17 de septiembre 2026 - 00:00

Menos burocracia y mayor alivio fiscal para impulsar el desarrollo en la Ciudad de Buenos Aires

Desde la gestión de Jorge Macri avanzamos con la simplificación del Estado a través de la eliminación de trámites y la reducción de impuestos, para que los recursos y el tiempo de los ciudadanos pueda destinarse a actividades productivas. Bajar la carga sobre la actividad económica y construir reglas claras favorecerán la inversión, la producción y el empleo.

Gustavo Arengo, ministro de Hacienda y Finanzas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Gustavo Arengo, ministro de Hacienda y Finanzas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Un sistema tributario no debería convertirse en un obstáculo para quienes trabajan, producen, invierten o generan empleo. Por el contrario, una administración eficiente tiene que facilitar el cumplimiento de las obligaciones, reducir costos innecesarios y procurar que los recursos y el tiempo de los ciudadanos pueda destinarse a actividades productivas.

Con esa premisa, la gestión de Jorge Macri al frente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires viene desarrollando, desde diciembre de 2023, una agenda que combina dos objetivos: simplificar la relación cotidiana de los contribuyentes con el Estado e implementar medidas concretas de alivio fiscal.

La simplificación no es una cuestión meramente administrativa. Cada trámite que se elimina, cada procedimiento que se digitaliza y cada plazo que se acorta representa tiempo que vuelve a estar en manos de vecinos, comerciantes, profesionales y PyMEs.

Uno de los principales avances en esa dirección fue la incorporación del Monotributo Unificado Nacional desde el 1° de enero entre la Ciudad y el Gobierno Nacional. A partir de esta modificación, más de 200.000 monotributistas porteños pueden cumplir en una misma gestión y mediante un único pago mensual con sus obligaciones tributarias nacionales y locales.

El cambio apunta a algo elemental que durante demasiado tiempo estuvo ausente de la relación entre el Estado y el contribuyente: hacer las cosas más simples. Menos burocracia y menores costos administrativos también significan mayor previsibilidad y transparencia.

La misma lógica se aplicó a los Saldos a Favor originados en el Impuesto sobre los Ingresos Brutos. Durante años, recuperar esos fondos demandaba una espera de aproximadamente cuatro meses. Con la implementación del sistema de devolución exprés, completamente digital, el procedimiento puede resolverse en apenas 48 horas hábiles. Ya son más de 31.000 los vecinos, comerciantes y PyMEs que han utilizado esta herramienta.

A su vez, se habilitó la posibilidad de compensar con estos saldos el pago de distintos tributos. De esta manera, el contribuyente puede utilizar esos créditos para cancelar obligaciones correspondientes al ABL, Patentes o Ingresos Brutos mediante un procedimiento online y autogestionado. Hasta el momento se concretaron más de 380.000 operaciones.

También se avanzó sobre una situación compleja para los vecinos: las deudas que se encuentran en instancia judicial. Hoy es posible regularizarlas, junto con los honorarios de los mandatarios, de manera directa y digital, evitando intermediaciones innecesarias y pagando en cuotas. Más de 22.000 vecinos ya utilizaron y se beneficiaron con este mecanismo.

Pero simplificar el sistema es sólo una parte del desafío. En un contexto económico complejo, también resulta necesario revisar la presión tributaria y generar herramientas que acompañen tanto a los sectores productivos como a quienes tienen mayores dificultades para cumplir con sus obligaciones.

Un ejemplo concreto se encuentra en los trabajadores independientes. La Ciudad ya contemplaba la exención de Ingresos Brutos para aquellos profesionales que ejercen su actividad de manera independiente. Desde este año se avanzó un paso más, incorporando una exención total o parcial para trabajadores independientes no profesionales, según su capacidad contributiva. Esta medida beneficia a más de 140.000 personas que trabajan por cuenta propia o bajo distintas modalidades de contratación.

