Page: "Al peronismo le cuesta adaptarse a la democracia"

Opiniones

Joseph Page tal vez sea el máximo biógrafo de Juan Domingo Perón. Su libro es un clásico que ha merecido varias reediciones. Profesor de Derecho en Georgetown, Page cultiva los estudios latinoamericanos desde hace décadas. A esa vocación se le deben trabajos importantes sobre Brasil y centenares de artículos periodísticos. Un cronista de Ambito Financiero dialogó con él sobre temas muy variados: obviamente, Perón, su historiografía, el peronismo; pero también sobre Lula, Chávez y la visión del actual gobierno de los Estados Unidos sobre la región. Aquí sigue lo más importante de la conversación con este historiador.

Periodista: ¿Cómo comenzó su estudio sobre Perón?

Joseph Page: Fue cuando Perón se puso de moda, en 1974, a raíz de su muerte. Un agente literario amigo me propuso como un historiador que podría emprender esa biografía. Me llevó cinco años, de los cuales durante dos estuve dedicado a ella full time.


P.:
¿Cómo se escribe una biografía sin que el personaje se le escape?

J.P.: Bueno, es lo más parecido a armar un mosaico o un rompecabezas, uniendo fragmentos en un cuadro mayor. En el caso de Perón fue fácil porque tiene una vida bastante lineal. Pero las versiones son infinitas y es difícil controlar la veracidad de cada testimonio.

P.: ¿Cuál fue la controversia que le resultó más difícil de resolver?

J.P.: Creo que lo más difícil es determinar la responsabilidad de Perón en la última época. Si realmente estuvo tan sometido a López Rega, su responsabilidad en la designación de Isabel como vicepresidenta. Hay una tesis según la cual Perón no fue culpable porque estaba muy enfermo. Ahora aparecen algunos testimonios interesantes, como el libro del doctor Jorge Taiana (médico y ex ministro de Perón, padre del actual vicecanciller), a quien yo no pude ver porque estaba preso cuando estaba investigando. Tampoco conseguí dialogar con el doctor Cossio, otro médico de Perón.


P.:
¿Cuáles son los documentos que le gustaría encontrar? ¿Hay un «archivo perdido» de Perón?

J.P.: Si existiera, las cartas de Evita a Perón. Dicen que las conservó Jorge Antonio y que están en Madrid. Es una correspondencia que Perón le habría dado a Antonio para evitar que cayera en manos de Isabel y de López. No sé si será muy abundante. Tal vez cartas del viaje a Europa o correspondencia cotidiana. Eso sería muy interesante leerlo. Pero yo he hablado con Jorge Antonio hace muchos años. El otro archivo de cuya existencia sospecho es el de la correspondencia de Perón en Madrid. Dicen que los militares, cuando se apropiaron de la residencia de Puerta de Hierro, hicieron tres copias de ese archivo personal que se conservaba en cajas: una para cada fuerza. Ese es el otro material que sería bueno ver.


P.:
¿Cuál es el interés de Perón para los estudiosos norteamericanos?

J.P.: Ninguno. Nunca interesó. Tampoco el peronismo.


P.:
Uno de los lugares comunes de la Argentina es que hay legiones de estudiosos tratando de desentrañar la naturaleza del peronismo en universidades extranjeras.

J.P.: Eso es parte del síndrome del «¿cómo nos ven?». Recuerdo que en 1978 Jorge Rafael Videla visitó Washington y dio una conferencia de prensa a la que asistieron sólo periodistas argentinos (risas).


P.:
¿Cuál fue la experiencia que más le llamó a usted la atención del peronismo contemporáneo, el que actúa después de 1983?

J.P.: La adaptación al juego democrático, que supone comportarse como un partido. El movimiento supone la inexistencia de oposición. Puede contener todas las versiones, todos los argumentos. Para que haya democracia debe haber partidos, no movimientos. Por eso inquieta la crisis de los partidos de oposición, sobre todo del radicalismo, hoy en la Argentina.


P.:
La «transversalidad» de la que habla el discurso oficial en estos días ¿no esconde la vocación «movimientista» en el sentido en que usted la está caracterizando?

J.P.: Todavía no tengo muy claro qué es la transversalidad y, sobre todo, si existe alguna idea detrás de esto.


P.:
¿En términos personales, qué es lo que más le llamó la atención de Perón?

J.P.: Que era muy raro. Llamativamente racional. Posiblemente frío. No le gustaba el contacto con la gente. A diferencia de Menem, por ejemplo, aborrecía ese contacto. Era muy austero. Nunca dejó de ser un militar. Chávez, en cambio, es emocional e impulsivo. Perón jamás hizo conocer sus emociones.


P.:
Sin embargo, se supone que en momentos límites, como en 1955, Perón actuó con una gran impulsividad. ¿O no?

J.P.: A mí me parece muy interesante que en 1955 Perón salió del país diciendo que no quería provocar una guerra civil. Pero de inmediato, en el exilio, organizó la resistencia. Y, si se quiere, condujo a una guerra civil.


P.:
¿A qué se debe esa contradicción?

J.P.: No lo sé. Una parte del Ejército estaba leal a él. Tal vez carecía de motivaciones para seguir gobernando. Carecía de nuevos retos. Perón se transforma, después de la muerte de Evita, en un hombre aburrido. Se dedica a diversiones menores. Tal vez por eso no tuvo garra para resistir. Había perdido el fuego que tenía entre 1943 o 1945. En 1955, él también podría haber ganado, pero no quiso tomar el riesgo.


