Hablar de flagelos argentinos, por estos días, obliga a tener un estómago especial. Sin embargo, disipando la densa niebla que se posa sobre nuestra mirada del presente, es posible descubrir iniciativas que resultan no sólo esperanzadoras, sino directamente saludables.
Tomás Vega Holzwarth, la "amigable composición" entre Derecho y tecnología
El abogado cordobés lanzó una plataforma para cuando alguien quiere hacer un reclamo o se encuentra en un conflicto con su contraparte. Es un proceso trazable de punta a punta, sin pasar por tribunales, sin perder tiempo, completamente online.
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Tomás Vega Holzwarth
Tomás Vega Holzwarth (38, Córdoba) viene dando batalla a uno de los azotes constantes de este país: la vulneración de los derechos del consumidor. Hay algo en su profesión -sí, abogado- que se nutre de valores, pero encuentra un primer impulso en el caso que lo marcó para el resto de la vida: defendió a su abuelo frente a una mutual usurera y de ahí no paró de crear soluciones para llegar a acuerdos justos, simples, y a tono con los tiempos que corren.
Desde entonces, sus emprendimientos llevan el sello de la innovación en un rubro que “junto con el pensamiento militar y la religión, es de los más conservadores que existen”.
Periodista: ¿Cuál es el escenario promedio actual de un consumidor argentino?
Tomás Vega Holzwarth: Apenas salí de la facultad, a partir de mi experiencia en tribunales yo tuve claro que el sistema que tenemos en Argentina invita a las empresas, sobre todo las de servicios, o las de consumo masivo y para los de más abajo, como los jubilados, a cometer transgresiones, incumplimientos y abusos; lo hacen permanentemente y adrede.
O sea, está perfectamente calculado que las probabilidades de que un consumidor asuma la carga de litigar o presentar una queja a una empresa son muy pocas, tanto como que luego un juez le dé la razón al que reclama. Y, además, en el imaginario de la gente eso significa meterse en problemas, tener un conflicto, etcétera. La lentitud y la burocracia de todo el sistema, obviamente, también conspiran contra cualquier intento de reclamo.
Periodista: Esto que entendiste ejerciendo la profesión en tus primeros años, luego lo viviste con tu abuelo…
T.V.H.: Bueno, exactamente, eso es lo que pasó con mi abuelo. En 2012 sacó un préstamo de diez mil pesos en una mutual crediticia y automáticamente la deuda creció a 82 mil. ¡Una locura! Cuando nos negamos a pagar, la mutual ejecutó el pagaré que había firmado mi abuelo y, contra todos los pronósticos, hicimos caer ese documento en base a los principios que rigen las relaciones de consumo. ¡Un golazo!
Aunque te parezca mentira, mi abuelo murió una semana antes de que dictaran sentencia allá por el año 2018. Tuvo un sabor agridulce para mí, porque sentí que era misión cumplida pero me hubiera gustado festejarlo con él.
De todas formas, para entonces yo ya había empezado a idear Reclama Conmigo, una plataforma digital en la que simplificamos el proceso en el que un consumidor presenta una queja. Teníamos relevado, por ejemplo, que los organismos de control, llámese Inspección General de Justicia -que regula los planes de ahorro- Superintendencia de Servicios de Salud, ANAC -a cargo del control de empresas de aeronavegación- o los que se te ocurran, son lentos, engorrosos y muchas veces ineficientes.
En otra de sus cruzadas, también a contrapelo de lo esperable, Tomás sentó un precedente cuando le ganó un juicio a la aerolínea Latam como consecuencia de que le cancelaran un vuelo de Córdoba a Ezeiza fruto de un paro de pilotos, en 2016.
Hasta ese momento, no había registro en el país sobre daño punitivo en contra de una aerolínea. Traducido: en general (y partiendo de la base de que una persona cuyos derechos son vulnerados percibe que, de antemano, la batalla está prácticamente perdida) se lograba, en el mejor de los casos, el reembolso y, con muchísima suerte, una indemnización.
