Como es bien sabido el objetivo fundamental de la Reserva Federal es dual: mantener un sostenido crecimiento de la economía y, al mismo tiempo, preservar el valor de la moneda. Es decir, entonces, que su política monetaria debe arbitrar permanentemente entre los riesgos de inflación y crecimiento.
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¿Qué ha sucedido, a este respecto, en los últimos años? A partir del segundo trimestre de 2004, y debido a la aparición de excesos de demanda, la autoridad monetaria privilegió el ataque contra la inflación por sobre el crecimiento, implementando una clara política «restrictiva». La misma consistió en subir gradualmente, a partir de mayo de 2004, la tasa de referencia de 1,00% a 5,25% (junio de 2006). Esta estrategia fue sin duda correcta ya que, durante dicho período, fue claramente mayor el peligro de un aumento de la inflación que una disminución en la tasa de crecimiento.
Llevada la tasa al nivel de 5,25%, la Fed decidió -a partir de allí- mantenerla constante, considerando que la misma permitía un adecuado equilibrio. Sin embargo, hacia fines de agosto último, y a partir de la crisis de «credit crunch» o de restricción de liquidez, todo cambió. En efecto, es de libros que este tipo de crisis -al frenar la oferta de crédito -impacta de inmediato en forma negativa sobre el nivel de actividad económica. Claramente, entonces, había que revertir el orden de preferencias del ciclo anterior: se debía evitar una fuerte desaceleración del crecimiento dejando en segundo lugar, pero lógicamente sin perderla de vista, la lucha contra la inflación.
Esto es, precisamente, lo que hizo la autoridad monetaria, de inmediato inyectó liquidez y asimismo, en su primera reunión poscrisis del 18 de setiembre pasado, redujo la tasa de referencia («fed funds») en 50 puntos básicos, llevándola del 5,25% a 4,75%. En su declaración oficial la Fed afirmaba: «La crisis de liquidez tiene el potencial de intensificar el actual problema del mercado inmobiliario y de restringir el crecimiento económico en general». Más claro imposible: por el momento, el crecimiento tendría privilegio sobre la inflación.
A partir de allí, el análisis se concentró en tratar de discernir si la baja en cuestión se trataba sólo de una medida puntual de corrección o si, por el contrario, nos encontrábamos en presencia de un nuevo ciclo de política monetaria «expansiva», es decir, de una continua tendencia a la baja. La respuesta, sin embargo, no podía darse de inmediato.
En efecto, la futura estrategia de la Fed claramente dependería de cómo fueran evolucionando los indicadores del ritmo de crecimiento versus los niveles de precios. En la medida que la inflación permaneciera controlada, y que el crecimiento continuara mostrando signos de debilitamiento, la autoridad monetaria actuaría en consecuencia.
Factores influyentes
La debilidad de los datos económicos que fueron apareciendo, sumado a niveles contenidos de inflación y a la generación de ganancias empresarias menores a las esperadas, estaban indicando la probabilidad de que la Fed decidiera continuar con la baja de tasas. Más aún, su presidente -Ben Bernanke- declaró: «Mi impresión es que los datos que manejamos, sugieren que podrían requerirse acciones más fuertes para evitar mayores daños al nivel de actividad». Todo estaba preparado para una nueva baja...
La respuesta definitiva llegó ayer: la Fed bajó la tasa de referencia en 25 puntos básicos, llevándola a 4,50%. Esta nueva disminución confirma, entonces, que la reducción anterior de 50 puntos básicos no se trataba de una corrección puntual. Sin embargo, dado el grado de incertidumbre actual de la economía, la Fed -con su cautela habitual -dejó la puertaabierta para continuar con dicha estrategia o bien interrumpirla. En efecto en su comunicado afirmó que, durante el tercer trimestre, el crecimiento había sido sólido, pero que los aún vigentes efectos de la crisis inmobiliaria y de iliquidez, probablemente, disminuirían el ritmo de actividad en el corto plazo. Por su parte más adelante, al referirse a la inflación, sostiene que actualmente la misma se ha suavizado pero que los recientes incrementos de los precios de la energía y de los commodities podrían renovar las presiones inflacionarias. En síntesis, el crecimiento está bien pero puede empeorar, mientras que la inflación está contenida pero puede desbordarse... En consecuencia, a la fecha, los riesgos de mayor inflación y menor crecimiento se hallan balanceados.
Monitoreo
Por lo tanto, nada es seguro: la Fed continuará monitoreando los niveles de actividad y de precios y actuará en función a la evolución de los mismos.
De verificarse un escenario de inflación contenida y disminución del ritmo de crecimiento, nuestra hipótesis de mayor probabilidad consiste en la continuación de la nueva estrategia, previéndose nuevas bajas hasta fines del segundo trimestre de 2008. Si por el contrario la inflación se desbordara, no debiera descartarse un mantenimiento de la tasa e, incluso, una corrección de la misma hacia la suba. Veremos.
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