Sin industria no hay nación

Opiniones

Mauro González, empresario Pyme, explica por qué este año el Día de la Industria no es una verdadera celebración. Además, detalla las urgencias y posibilidades del sistema productivo argentino.

El 2020 habría sido el primero en 4 años que justificaría una verdadera celebración por el Día de la Industria. Hacia principios de este año todas las proyecciones indicaban que el 2 de septiembre nos encontraría con razones suficientes para dejar atrás una experiencia industricida devastadora. El nuevo Gobierno prometía una transformación de la matriz productiva que dejaría atrás la especulación para impulsar el desarrollo. Entonces ocurrió la pandemia.

Pero si bien es cierto que no podremos celebrar las metas que creímos serían alcanzadas, dicha celebración puede ser llevada adelante como un ejercicio reflexivo. Capitalizar el valor y la significancia de una fecha como el Día de la Industria para replantearnos las urgencias y posibilidades que nuestro sistema productivo enfrenta. No solamente hacia el interior del mundo gremial empresario, sino que principalmente en estrecho vínculo con la sociedad.

Esta fecha entonces pareciera ser una excelente oportunidad para llegar a cada argentino y argentina con un mensaje contundente y unívoco: la única manera de revertir la situación económica del país y asegurar además una justa distribución de las riquezas es mediante el desarrollo sostenido y planificado de nuestra industria nacional.

Las secuelas de la crisis económica dejan algunas variables alentadoras. En primer lugar, la renegociación de la deuda pública confirma la posibilidad de redireccionar fondos que habrían sido dilapidados en pagos usureros. El nuevo escenario, sumado a la convicción del Gobierno Nacional, nos brinda tiempo para volver a poner en funcionamiento un aparato industrial muy golpeado y proyectar una estrategia que expanda y descentralice la producción.

Solamente ese desarrollo generará puestos de trabajo significativos. Solamente el desarrollo industrial nos brindará la competitividad que necesitamos para colocar manufacturas argentinas en el mundo que nos aseguren las divisas necesarias. Y esa competitividad no puede ser a costo del salario de los trabajadores, sino que debe fundarse en la aplicación de ciencia y tecnología que facilite y optimice los procesos productivos.

En este Día de la Industria debemos reflexionar sobre el nuevo mundo que nos espera a la salida de la pandemia. En cómo un proceso de sustitución de importaciones debería dejar de ser una utopía para convertirse en una obligación. En abandonar nociones arcaicas y comprender que tanto el software como las industrias culturales ya son tan reales como textiles y metalúrgicas. En dar una nueva batalla por el sentido común para dejar en claro que desarrollo y soberanía son sinónimos de industria nacional.

(*) Empresario pyme - Centro Estratégico para el Crecimiento y Desarrollo Argentino (CECREDA)

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario