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6 de agosto 2007 - 00:00

La crisis actual es coyuntural

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Ben Bernanke
Luego de la recesión de 2002/2003, la economía mundial goza de un inédito y continuo proceso de expansión, creciendo a tasas del orden de 5% anual. Esta nueva tendencia al crecimiento global en el mediano plazo se debe, en gran medida, al nuevo esquema de globalización y a los fuertes incrementos de productividad registrados en las economías desarrolladas.

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En efecto, ambos fenómenos han generado un conjunto positivo de fundamentals (variables estructurales de la economía), como crecimiento, consumo, inversión y niveles de inflación, los cuales, a su vez, permiten las mencionadas tasas de expansión de 5% sin que necesariamente se generen las presiones inflacionarias de antaño. Confirmando lo anterior, recientemente el FMI ha elevado sus pronósticos de crecimiento 2007/2008 de la economía mundial a 5,2% para ambos períodos.

Otra característica, también inédita, de esta tendencia es que todas las regiones del mundo acompañan el proceso habiendo surgido, además, países emergentes de enorme tamaño que presentan tasas de crecimiento vertiginosas: China y la India.

Obviamente, esta situación macroeconómica mundial ha impactado favorablemente en los mercados desarrollados y en los emergentes, tanto bursátiles como de renta fija. Más aún, desde el punto de vista microeconómico también las condiciones son favorables: ganancias corporativas récord y price earnings por debajo de los promedios históricos.

La lógica anterior funcionó adecuadamente hasta el pasado viernes 20 de julio, fecha a la cual la mayoría de los mercados habían presentado rendimientos positivos. Sin embargo, a partir de este «viernes negro» comenzó una fuerte caída en todos los mercados mundiales, especialmente en los emergentes y en la Argentina en particular. Dicho proceso de baja se agravó durante la semana del 23 de julio, donde, por ejemplo, la Bolsa americana realizó la mayor pérdida de dicho período de los últimos cinco años (6,5%).

¿Qué sucedió? ¿ Cambiaron los fundamentals? ¿Es posible que, repentinamente, el comportamiento de los mercados no responda más al funcionamiento de éstos? ¿Estamos en presencia de una crisis estructural de mediano y largo plazo?

En nuestra opinión, por ahora, éste no es el caso. En efecto, los fundamentals no cambian jamás de un día para otro y, por otra parte, los mercados responden claramente al carácter positivo o negativo de aquéllos, pero, claro está, sólo en el mediano y el largo plazo. Lo que ha sucedido, entonces, desde el viernes 20 a la fecha es una crisis coyuntural de corto plazo causada, no por un cambio en los fundamentals, sino, por el contrario, por un viraje en las expectativas, entendiendo por tales la visión psicológica que tienen los inversores acerca de lo que sucederá en el mercado.

  • Pregunta

    Si se acepta la premisa anterior, la pregunta clave es: ¿qué fue lo que motivó este cambio psicológico? Muy sencillo: la exacerbación de algunos datos negativos publicados recientemente de la economía de EE.UU., fundamentada en los temores que genera su ya famosa « burbuja inmobiliaria». El viernes 20, una de las principales compañías que financian al sector inmobiliario ( Countrywise) declaró que, en el año fiscal 2007, había ganado 33% menos que durante el ejercicio anterior.

    Allí comenzó el primer cimbronazo, agravado, sin duda, por el temor de que la incobrabilidad en el mercado de hipotecas subprime ( aquellas otorgadas a acreedores de alto riesgo) se profundizara aun más. El proceso negativo continuó con la publicación, la semana del 23 de julio, de los datos de ventas y precios de casas nuevas y existentes, los cuales, lamentablemente, fueron peores que lo esperado.

    A posteriori, a partir del lunes 30, los mercados parecieron calmarse; al menos las expectativas no empeoraban. Sin embargo, el viernes 3 se publicaron datos negativos de la economía de EE.UU. (creación de empleos y nivel de actividad del sector servicios), agravados por la disminución de la calificación de riesgo de Bear Stearns (de estable a negativa) debida a los problemas de iliquidez de tres de sus fondos de riesgo. De esta manera, nuevamente, se modificó el ánimo de los inversores, provocando una fuerte caída de la Bolsa de EE.UU. (2,6%), la cual, lógicamente, arrastró al resto de las Bolsas mundiales.

    En síntesis, esta crisis lleva ya dos semanas afectando la totalidad de los mercados mundiales.

    Sin embargo, a pesar de lo sucedido en las dos semanas bajo análisis y del agravamiento de la baja el último viernes, se debe reiterar que por lo menos hasta la fecha los fundamentals positivos no han cambiado. En consecuencia, mantenemos nuestra opinión en el sentido de que, por el momento, la actual crisis es coyuntural y motivada básicamente por los cambios psicológicos explicados.

    Por lo tanto, en la medida en que las expectativas negativas vayan cediendo a favor de los fundamentals, la crisis en cuestión debiera irse superando.
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