.
*(Nota publicada en Forbes a mediados de mayo)
Economista y directora ejecutiva de Eco Go Consultores.




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