El concepto que Vega Holzwarth instala con el fallo a favor en el caso Latam va más allá, porque la Justicia cordobesa impuso que la aerolínea pagara más que los daños ocasionados, lo que se entiende como una sanción ejemplificadora dado que la aerolínea había violado groseramente la ley de Defensa del Consumidor.
Periodista: Okey, pero dado que, según lo planteás, el sistema, formado por la Justicia y los organismos de control ya está viciado, da la impresión de que las iniciativas particulares, o la buena voluntad de las ONGs, no alcanzan para mejorar sustancialmente la realidad de los consumidores ¿verdad?
T.V.H.: Sí, por eso creamos Odis. O sea, hay un agujero tan grande en ese entramado institucional que vos describís, que efectivamente no alcanza con mejorar la forma de reclamar, estudiar a fondo la temática, y convocar profesionales que den una mano en esto, aún con el mayor compromiso ético que puedan tener.
Por eso, junto con Carolina, mi hermana, que es abogada y también mediadora, Susana Fagonde, mediadora, y con el apoyo de inversores, diseñamos una plataforma que plantea un cambio de paradigma en la manera en la que se resuelven los conflictos o disputas, en el marco de lo que llamamos ‘amigable composición’ poniendo en primer plano dos formas de afrontar el problema que son las que hoy se usan en el mundo desarrollado, la mediación y la conciliación.
Periodista: ¿Cómo funciona Odis?
T.V.H.: Es un espacio inspirado en Google Workspace. Todo en un mismo lugar. Nosotros integramos, en una sola interfaz, la calendarización de audiencias, el cobro de honorarios, la validación de identidad con identificación biométrica y la firma electrónica de todo tipo de documentos legales.
Actualmente estamos testeando nuestra primera versión y la idea es ir sumando capas de tecnología para brindar más y mejores herramientas a nuestros clientes que son abogados y mediadores, aunque también planteamos una versión para gobierno.
En una palabra, cuando alguien quiere hacer un reclamo o se encuentra en un conflicto con su contraparte, cualquier abogado entra a Odis y accede al calendario de trabajo de un mediador o mediadora que le da una audiencia en minutos, con un proceso trazable de punta a punta, sin pasar por tribunales, sin perder tiempo, completamente online.
Periodista: Suena interesante lo de “amigable composición”.
T.V.H.: Claro, en realidad es lo que en el mundo está creciendo sin parar. Es cambiar el paradigma, pasando del método adversarial, donde necesitás un tercero, el juez, que diga quién gana y quién pierde, y pasás a la mediación como un servicio para llegar, siendo pragmáticos, a un entendimiento en buenos términos de manera rápida, eficiente a bajo costo.
O sea, frente al sistema lento, costoso y engorroso que ofrece de la Justicia, los métodos alternativos de resolución de conflictos se presentan como una solución optima, porque de lo contrario todo se judicializa, y más abarrotados están los pasillos de los juzgados.
Para evitar ese cuello de botella, Odis ofrece toda la técnica jurídica del ODR -Online Disput Resolution, o resolución de conflictos en línea- pensando en cómo simplificar al máximo la llegada al acuerdo entre las partes. Facilitamos la vinculación entre profesional y cliente, reduciendo costos y ahorrando tiempos, y todo en un mismo espacio virtual.
La Justicia del siglo XXI
Según Emergen Research, organización especializada en el relevamiento estadístico de tecnologías emergentes, desde 2018 el mercado de la resolución de disputas online crece a un ritmo del 17.5 por ciento, sostenido e incrementado, desde ya, por la pandemia COVID-19.
Pero el informe publicado este año por esa organización explica que la razón por la que individuos y empresas elijen cada vez más esta forma de resolver sus conflictos es que así evitan el trago amargo de encontrarse, físicamente, en edificios de instituciones cuya reputación cae sin parar, y les impone la desagradable experiencia de enfrentarse con la contraparte, en persona.
