"La postura de la Fed no deja dudas: los inversores deberán arreglarse solos"
El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»-, para quien el mensaje de la Fed a los inversores -al mantener ayer sin cambios las tasas- es «sigan remando», porque «deberán arreglarse solos» y «sin esperar mejores condiciones monetarias». Además, dijo, esa postura refleja que «no hay daños serios en el sistema financiero» y que la Fed estima que el estrangulamiento del mercado de hipotecas será pasajero. Veamos.
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P.: O sea, la Fed podía haber suavizado el mensaje. Pero prefirió no hacerlo. ¿Por qué?
G.G.: Hay una reticencia a tender una mano sabiendo que los mercados le tomarán el brazo. En un mundo de sentimientos binarios -que no reconoce escalas intermedias entre la bonanza extrema y el desastre-, la expectativa de un vaso de agua alcanza para apagar un incendio, pero, a la vez, puede provocar una inundación. Así, en marzo, se temía una debacle causada por las vicisitudes de la deuda subprime; en mayo y junio, todo lo contrario, las Bolsas del mundo no daban abasto coronando nuevos récords absolutos. A pesar de la persistencia de los problemas crediticios en segmentos como las hipotecas de baja calidad, la exposición al riesgo no se redujo, sino que migró en busca de otros horizontes igualmente jabonosos como el apalancamiento extremo de las compras y fusiones de compañías.
P.: En marzo la Fed acercó un salvavidas que, en circunstancias similares, ahora retacea...
G.G.: El aviso a los navegantes dice «sigan remando». A decir verdad, nadie esperaba una expedición de rescate, pero sí una voz de aliento. La postura de la Fed no deja dudas: los inversores deberán arreglarse solos. Sin esperar mejores condiciones monetarias. P.: Sin embargo, la reacción de los mercados no fue mala. Después de todo, habían subido a cuenta de una Fed más amigable y, aun así, cerraron en alza.
G.G.: Mejor. Ese espíritu constructivo resultará útil para las próximas semanas.
P.: ¿Hasta dónde podrá la Fed mantenerse al margen?
G.G.: En tiempos de turbulencias, la postura impasible de la Fed encierra un contenido informativo importante. Significa que no hay daños serios en el sistema financiero. Mientras eso sea así, será la economía la que dicte los pasos de la política monetaria.
P.: El principal operador financiero de un banco de inversión líder afirmó, días pasados, que las condiciones del mercado de crédito son las más duras de los últimos 22 años...
G.G.: Para su firma, es cierto. Pero no para el mercado en general. Al menos, no todavía.
P.: ¿No estamos en la antesala de otro episodio traumático como el affaire Long Term Capital?
G.G.: Eso ocurrió nueve años atrás y fue potencialmente mucho más grave. La naturaleza del contagio fue fulminante. De buenas a primeras, el sistema quedó a un paso del abismo. Era su capital el que estaba en la cuerda floja. La Fed debió montar un rescate de apuro disparando una salva de tres recortes de tasas de interés para restablecer la liquidez. Queda claro que hoy prevalece una mejor distribución de los riesgos. Entienda mejor como sinónimo de mucho más amplia. Dos (y quizá tres) fondos de cobertura de Bear Stearns se van a pique, pero es el patrimonio de los inversores el que carga con la cuenta.
P.: Hay otras instituciones -como New Century Financial, ahora American Home Mortgages- que desaparecen o se acogen a la protección de la Ley de Quiebras...
G.G.: No lo discuto. Cuando uno escruta su peso en el sistema en su conjunto, sin embargo, observa que su incidencia es acotada. Uno podría alegar que hoy no hay mercado secundario que absorba hipotecas convencionales -de sujetos con credenciales impecables (con nota Fico superior a 700)- o préstamos de tamaño Jumbo (que no pueden venderse a las agencias patrocinadas como Fannie Mae y Freedie Mac), y eso revela un estrangulamiento del mercado de hipotecas. Es verdad. La Fed confía seguramente en que esta oclusión será pasajera...
P.: El tamaño de los heridos no es garantía. La Gran Depresión comenzó con la caída del pequeño banco Knickerbocker...
G.G.: Es cierto. Y su transmisión internacional, con el traspié de un banco austríaco (Credit-Anstalt) de mediano porte regional. ¿Y sabe qué? Días pasados hubo que rescatar a un banco alemán -IKB- de las consecuencias de su desafortunada intervención en el mercado subprime de los EE.UU. Participación que se desconocía en absoluto. Pero que revela la extraordinaria diseminación de los riesgos. O sea, espere que las pérdidas afloren en los lugares menos pensados, pero, a la par, que resulten más soportables por su baja concentración. O gracias a su descarga -vía securitización- en el consumidor final. Lo que puede resultar cruel, pero hace al sistema más estable.




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