También se introdujeron modificaciones en el Impuesto de Sellos. Se eliminó la alícuota del 1,2% que alcanzaba a las financiaciones de los saldos de tarjetas de crédito. Esto implica que quienes no pueden cancelar la totalidad de su resumen y necesitan financiar una parte ya no deben afrontar ese costo impositivo adicional. En momentos en los que muchas familias recurren al crédito para ordenar sus gastos, reducir el costo asociado a esa financiación constituye una medida concreta de alivio.

La política tributaria también puede contribuir a facilitar decisiones importantes de largo plazo. Por eso se estableció una exención total del Impuesto de Sellos para la adquisición de inmuebles destinados a vivienda familiar y de ocupación permanente, siempre que se encuentren dentro del valor máximo establecido de $226.100.000. El objetivo es disminuir una de las barreras que enfrentan quienes buscan acceder a su primera vivienda.

Al mismo tiempo, determinadas actividades económicas requieren medidas específicas. Durante la primera mitad de 2026, hoteles y restaurantes contaron con una exención total del ABL. Se trata de dos sectores con una incidencia relevante en la generación de empleo y en la actividad turística, gastronómica y cultural de Buenos Aires.

Otro eje fundamental es garantizar que los beneficios tributarios lleguen efectivamente a quienes más los necesitan. En el caso de jubilados y pensionados, se actualizaron las condiciones de acceso a la exención del ABL para ampliar la cantidad de beneficiarios. Asimismo, se estableció que, para quienes reúnen los requisitos, el beneficio alcance ahora el 100% del impuesto, cuando antes podía ser parcial. De esta manera, actualmente más de 76.000 jubilados y pensionados se encuentran alcanzados por esta medida.

Todas estas decisiones responden a una misma concepción sobre cómo debería funcionar el Estado frente al contribuyente. Cumplir con los impuestos no tiene por qué significar atravesar procedimientos interminables, lidiar con sistemas difíciles de utilizar o destinar horas a resolver cuestiones administrativas que podrían solucionarse en pocos pasos.

La tecnología permite construir una administración tributaria más ágil. Pero digitalizar por sí sólo no alcanza. El verdadero objetivo debe ser revisar los procesos, eliminar aquellos que dejaron de tener sentido y reducir las cargas que no aportan valor.

Una Ciudad que pretende crecer necesita que sus comerciantes puedan dedicarse a sus negocios, sus PyMEs puedan invertir, los trabajadores independientes puedan desarrollar su actividad y quienes generan empleo encuentren un entorno que acompañe ese esfuerzo en lugar de dificultarlo.

Por eso, la simplificación administrativa y el alivio fiscal no deben entenderse como iniciativas aisladas. Son parte de una discusión más amplia acerca del tipo de sistema tributario que necesita la Argentina para recuperar un sendero sostenido de crecimiento.

Desde el PRO estamos convencidos de que ese camino requiere avanzar progresivamente hacia una menor carga sobre la actividad económica y construir reglas que favorezcan la inversión, la producción y la generación de empleo.

Ese desafío excede naturalmente los límites de la Ciudad de Buenos Aires. Para alcanzar una transformación tributaria profunda será necesario impulsar un diálogo fluido entre la Nación y las provincias, capaz de establecer compromisos de largo plazo con criterios en común.

La experiencia del Consenso Fiscal de 2017 demostró que es posible construir acuerdos federales orientados a ordenar y reducir impuestos que afectan la actividad económica. Recuperar ese espíritu de coordinación puede ser un punto de partida para una discusión que la Argentina todavía tiene pendiente.

Simplificar, reducir cargas innecesarias y administrar mejor no significa debilitar al Estado. Significa construir un Estado que utilice mejor sus herramientas y que comprenda que detrás de cada trámite y de cada impuesto hay personas que trabajan, producen e invierten.

El objetivo final debe ser sencillo: que el sistema tributario deje de ser una dificultad adicional y se convierta en un marco que permita a los ciudadanos concentrarse en generar valor, empleo y crecimiento económico.

*Por Gustavo Arengo, ministro de Hacienda y Finanzas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

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