Al mismo tiempo, el último informe de Latinobarómetro (2021) muestra la poca credibilidad de la que goza el Poder Judicial en América Latina: el promedio actual ronda el 25 por ciento, cuando lo deseable, para hablar de sociedades con entramados institucionales democráticos fuertes, es del 40% como mínimo.
En este contexto, y con el crecimiento exponencial de la actividad digital, resulta imperioso repensar la Justicia entera; para empezar, su rol en la sociedad y los métodos que pone en práctica. Luego, lo que la sociedad civil impulsa con iniciativas como Odis.
Su propuesta es todo lo simple que uno podría esperar: me llega un correo electrónico, abro un link desde el celular, la cámara identifica mi rostro y valida quién soy. Eso me habilita a entrar a una sala virtual de audiencia, y podría firmar mi conformidad, ante un acuerdo, haciendo clic en un botón.
Mi abogado y el mediador cobrarán su trabajo en sus cuentas digitales, todo integrado en el sistema cuya experiencia de usuario tiene mucho más de innovación tecnológica que de técnica jurídica.
Periodista: ¿Cuál es tu mirada respecto de la relación actual entre Derecho y tecnología?
T.V.H.: Yo enseño en la Universidad Siglo 21, acá, en Córdoba. Y doy una de las últimas materias, en la que los alumnos hacen prácticas profesionales. Siempre les digo que ellos salen sabiendo Derecho del siglo dieciocho. Hoy día hace falta que los abogados sepan emprender, programar, diseñar webs en las que puedan ofrecer servicios, y pensar los problemas reales que hoy presenta la sociedad.
Hay un cambio generacional muy fuerte que tenemos que mirar, porque incluso los mismos abogados de veintipico ya son nativos digitales. Por eso Odis. Porque incluso los pibes que este año eligieron empezar Derecho no se van a bancar, dentro de cinco años, el atraso que tiene la Justicia. Es imposible que acepten que no se puede resolver todo a distancia, cuando estamos hablando, siempre, de gestión de información.
Periodista: Los juristas que más impulsan la incorporación de tecnología en la Justicia, por ejemplo, Mario Adaro, Juez de la Corte mendocina, advierten que la sociedad va a darse para sí las soluciones que la Justicia, o el Estado e general, no pueda dar.
T.V.H.: ¡Sin dudas! Yo estoy convencido de que la figura del abogado seguirá siendo importante, porque alguien tiene que saber guiar a quien tiene conflictos, que son inherentes a la vida en sociedad.
Pero si no generamos herramientas a tono con los tiempos que corren, se va a profundizar la disociación que vemos hoy y vamos a quedar al margen del sistema.
Los emprendimientos que impulso tienen ese rasgo en común. No descubrimos la pólvora, sino que vemos hacia dónde va el mundo y tratamos de empujar la innovación, el cambio de mentalidad. Por eso armamos un espacio all in one que concentre todo lo que se necesita para resolver conflictos a distancia, de forma ágil, eficiente, rápida y segura para todas las partes.
Hay batallas difíciles, y escenarios adversos. Pero también hay batalladores que se levantan una y mil veces frente a las adversidades. Desde el episodio con su abuelo, Tomás Vega Holzwarth, junto a sus más cercanos, sostiene emprendimientos con la certeza de que no se logra aquello que no se intenta.
Incluso más. Aún con la estadística en contra, sabiendo que innovar en el ámbito jurídico es remar contra la corriente, al escucharlo recuerdo una de esas anécdotas increíbles de Mohamed Alí.
En una noche que le deparó la paliza más grande de su carrera, contra Joe Frazier, el mejor boxeador de todos los tiempos ganó porque, en el último asalto, logró levantarse del banquito y caminar hacia el centro del ring. Su rival no pudo siquiera ponerse de pie.
En realidades como la nuestra, a veces remover obstáculos y lograr metas implica hacer un esfuerzo sobrenatural como el de aquella noche de 1975 en que Alí recuperó su título de campeón mundial.
Después de todo la Historia, a veces, se escribe gracias a superaciones que ni el más optimista podría imaginar.






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