Milagro político en hospital de Israel
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Planes sociales y formación de capital humano
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
Rula Awwad
(palestina):
«Falta
mucho para
la paz:
necesitamos
nuestro
Estado y
derechos».
Akiva Tamir
(israelí):
«Ella es
como
cualquiera
de nosotros;
no hay
ninguna
diferencia».
Periodista: ¿Cómo llegó a trabajar en Israel?
Akiva Tamir: Me la recomendó un colega, la entrevisté y no me arrepiento de haberla contratado...
P.: ¿Cómo es su vida en Israel? ¿La discriminan por ser palestina? ¿Cómo es trabajar codo a codo con el «enemigo»? ¿La discriminan de algún modo en la vida diaria?
R.A.: Siempre pensé que podíamos vivir juntos, pero ahora lo he comprobado por mí misma. En el equipo del hospital soy una más; hago lo mismo que mis colegas. Además, me enviaron seis meses a Alemania a perfeccionarme, y cuando termine mi beca quiero regresar a Belén a trabajar en el hospital de allí para aplicar todo lo que aprendí. En cuanto a la vida cotidiana, no tengo problemas: voy al mercado, hago mis compras, interactúo con el resto de la gente sin ningún problema.
R.A.: Supongo que es inevitable; el otro día, saliendo hacia Buenos Aires desde el aeropuerto de Tel Aviv, con pasaporte palestino, me revisaron todo el equipaje. Sucede que la gran mayoría de los palestinos parte desde Amman (Jordania), no desde el Ben Gurion.
A.T.: Pero es lo mismo que le pasa a cualquier no israelí, e incluso a muchos israelíes. Y es lo mismo que pasa en los aeropuertos de Estados Unidos, por caso. Hay una gran preocupación por los atentados terroristas.
R.A.: Es verdad, es verdad.
R.A.: No, la verdad que no. Hay extremistas en ambos pueblos que dificultan la paz. Pero la mayoría de la gente la quiere.
P.: ¿Viaja todos los días desde Belén hasta Tel Aviv?
R.A.: No. Antes habría sido más fácil, pero desde la segunda «intifada» es casi imposible atravesar los controles fronterizos, y además, sería carísimo hacerlo todos los días...
A.T.: La doctora vive en una residencia que tenemos para los chicos de Save a Children's Heart cerca del hospital. Allí alojamos también a los chicos que traemos de países en vías de desarrollo, con patologías cardíacas, que no pueden ser tratados en sus lugares de origen.
P.: ¿Cómo funciona ese programa?
A.T.: Colegas de todo el mundo nos mandan datos de los casos más graves que tienen, y nosotros -de acuerdo con nuestras posibilidades médicas y económicas- los traemos para operarlos en Israel. Tenemos casos de Zambia, de Etiopía, y ahora una docena de chicos de Irak. No es fácil ni barato: cada tratamiento nos cuesta en total unos u$s 10.000.
P.: ¿De dónde provienen los fondos?
A.T.: En gran parte, de donantes y también de la Unión Europea. El año pasado tratamos a 173 chicos; este año ya llevamos 140 y aspiramos llegar a los 200. De ese total, 30% son chicos palestinos. Haga usted las cuentas... Mire: 1,8% de los bebés del mundo nace con problemas cardíacos y un tercio de ellos requiere cirugía. Lo nuestro es construir puentes entre nuestra tecnología y quienes no tienen la fortuna de haber nacido en un país desarrollado.
P.: Doctora, ¿piensa que habrá paz entre su pueblo y los israelíes?
R.A.: Lo veo muy difícil, al menos en los próximos años; no puedo ser optimista. El requisito es que cada uno tenga su Estado, sus mismos derechos, pero lo cierto es que el Estado palestino será difícil de instrumentar porque son partes muy divididas, muy fraccionadas territorialmente. La retirada de Gaza fue muy alentadora, pero todavía falta tanto...
Entrevista de Sergio Dattilo




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