Atenas - El centro de la ciudad está cerrado recibiendo a miles de manifestantes que efectuarán una protesta contra la guerra como parte del Foro Social Europeo, que reúne a más de 30.000 personas. Unos 8.000 policías custodian las calles y se palpita el clima de disgusto. En el mismo momento, se suspenden 51 vuelos a trece destinos internacionales de Olimpic Airways, la aerolínea de bandera griega, en protesta por la reforma del sistema laboral, la disminución de horas extras y el recorte en las plantillas de trabajadores del Estado. Simultáneamente, se reformulan -con el desagrado de muchos- los sistemas de fondos de pensión y de retiro. La fuerza laboral está en problemas, no hay suficientes trabajadores para tareas necesarias que los europeos ya no quieren realizar, pero tampoco hay suficientes puestos de trabajo para quienes quieren acceder a mejores posiciones. Además, los que desearían ocupar en Europa los puestos de trabajo que nadie ocupa son inmigrantes que no pueden nacionalizarse, y el régimen no resiste más un estado de bienestar que les suministre a los trabajadores activos, y a los pasivos, fondos y beneficios que el propio sistema no puede generar. A su vez los estados europeos luchan contra el déficit que no puede superar 3% a riesgo de ser sancionados por la Unión. Todo un desafío, luego de lo visto en Francia, Inglaterra, Italia, España y -recientemente- en los Estados Unidos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Mientras continúan las discusiones referidas al futuro de esta Unión Europea ampliada, frente a los inconvenientes monetarios que presentan España e Italia en relación con la moneda común -el euro- y el déficit alemán, ha generado cierta inquietud el papel tan preponderante que ha tomado la canciller alemana, Angela Merkel, en sus relaciones con la Casa Blanca constituyéndose, de hecho, en la líder europea de referencia, y la más cercana aliada del presidente Bush, en momentos en que la posición que deba tomar la Unión Europea en el conflicto con Irán, si hay ataque armado, resulta crucial.
Dos visitas seguidas a la Casa Blanca cuando hay gobernantes europeos que deben esperar hasta dos años para entrevistarse con el jefe de Estado norteamericano, un Tony Blair devaluado y atrincherado en una inútil resistencia, un Jacques Chirac con demasiados conflictos internos enfrentando una crisis de gabinete, y un gobierno italiano cuyo establecimiento parece relacionarse con el argumento de una «ópera» -según fuera calificado por un importante diario internacional el proceso político italiano-, colocan a esta mujer en el centro de la escena.
Llegada al poder con una enorme debilidad, ha sido lo suficientemente inteligente para adaptarse rápidamente a las nuevas funciones y tomar ventaja de una situación europea que, si no puede llegar a calificarse como « complicada», al menos puede decirse que es «difícil», y ocupar los espacios de poder que van quedando vacíos por los errores y desaciertos que aquejan a los otros líderes europeos. El «valor agregado» de Merkel, al acceder al gobierno, es que supo advertir dónde estaba el problema, y se dirigió a ocupar el vacío existente en el poder europeo en medio de un contexto internacional ventajoso para este movimiento.
Celeridad
Pero lo más impresionante de esta mujer es la velocidad con que ha comprendido la diferencia entre ser una mera ministra, funcionaria o asesora, y tomar el gobierno de un país, para lo cual se requiere de una dosis enorme de coraje, realismo político y visión de futuro. Aun en contra de su pensamiento y de sus planes originales, Merkel ha decidido aceptar abruptamente que Alemania, frente al embate inmigracionista, debe asumir una decisión acorde con una realidad que no puede ser ignorada, tomando el toro por las astas. Así, en una reunión de dos días llevada a cabo en Bavaria, los dieciséis estados alemanes decidieron sancionar un paquete de medidas tendientes a establecer nuevos lineamientos -más abiertos- para que los extranjeros inmigrantes puedan obtener la ciudadanía alemana.
La integración de los inmigrantes al Primer Mundo alemán se ha puesto en marcha en forma efectiva y el gobierno ha aceptado que el país tiene una tasa de crecimiento poblacional negativa y que los inmigrantes, que rondan ya los 7.000.000 conformando casi 10% de la población total, ayudarán a cambiar este destino. «Una integración exitosa de los extranjeros será a partir de hoy coronada con el otorgamiento de la ciudadanía», expresó el ministro del Interior de Schleswig-Holstein, Ralf Stagner. Pero quizás lo más significativo del cambio es que un país como Alemania, que parecía resistir políticamente este camino integracionista, ha dado el primer paso dentro de Unión Europea en este sentido, de la mano de una jefa de Estado que ha logrado persuadir a una nación dividida y a dieciséis estados también enfrentados por este tema, para adoptar una política común, estándares igualitarios y refrescar la imagen internacional del país.
Ahora será el turno del restode los países europeos, para quienes será muy difícil negarse a la apertura luego del mensaje alemán. Inglaterra, Holanda, Italia y España deberán hacerse cargo de la iniciativa disparada. La integración de la segunda y tercera generación de inmigrantes en la Europa desarrollada, bajo los controles de tests específicos que incluyen dominio del idioma del país al cual desean incorporarse, conocimiento de su historia, de la Constitución y de sus leyes, valores cívicos y éticos, comenzará a transformar en cierto modo la cara de la nueva Europa. La participación proporcional de estos inmigrantes en la población total de cada uno de los países luego de la naturalización, les dará un protagonismo decisivo al momento de votar autoridades.
Como puede verse, lo que parecía ser sólo una cuestión de protestas, desmanes y revueltas callejeras, en realidad esconde algo mucho más profundo y trascendente que ya comienza a avizorarse y que requiere de urgentes medidas. En este tema, en realidad, hay poco humo y mucho fuego; y el liderazgo en Europa hoy lleva faldas.
Dejá tu comentario