El diario «The Wall Street Journal», a través de la periodista Mary Anastasia O'Grady, dedicó una nota a la publicación de Nicolás Márquez «La otra parte de la verdad», para sustentar un interesante artículo acerca de «Los otros villanos de la Guerra Sucia argentina». La nota surge a partir de la intención del gobierno de contar en el Centro Internacional de la Libertad -donde está la Zona Cero- la historia de los desaparecidos en la Guerra Sucia. Pero sostiene O'Grady que esto reforzará la versión del gobierno, pero hará muy poco como declaración que condene al terrorismo. Toma como referencia el libro de Márquez como documento del caos terrorista que dio lugar a la represión de los militares y para señalar que la administración Kirchner está abarrotada de ex miembros de Montoneros.
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Qué travestismo sería que ese lugar sagrado fuera usado para distorsionar la historia documentada del terrorismo. Desafortunadamente, ese esfuerzo ya ha comenzado, como ha quedado evidenciado por los tempranos intentos del gobierno argentino para asociarse al Centro Internacional de la Libertad.
El cónsul general argentino en Nueva York es miembro del comité de eruditos y asesores del centro, y el «Wall Street Journal» ha averiguado que la esposa del presidente argentino ha contactado a los que están desarrollando el centro para que «su gobierno» pueda contar allí la historia de los desaparecidos por los militares en la Guerra Sucia de los '70.
Esto reforzará la versión del gobierno de Kirchner sobre la historia argentina. Pero hará muy poco para servir a la verdad o como declaración que condene al terrorismo. Cuando pregunté al centro si la historia que quiere contar la Sra. Kirchner incluiría el recuerdo de las víctimas de la guerrilla terrorista que provocó el golpe de Estado, se me informó que ese tema no había salido en las conversaciones.
¡Vaya sorpresa!: el gobierno de Kirchnerestá abarrotado de ex miembros de montoneros, una de los grupos terroristas más crueles de los '70, cuyas sangrientas actividades en todo el país durante seis años antecedieron al gobierno militar.
Ayer se cumplió el 29° aniversario del golpe militar en la Argentina. Los esfuerzos soviéticos, cubanos y de marxistas locales para hacerse del poder fueron vencidos por el gobierno militar, aunque usando gran violencia y con gran costo para el país.
Desde entonces, los terroristas que fueron vencidos han tratado de reescribir la violenta historia del período para convertirse ellos mismos y a sus camaradas caídos en mártires. El caos terrorista que dio lugar a la represión de los militares está bien documentada en «La otra parte de la verdad», del argentino Nicolás Márquez.
El libro salió a la venta el año pasado y ha vendido más de 20.000 ejemplares (lamentablemente no está disponible en inglés). Ninguna persona civilizada podría justificar los excesos de los militares y el Sr. Márquez deja en claro que lamenta lo que sucedió en su país. Su relato de los hechos terroristas incluye los del brutal grupo fascista Triple A. Pero además demuestra sin dejar lugar a dudas, el protagonismo absoluto de montoneros en la siembra del caos y el terror.
En 1970 los comunistas ya estaban en el poder en Cuba y estaban ganado terreno en Chile. En la Argentina, varios grupos subversivos se encontraban en actividad, pero dos eran particularmente poderosos. Uno era el de los montoneros, «que inicialmente se infiltraron en el peronismo a través de la resistencia peronista», como dice el Sr. Márquez. El otro era el ERP, de Fidel Castro. En el período 1970-1973 los terroristas aumentaron sensiblemente el clima de miedo. Pero cuando el ex presidente Juan Perón muere el 1 de julio de 1974 y su mujer Isabelita queda a cargo del gobierno, las cosas realmente se deterioraron. Según el Sr. Márquez, «los guerrilleros... operaron sin el menor inconveniente y crecieron en número, poder de fuego y cantidad de ataques llevados a cabo». En 1974 hubo «21 tentativas de invasión y copamiento por la fuerza de unidades militares de las fuerzas legales, 466 ataques con bombas y explosivos, 16 asaltos (para un botín cercano al millón de dólares), 117 secuestros y 110 asesinatos».
A principios de 1975, en medio de la escalada de violencia, una orden ejecutiva secreta llamó al Ejército a hacer lo que fuera necesario para «neutralizar y/o aniquilar el accionar subversivo» en la provincia de Tucumán, donde el terrorismo era más intenso.
El Sr. Márquez hace referencia a una charla dada por el abogado argentino y experto en temas militares Florencio Varela. Citando el testimonio del Gral. Jorge Videla, quien comandó la primera junta militar, el Sr. Varela dice que a finales de aquel año el presidente provisional Italo Luder conminó a los jefes militares a encontrar una forma de parar al terrorismo. Los militares presentaron cuatro opciones, una de las cuales era la de otorgar control local absoluto a las unidades militares,con poder discrecional amplio; esto conllevaba un riesgo, que era el de la pérdida de control, pero también prometía ser más eficaz. El Sr. Luder eligió esa opción, pese a las objeciones de su ministro de justicia. Poco después comenzaron las desapariciones.
El Sr. Varela remarca que estos riesgos «eran conocidos por las autoridades constitucionales, pero nadie levantó la voz o se quejó al respecto». Las razones parecen obvias. Años de terror asesino habían producido una cultura de miedo y desesperación que las débiles instituciones del país no había podido evitar. Cuando los militares tomaron el poder el 24 de marzo de 1976, la sociedad civil dio la bienvenida a la posibilidad de retornar al orden.
El reconocido periodista argentino Jacobo Timerman -que luego sería encarcelado por los militares- escribió el 27 de marzo en «La Opinión»: «Si los argentinos, como se advierte en todos los sectores -aun dentro del ex oficialismo- agradecen al gobierno militar el haber puesto fin a un vasto caos que anunciaba la disolución del país, no menos cierto es que también le agradecen la sobriedad con que actúan».
El mismo diario había informado, cuatro días antes, que en los tres años previos 1.358 personas habían muerto a manos de los terroristas. El Sr. Márquez documenta las palabras de varios representantes elegidos por voto popular de aquel tiempo, quienes expresan su desazón por el desorden y el baño de sangre generalizado.
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