P.:
Usted decía que Perón no actuaba por impulsos. ¿Cómo explica la quema de las iglesias? ¿Dentro de qué táctica se inscribe?

J.P.: El sobrestimaba la posibilidad de que se creara un partido socialcristiano o demócrata cristiano, de inspiración católica. Es algo que él estaba viendo en otros lugares del mundo, en especial en Italia.


P.:
¿Cuándo recupera la pasión?

J.P.: En el exilio. Su obra maestra fue la manipulación de la política argentina desde el exilio. Para dar una nota, de 1 a 10, el 10 se lo lleva esa experiencia.


• Matriz militar

P.: ¿Ese Perón es el mismo que el que estaba gobernando entre 1945 y 1955?

J.P.: El personaje y su lógica son los mismos, el que busca el poder desde el extranjero y el que ejerce el poder desde el Estado. La continuidad entre uno y otro es la matriz militar de pensamiento. Esa racionalidad, que se expresa en la idea de la «Comunidad Organizada», se expresa también en las estrategias militares que él emplea para manejar fuerzas dentro de la Argentina.


P.:
¿Cómo veía Perón a la Argentina?

J.P.: Como un conjunto de ramas, secciones, corporaciones. Los obreros, los empresarios, la Iglesia, en la primera época. Los militares, los estudiantes, los sindicalistas, los «vendepatria» en la etapa del exilio. Perón opera sobre todas esas fuerzas, inclusive el empresariado. Trata con Gelbard durante todo ese tiempo.


P.:
¿Es tan novedosa la relación de Menem con los empresarios? ¿O en esa relación con Gelbard ya está prefigurada, mutatis mutandis, la incorporación de Bunge & Born al gobierno de Menem? ¿Qué concepto tenía Perón del empresariado, de la creación de riqueza?

J.P.: El tenía una serie de amigos empresarios, comenzando por Dodero...


P.:
¿Usted habrá escuchado la versión de que Dodero fue amante de Evita, verdad?

J.P.: ¿También Dodero? Yo estoy en estos días haciendo una lista sobre los hombres que se atribuyeron ser amantes de Evita durante el apogeo de ella.


P.:
Pedrito Quartucci, por ejemplo.

J.P.: Lo de Quartucci es distinto, fue antes de 1944.Yo hablo de casos posteriores. Por ejemplo, Onassis, el nazi que sacó a Mussolini, un pianista austríaco que termina dirigiendo la sinfónica de Viena y que en sus memorias hace una interesante descripción de Evita hablando inglés... (risas) Es un fenómeno cómo los hombres de poder fantasearon relaciones con Evita, cuando ella era un personaje mundial, en un tiempo en que no había grandes primeras damas.

P.:
Volvamos a Perón y los empresarios... Miranda, Dodero, Machinandiarena...

J.P.: Bueno, Jorge Antonio, Gelbard. La idea que tenía Perón es que había que facilitarle los negocios a través del Estado.


P.:
Eso no implica que el empresario sea un actor al que hay que dar autonomía porque la creación de riqueza supone la evolución de la sociedad, ¿verdad?

J.P.: Esa idea está totalmente ausente en Perón. Lo que él busca siempre es la dependencia: del empresariado, del sindicalismo, etc. Que dependan de él. El concepto de iniciativa privada no figura en este esquema.


P.:
A propósito de esa concepción de «dependencia» de los empresarios, ¿cómo ve la relación entre estas dos palabras: peronismo y corrupción?

J.P.: Siempre hay una sospecha, ¿verdad? Siempre está esa sombra difícil de probar, muchos rumores.


P.:
¿Cómo era Perón con la plata?

J.P.: Nunca estaba preocupado. No quiso acumular dinero. Sus gustos eran muy sencillos.

P.:
¿Qué sabe usted de la fortuna de Perón?

J.P.: Todo eso es muy dudoso. La familia de Perón, Isabel, los herederos de Tomás Perón, la presunta hija de Perón, Martha Holgado...


P.:
¿La conoció? ¿Qué impresión tuvo?

J.P.: Hay muy pocos indicios para pensar que fuera la hija de Perón, más allá del enorme parecido físico. Hay que esperar al ADN.


P.:
Si usted tuviera que presentarle Perón a alguien, ¿qué texto elegiría?

J.P.: Sin duda, «Conducción política». Ahí está Perón.


P.:
¿Cuáles fueron las figuras interesantes que usted advierte en el entorno de Perón?

J.P.: Mercante es fascinante. Guardo es un personaje interesante pero inadvertido. Cafiero, Solano Lima y Vandor, que era muy capaz, astuto, si se quiere un contrincante digno de Perón. Bueno, en alguna medida Mercante fue también eso.


P.:
Usted no cree que Perón haya tenido que ver con la muerte de Vandor, ¿verdad?

J.P.: No, podría haber creado condiciones de agresividad que terminaron en la muerte de Vandor. Pero no un acto deliberado de Perón.


P.:
¿Usted cree que en la psicología de Perón cabía mandar a matar?

J.P.: Creo que no. Por esa misma razón por la que odiaba tocar a la gente, no lo veo involucrado en un hecho concreto de violencia de manera personal.


P.:
¿Está por salir otra versión de su libro, no es así?

J.P.: Sí, modificada. Estoy pensando los cambios a propósito de algunas biografías de personajes secundarios que salieron. Y también de archivos que se conocen ahora. Me interesa especialmente la conexión de Perón con los nazis ante los documentos que se dieron a luz durante el gobierno de Menem. Hasta ahora me pareció que las acusaciones contra Perón eran exageradas.


Entrevista de Carlos Pagni

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