19 de septiembre 2005 - 00:00

Milagro político en hospital de Israel

Rula Awwad(palestina):«Faltamucho parala paz:necesitamosnuestroEstado yderechos».Akiva Tamir(israelí):«Ella escomocualquierade nosotros;no hayningunadiferencia».
Rula Awwad (palestina): «Falta mucho para la paz: necesitamos nuestro Estado y derechos». Akiva Tamir (israelí): «Ella es como cualquiera de nosotros; no hay ninguna diferencia».
«Siempre pensé que israelíes y palestinos podían vivir juntos, y ahora lo he comprobado por mí misma. De todos modos, creo que la paz en la región está todavía muy lejos. ¿Cómo se alcanzaría? Que cada uno de nosotros tenga su Estado y sus derechos; así de simple, pero así de difícil.»

Desde la profundidad de sus ojos negros y en actitud corporal casi defensiva, Rula Awwad explica lo que es casi un milagro: una médica palestina trabajando en su profesión, en un hospital israelí, codo a codo con colegas judíos. A su lado, Akiva Tamir, jefe del servicio de Cardiología Pediátrica del Wolfson Medical Center, ubicado en las afueras de Tel Aviv, asiente con una sonrisa. Los dos profesionales (jefe y asistente) están en Buenos Aires para -entre otras cosas- la jornada que organiza la Embajada de Israel en la Universidad Maimónides, hoy a las19.30, en la que ambos disertarán sobre un proyecto que también los hermana: Salve el Corazón de un Niño (un programa de atención en hospitales israelíes de chicos con problemas cardíacos, provenientes de países sin posibilidades económicas o científicas para hacerlo, como Etiopía, Zambia o el propio Irak). Sin embargo, y a pesar de que ambos son renuentes a «hablar de política», el caso de Rula es lo suficientemente significativo como para ignorar sus implicancias. Ambito Financiero dialogó con ambos cardiólogos.

Periodista:
¿Cómo llegó a trabajar en Israel?

Rula Awwad: Me recibí en la Universidad de Amman; me contactaron en el hospital de Jerusalén oriental (la zona palestina) en el que trabajaba, el Makassed. Me entrevistó el doctor Tamir para un proyecto diferente (necesitaban un médico para Cisjordania), después eso no se concretó, pero el doctor Tamir me convocó para este proyecto, y acá estoy... Fue hace un año y ocho meses, y la beca es por tres años.

Akiva Tamir: Me la recomendó un colega, la entrevisté y no me arrepiento de haberla contratado...


P.:
¿Cómo es su vida en Israel? ¿La discriminan por ser palestina? ¿Cómo es trabajar codo a codo con el «enemigo»? ¿La discriminan de algún modo en la vida diaria?

R.A.: Siempre pensé que podíamos vivir juntos, pero ahora lo he comprobado por mí misma. En el equipo del hospital soy una más; hago lo mismo que mis colegas. Además, me enviaron seis meses a Alemania a perfeccionarme, y cuando termine mi beca quiero regresar a Belén a trabajar en el hospital de allí para aplicar todo lo que aprendí. En cuanto a la vida cotidiana, no tengo problemas: voy al mercado, hago mis compras, interactúo con el resto de la gente sin ningún problema.

A.T.: Nunca vi a nadie del staff tratar diferente a Rula del resto o a ningún otro palestino, desde ya.

P.: Pero es difícil creer que no haya desconfianza, dados los atentados suicidas en territorio israelí...

R.A.: Supongo que es inevitable; el otro día, saliendo hacia Buenos Aires desde el aeropuerto de Tel Aviv, con pasaporte palestino, me revisaron todo el equipaje. Sucede que la gran mayoría de los palestinos parte desde Amman
(Jordania), no desde el Ben Gurion.

A.T.: Pero es lo mismo que le pasa a cualquier no israelí, e incluso a muchos israelíes. Y es lo mismo que pasa en los aeropuertos de Estados Unidos, por caso. Hay una gran preocupación por los atentados terroristas.


R.A.: Es verdad, es verdad.

P.: ¿Qué le dicen su familia, sus amigos, de su trabajo en Israel? ¿Tiene algún problema con ellos?

R.A.: No, la verdad que no. Hay extremistas en ambos pueblos que dificultan la paz. Pero la mayoría de la gente la quiere.


P.:
¿Viaja todos los días desde Belén hasta Tel Aviv?

R.A.: No. Antes habría sido más fácil, pero desde la segunda «intifada» es casi imposible atravesar los controles fronterizos, y además, sería carísimo hacerlo todos los días...


A.T.: La doctora vive en una residencia que tenemos para los chicos de Save a Children's Heart cerca del hospital. Allí alojamos también a los chicos que traemos de países en vías de desarrollo, con patologías cardíacas, que no pueden ser tratados en sus lugares de origen.


P.:
¿Cómo funciona ese programa?

A.T.: Colegas de todo el mundo nos mandan datos de los casos más graves que tienen, y nosotros -de acuerdo con nuestras posibilidades médicas y económicas- los traemos para operarlos en Israel. Tenemos casos de Zambia, de Etiopía, y ahora una docena de chicos de Irak. No es fácil ni barato: cada tratamiento nos cuesta en total unos u$s 10.000.


P.:
¿De dónde provienen los fondos?

A.T.: En gran parte, de donantes y también de la Unión Europea. El año pasado tratamos a 173 chicos; este año ya llevamos 140 y aspiramos llegar a los 200. De ese total, 30% son chicos palestinos. Haga usted las cuentas... Mire: 1,8% de los bebés del mundo nace con problemas cardíacos y un tercio de ellos requiere cirugía. Lo nuestro es construir puentes entre nuestra tecnología y quienes no tienen la fortuna de haber nacido en un país desarrollado.


P.:
Doctora, ¿piensa que habrá paz entre su pueblo y los israelíes?

R.A.: Lo veo muy difícil, al menos en los próximos años; no puedo ser optimista. El requisito es que cada uno tenga su Estado, sus mismos derechos, pero lo cierto es que el Estado palestino será difícil de instrumentar porque son partes muy divididas, muy fraccionadas territorialmente. La retirada de Gaza fue muy alentadora, pero todavía falta tanto...


Entrevista de Sergio Dattilo

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