Inflación en EE.UU.
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien para no identificarlo se lo apoda Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretara Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es el peligro de inflación por las políticas que está aplicando Estados Unidos. Sin embargo, los que minimizan este riesgo, dicen que quitando la suba del precio del petróleo de los índices no se ve inflación.)
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Gordon Gekko: En China la respuesta es afirmativa. Hay amplias evidencias de una aceleración. A pesar de que el banco central viene pisando el freno de la expansión de crédito desde agosto del año pasado. Pero no es el caso de los Estados Unidos.
P.: ¿Una suba de medio por ciento en un mes no debería inquietar a la Fed?
G.G.: A juzgar por el semblante de Greenspan en el Congreso no lo ha hecho... Y ha venido varias veces esta semana.
P.: ¿No existe una excesiva complacencia?
G.G.: Recuerde que los datos puros todavía reflejan una historia de desinflación -de retroceso en la tasa de inflación-. El tren todavía corre a contramano. No pasa lo mismo, por cierto, en China. O, en menor medida, en otros países de Asia.
P.: Con todo ¿no debería encenderse una luz amarilla?
G.G.: Todas las políticas públicas hoy en ejecución en Estados Unidos tienen un sesgo inflacionario. Deliberado. Eso es imposible de ignorar. Basta mirar el déficit fiscal o las tasas de interés. En algún momento habrá que revertir su signo. Pero no hay urgencia. Las noticias que vienen del frente de precios permiten ser paciente.
P.: A pesar de la suba de medio por ciento en el costo de vida de enero?
G.G.: Quite la energía y verá que el índice depurado apenas trepó dos décimas... Esto no es nada preocupante.
P.: La bonanza de los commodities no está provocando mucho impacto en el bolsillo de los consumidores norteamericanos.
G.G.:A comienzos de 2003, los precios minoristas escalaban a un ritmo de 3% anual. Desde entonces los precios finales de los alimentos se han encarecido 3,5% y 7,8% los de la energía y a pesar de ello la tasa de inflación ha bajado más de un punto a 1,9%. No está mal.
P.: No está mal considerando la caída libre del dólar...
G.G.: No está mal considerando la explosión del déficit fiscal, las tasas de interés en 1% y que la economía -en la segunda mitad del año pasado- se las arregló para crecer a 6% anual.
P.: ¿No hay signos de inflación «importada» como consecuencia de la debilidad de la moneda?
G.G.: Es una historia parecida a la anterior. Inclusive, con un salto también muy espectacular en enero -los precios de las importaciones subieron 1,3% (liderados por un avance de 6,2% en el valor del petróleo)-.Aun así si usted re-visa el último año los precios han subido sólo 1,8%.
P.: En un año en que el dólar cayó ¿cuánto? ¿20%?
G.G.: 14% contra una canasta de monedas que reproduce el peso relativo de los distintos socios comerciales de los Estados Unidos.
P.: ¿Cómo es posible?
G.G.: Si usted es Porsche y quiere vender sus autos aquí no sueñe con alterar el precio sólo porque el euro sube y con él los costos de producción. Sus competidores no lo tocarán. Es una disyuntiva muy fácil de entender. O regala su cuota de mercado o tendrá que recortar sus márgenes... Es un proceso que ya vimos a principios de los '90.
P.: Todo parece indicar que la Fed podrá continuar con su política de cruzarse de brazos...
G.G.: Eso pienso. Y el mercado de bonos tampoco abriga muchas dudas. A pesar de que tiene todo para perder si se equivoca en el vaticinio.




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