El último dato referido al porcentaje de incremento de precios al consumidor elaborado por el Indec correspondiente a febrero de este año (4,7%) y en particular su capítulo más sensible (7,5% para alimentos y bebidas no alcohólicas), acrecentó las alarmas y polémicas en torno a este fenómeno.
Inflación, modelos y trampas
El último dato referido al porcentaje de incremento de precios al consumidor elaborado por el Indec correspondiente a febrero de este año (4,7%) y en particular su capítulo más sensible (7,5% para alimentos y bebidas no alcohólicas), acrecentó las alarmas y polémicas en torno a este fenómeno.
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Modelos
Además del clima político previo a la dictadura cívico militar de 1976, el Rodrigazo inauguró un período de elevados niveles de inflación. Con el golpe de Estado, comenzó a configurarse un nuevo modelo económico que suele denominarse “valorización financiera”, que, por su propia lógica, incrementaba los precios de manera generalizada y significativa.
Junto con la apertura económica, la esencia de este régimen fue el endeudamiento externo y la fuga de capitales combinados con tasas de interés reales positivas y mayores que la internacional. El costo de financiamiento para la producción era elevado y los intereses devengados de diversos dispositivos, superiores en muchos casos a la rentabilidad industrial. Ingresaban dólares que eran convertidos a pesos, se capitalizaban con tasa elevada en dinero local, se reconvertían a dólares y salían del circuito nacional. Para dimensionar la magnitud del fenómeno desde entonces, los residentes argentinos tienen en el exterior en la actualidad casi lo que se produce en un año en Argentina.
Entre 1976 y 1982, la inflación fue diez veces más elevada respecto a la etapa previa. Promedió el 200% anual. La participación de los asalariados en el PIB pasó aproximadamente de 48% a 26%, mientras además caía el producto.
Sin cambiar el rumbo y con la deuda externa como clave de la economía y la política, durante la primera etapa del gobierno de Alfonsín, la distribución funcional del ingreso no alcanzó los niveles previos al cambio de políticas, aunque la participación de los asalariados llegó al 30%. Pero al poco tiempo del plan de estabilización de precios (Primavera, Austral), el ingreso real de la mayoría volvió a caer, durante el proceso hiperinflacionario de 1989-1991 que tuvo un pico del orden del 3000% anual.
Trampas
La deuda privada de los grupos económicos locales, que son los denominados “formadores de precios”, había sido estatizada por la dictadura en 1982, en particular por Domingo Cavallo, quien en 1991 propuso un plan para resolver el problema “principal” de la economía, la inflación, y así estabilizar los precios: la convertibilidad.
Para primero desacelerar la inflación, luego reducirla y después bajarla, se privatizaron empresas públicas -casi eliminando la incidencia del Estado en la producción de bienes y servicios- y se continuó con el endeudamiento externo. Era necesario contar con reservas para sostener la caja de conversión por la cual un peso era igual a un dólar desde el punto de vista legal. La esencia del modelo continuó intacta: deuda y fuga.
La inflación se detuvo. Debido a esto, el consenso social con la convertibilidad fue casi unánime. En la primera etapa, el ingreso real de la mayoría ascendió, para más tarde descender. Pero la novedad fue que se disparó la pobreza y el desempleo, que alcanzó a la quinta parte de la población.
En “Historia de las relaciones entre Argentina y el FMI” publicado en 2013, Noemí Brenta señala que, en la etapa final de la convertibilidad, el Fondo condicionaba su apoyo al gobierno: exigía la implementación de la dolarización plena, es decir, la adopción del dólar como dinero de curso legal, lo que implica la pérdida absoluta de la política monetaria y casi la anexión orgánica a EE.UU., que se completaría mediante la incorporación al ALCA.
No se concretó porque hubo una discontinuidad del rumbo y un cambio de modelo, con fuertes pujas en el poder económico, estallido social y la mayor crisis de la historia argentina.
Interpretaciones y causas
En la actualidad, el ascendente proceso inflacionario en EE.UU. desde antes de la pandemia y el impacto en precios del conflicto con epicentro en Ucrania, comienza a derivar en una suba de precios a escala mundial, que se suma a la dinámica local.
Entre las distintas escuelas del pensamiento económico, existen discrepancias respecto a las causas de la inflación. Sin embargo, existe consenso porque es un hecho incontrastable: las devaluaciones tienen impacto en la dinámica del nivel general de precios.
La deuda externa tomada durante el gobierno liderado por Mauricio Macri, en particular con el FMI, implica menos recursos del Estado para políticas públicas y dólares disponibles para la producción, redundando en menor crecimiento y empleo. La escasez de dólares genera una presión devaluatoria que se manifiesta en inflación elevada. Así, profundiza el rasgo bimonetario de la economía que, en esencia, es una tendencia dolarizadora.
Esta etapa de endeudamiento recreó las condiciones para propiciar nuevamente al dólar como dinero de curso legal en Argentina. El director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, Larry Kudlow, realizó declaraciones explícitas al respecto en septiembre de 2018.
En tiempos de Macri y su renovada valorización financiera, la inflación se duplicó y quedó en el rango presente.
Conclusiones
La inflación es una de grandes preocupaciones de la actualidad. No obstante, el problema no es en sí la inflación para la mayor parte de la sociedad, sino que, con ésta en niveles elevados y un sendero ascendente, disminuyen los ingresos reales de la mayoría.
Esta distinción es relevante porque luego de que la sociedad es sometida durante un tiempo prolongado a regímenes altamente inflacionarios, se busca resolverlos a cualquier costo, como se desprende de la experiencia argentina de las últimas cinco décadas.
La constitución y el triunfo del Frente de Todos en las elecciones de 2019 evitaron que se profundizaran el modelo del período 2016-2019, que es, en última instancia, de dolarización plena. La resolución de la contradicción entre la máxima unidad posible contra el proyecto de dolarización y que esta amplitud no atente contra una redistribución del ingreso más justa, aún no encuentra su forma.
(*) Economista UBA-UNDAV e integrante de Economía Política para la Argentina (EPPA).
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