El avasallamiento en la Ciudad con tributos regresivos que afectan a los porteños

Opiniones

El oficialismo impone medidas regresivas con sus políticas tributarias.

Una vez más se presenta la situación en donde el oficialismo en la CABA, a través de sus políticas tributarias, impone medias de carácter regresivo y que afectan el desarrollo productivo, el consumo y el bolsillo de los porteños.

En la ley tarifaria 2021 de la CABA, que se aplicará y tendrá vigencia para todas las operaciones económicas durante el corriente año, dispuso, entre otras medidas, una reducción en términos reales de un 6% el monto máximo a partir del cual se aplican tasas diferenciales para las actividades de restaurantes y hoteles; comunicaciones; servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler; servicios sociales y de salud; y servicios comunitarios, sociales y personales. Es decir, para estas actividades durante el año 2021 es probable que muchos contribuyentes paguen una alícuota mayor del impuesto sobre los ingresos brutos, más precisamente de pagar un 3%, comenzarán a pagar un 5%.

Mismo escenario ocurre, nada más y nada menos que con los procesos industriales del art. 183, inc. 23, también se reduce en un 6%, a valores reales, el monto de exención para estos procesos. En la misma línea tendremos contribuyentes o sujetos que comenzarán a tributar ingresos brutos que antes lo hacían.

Ahora lo más regresivo o perjudicial, en este caso, no tanto a las pymes o empresas productivas o industriales, sino al bolsillo del ciudadano que utiliza la tarjeta de crédito es el impuesto, en este caso de sellos, que cobran por gastos, consumos, cargos financieros y otras erogaciones o saldos generados a partir del 01/01/2021.

En definitiva, se incorpora como hecho imponible en el impuesto a las liquidaciones o resúmenes periódicos que las entidades emisoras de tarjetas de crédito o compra generen para su remisión a los titulares, con lo cual se generará una nueva carga tributaria no solo por las compras, cargos por servicios sino también por los cargos financieros, intereses punitorios y adelantos de fondos. Todo ello alcanzado con una tasa del 1,2%.

Esto último, el recargo por la financiación, resulta lo más regresivo de todo lo expuesto ya que ante la dificultad económica que vivimos producto de la pandemia que afecta a nuestro país y al mundo, muchos ciudadanos, como ha pasado en años anteriores, no pueden pagar sus saldos de las tarjetas y no tienen otra opción más que financiar el saldo. Pues bien este saldo ahora además de tener los intereses por mora/punitorios tendrán el recargo de este nuevo impuesto. Y peor aún con cada refinanciación de saldo, el impuesto a aplicar será mayor.

Y justamente la regresión se expone no solo con el recargo tributario por las compras sino también por la financiación por el no pago del resumen. Recordemos que la regresión se define cuando un gravamen afecta indirectamente la capacidad contributiva de las personas, como en el caso del IVA, el impuesto repercute o altera proporcionalmente más al que menos tiene. Y sin duda el ciudadano que decide financiar su resumen de tarjeta es porque lamentablemente no lo puede abonar.

Tampoco, en líneas generales existe la opción de pagar en efectivo o con el débito en cuenta ya que muchas veces, insistimos, se acude al plástico de crédito para el pago de un bien, servicio, gasto en el supermercado o incluso el pago de un servicio público.

Además, como es sabido, el Gobierno nacional ha dispuesto muchas medidas de alivio a determinadas compras o consumos dando planes de pago con tasas subsidiadas, con lo cual el que financie una compra ya sea con este plan o en cuotas que determinado local comercial brinde sin interés o con un bajo interés financiero, tendrá que caer en este impuesto de sellos regresivo e inoportuno al momento en que vivimos.

En números, observamos que, según lo indicado por el BCRA, ya a niveles pre pandemia el nivel de morosidad era muy alto, a dic-19, con casi 11 Millones de usuarios de tarjetas de crédito debían 602.000 Millones de pesos. Lógicamente con la pandemia ese monto se ha incrementado.

Con relación a los consumos mensuales, el último dato que existe en el BCRA (jun-20) el consumo de tarjeta de crédito a nivel Nacional, asciende a 200.000 Millones de pesos mensuales, y la CABA espera recaudar unos $7.700 Millones, que saldrán de los bolsillos de los ciudadanos de la CABA y como dijimos con carácter netamente regresivo y que va en contramano a lo que, por ejemplo, el oficialismo nacional en el congreso pretende sancionar con la suba de las deducciones para cuarta categoría a los empleados y jubilados en el impuesto a las ganancias. Un gobierno de la CABA con tasas regresivas y un gobierno nacional atenuando la carga para los trabajadores y jubilados.

Otro plano de discusión obedece a que desde el punto de vista constitucional, no corresponde la aplicación de este tributo ya que como lo definen los principios de la ley de coparticipación este impuesto de sellos recae sobre contratos o actos a título oneroso instrumentados por correspondencia pero que sean autosuficientes, es decir, que tengan el poder o facultad de ser ejecutado vía judicial para su cobro, situación que con el resumen de tarjeta y lo dispuesto por la propia ley de tarjetas de créditos (ley 25.065). Así lo ha sostenido nuestro más alto tribunal en varios antecedentes jurisprudenciales.

En conclusión, no solo es un impuesto regresivo que ahora grava en mayor medida el consumo y financiación de saldos de tarjeta de crédito, y que el consumidor de bajos/medianos recursos, no puede optar entre el crédito o pagar de contado/débito con lo cual esa regresividad es aún mayor; sino que va en contra a lo sostenido por la ley de Coparticipación Federal, violatorio de principios constitucionales establecidos en nuestra carta magna.

En definitiva, un impuesto regresivo que privará el consumo, que ahogará y profundizará más las deudas que posean con los bancos y tarjetas de crédito los porteños y que atenta contra la constitución nacional.

Contador público.

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