Por qué el Papa juntó menos gente en Brasil
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Benedicto XVI
Cuarto. Que la Iglesia Católica no quiere, o no consigue, desprenderse de una imagen de raza blanca y pensamiento eurocéntrico, que conspira contra su eventual extensión fuera de Occidente y, dentro de él, de quienes procuran sobrevivir en territorios periféricos a la globalización y el desarrollo del siglo veintiuno.
La difundida gaffe del Papa respecto de la inexistente excomunión de políticos mexicanos volvió a poner en evidencia no sólo su desconocimiento personal de lo que sucede en la región, sino también el de quienes se supone que deben asesorarlo. Para peor, la cosa no mejora dentro de casa: el proyecto de Constitución de la Unión Europea contempla expresamente la condición laica del supraestado, a pesar de los esfuerzos en contrario del propio Vaticano.
En ese marco ¿quién pudo haber aconsejado a Benedicto XVI que levantara oficialmente ante Lula el tema de un eventual tratado con la Iglesia para la enseñanza religiosa en los colegios públicos, cuando hasta las piedras sabían que Brasil tiene decidido no cambiar su condición de Estado laico? La respuesta del Planalto no se hizo esperar: en el país del mundo con más fieles católicos, la lucha por la evangelización continuará sin que el gobierno intervenga.
Quinto. Consecuentemente, puede aventurarse que la crisis de vocaciones, lejos de mitigarse, continuará en aumento. En un mundo caracterizado por la creciente importancia de lo religioso, la militancia y las teocracias, el catolicismo aparece desafiado por la superior expansión de sus competidores mientras en el campo propio se pierden seguidores, disminuyen los sacerdotes y los estados occidentales optan por el laicismo. Esperar contra toda esperanza, ésa es la fuerza de la fe.




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