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Ante la baja adhesión, el gobierno anunció que enviará un proyecto de ley al Congreso que prohíba realizar en el futuro otra reestructuración de la deuda actualmente en default. Con esto buscaría incentivar el ingreso de los remisos a ingresar al canje. El problema es que las dudas sobre el nivel de aceptación no son por los defectos de la oferta realizada por el gobierno, ya que, más allá de las fallas que presenta, los mismos acreedores consideran que no está lejos de lo que ellos pedirían. En realidad, el problema es la mala predisposición que generó el gobierno con una errada estrategia de reestructuración vía imposición y agresión constante. Esta misma oferta oficial, de haber sido lograda mediante el diálogo, estaría generando a estas alturas una clara percepción de éxito.
El gobierno considera que el nivel de adhesión será alto, más bien, debido el hartazgo de los inversores, quienes preferirán cerrar este capítulo de eterna espera y de malos tratos. Por otro lado, uno apostaba al éxito porque suponía que, si esta expectativa no se cumplía por el predominio la mala predisposición generada, el gobierno echaría manos de alguno de los ases que tiene en la manga y convencería a los remisos de que ingresaran.
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