Los medios registran esta semana la buena noticia de que Radio Caracas Televisión, de Venezuela, ha vuelto a transmitir programas merced a la tecnología satelital. Ese hecho no borra, sin embargo -por el contrario: subraya-, la arbitraria decisión política adoptada por el gobierno del presidente Hugo Chávez al sacar del éter las emisiones normales de RCTV.
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El presidente Chávez había anunciado en diciembre, luego de ser reelecto, que no renovaría la concesión a la emisora. La medida, que a simple vista parece ser una facultad del gobierno venezolano, toma otra significación y envergadura cuando se advierte que RCTV era el único canal opositor de televisión abierta de alcance nacional. Con la lamentable desaparición de la emisora, consumada a través de la no renovación de su licencia y la confiscación de sus equipos de transmisión, Hugo Chávez parece haber asestado un golpe mortal a las libertades de prensa y de expresión en Venezuela.
Lo sucedido no me sorprende, es en todo caso otra evidencia de un tránsito al totalitarismo.
Venezuela vio nacer su primer medio privado de televisión 53 años atrás: fue, precisamente, RCTV, fundada por William H. Phelps. Eran tiempos de otro dictador, Marcos Pérez Jiménez, y sólo cuando, en 1958, el país pudo recuperar la democracia apareció el primer programa televisado de opinión, una expresión de pluralidad ideológica que los totalitarios no toleran, porque ellos exigen la adhesión incondicional a sus discursos únicos. En los últimos cinco años, RCTV había acaparado las preferencias del público y mantenía constantemente el primer lugar en las mediciones de sintonía, con un promedio de 33 por ciento de audiencia y una penetración que llegó a alcanzar a 90 por ciento de la población, al menos durante tres días por semana. Con su cierre definitivo después de más de medio siglo de transmisión, la comunicación masiva en Venezuela ha dado un giro decisivo como nunca antes en la historia de ese país. En estos momentos, diez de las doce señales con cobertura nacional -esto es más de 85 por ciento del espectro televisivo en Venezuela- han quedado bajo control directo o indirecto del oficialismo venezolano. Lo que la decisión del gobierno de Chávez ha concretado es la clausura del pluralismo en la televisión abierta venezolana, situación que no puede menos que merecer el repudio de quienes en la Argentina y en el continente sostenemos las banderas de la libertad y la democracia.
Ya se han alzado muchas voces en el mundo expresando su oposición a esa medida. Brasil fue pionero en este sentido, cuando su Senado pidió a Chávez la reapertura de RCTV (solicitud que mereció una respuesta destemplada del presidente venezolano).
También se ha pronunciado el Parlamento Europeo, mediante una resolución que considera que el hecho constituye «un precedente alarmante de cara a la libertad de expresión y priva al público de información pluralista». En Estados Unidos, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado aprobó por unanimidad una resolución que califica de «transgresión contra las libertades de pensamiento y expresión la decisión del gobierno venezolano, que fue tomada por el solo hecho de que la emisora tiene una línea editorial distinta de la oficial». En tanto, el Comité de Protección de Periodistas envió una carta al presidente Chávez en la que lo urge a renovar la licencia del canal, al tiempo que expresa su «profunda preocupación» por la conducta de su gobierno frente a la libertad de expresión. La SIP, por su parte, entidad que agrupa a dueños de 1.400 diarios y revistas del continente, envió una delegación a Caracas y calificó de «castigo» la decisión oficial de no renovar la licencia a RCTV para que siga transmitiendo por la frecuencia estatal que utilizó desde 1954.
El régimen venezolano se ha mostrado insensible a los reclamos internacionales y, a través del ministro de Información, William Lara, ha declarado «irreversible» su decisión. El gobierno argentino ha mantenido una actitud de reserva -que no dudaría en calificar de cómplice- con el comportamiento discrecional del presidente de Venezuela. Tal actitud no es sorprendente: emerge de un gobierno que ha hecho todo lo posible por manipular la prensa libre (aun cuando, como en otros terrenos, también en eso termina fracasando).
Por mi parte, he propuesto a la Cámara de Senadores una declaración de repudio contra la medida que afectó a RCTV y de respaldo a las fuerzas de la democracia y la libertad en Venezuela.
Nuestros países nacieron bajo el signo de la libertad; tenemos el deber de preservar ese legado de nuestros padres fundadores.
(*) Ex presidente de la Nación. Senador por La Rioja.
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