15 de marzo 2020 - 00:00

La transformación del sector público

La transformación que atraviesa el mundo afecta para bien y para mal a todos y el sector público no es ajeno pues enfrenta cambios económicos, medioambientales, tecnológicos y en muchos casos, también culturales.

Estamos de acuerdo que los problemas no son iguales para todos los países, inclusive no son iguales para un mismo país. 
Estamos de acuerdo que los problemas no son iguales para todos los países, inclusive no son iguales para un mismo país. 

Hay muchas miradas respecto al desarrollo y progreso, social y económico, de las personas. La transformación que atraviesa el mundo afecta para bien y para mal a todos y el sector público no es ajeno pues enfrenta cambios económicos, medioambientales, tecnológicos y en muchos casos, también culturales.

Algunas gestiones, más propensas al cambio, hacen importantes esfuerzos en varios de los aspectos asociados a este tiempo que nos tocan vivir para dar respuestas a las nuevas demandas sociales.

Imaginemos por un momento, al mundo y a la Argentina del 2030: una persona con hambre come la carne que cultivó en su propia cocina; un enfermo se conecta desde el living de su casa con su médico quién lo analiza y diagnostica en pocos segundos; o incluso, según destaca un informe de Ericsson, podremos transmitir digitalmente nuestros pensamientos para que el médico sepa que nos pasa; pero por el otro lado, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC) destaca que en 10 años tendremos una época con sequía extrema, incendios forestales, inundaciones y escasez de alimentos para cientos de millones de personas.

El contexto es complejo pero los problemas se enfrentan, no se eluden. La disrupción requiere coraje, iniciativa, liderazgo y tomar acción de inmediato.

Un siglo atrás la esperanza de vida, dependiendo la región del mundo, iba de los 50 a los 65 años, para el 2030 será mayor a 90 años. Por otro lado, hay países –y cada año habrá más- cuyas poblaciones envejecen. Ante estos hechos, los sistemas previsionales tendrán que afrontar también sus propias reformas o colapsarán.

Los cambios que vivimos como sociedad y como individuos son exponenciales. Hace muy pocos días un laboratorio llamado HRL informó que encontraron una forma de amplificar el conocimiento, no tan potente como en Matrix que en pocos segundos aprendía Kung Fu, pero solo es cuestión de tiempo. Allí vamos. Es decir, podremos actualizarnos en muchos aspectos de forma permanente y sin esfuerzo. Ante este futuro de conocimiento sin precedentes las demandas cambian.

Los problemas que afrontan las primeras potencias del mundo occidental son diferentes a los orientales y a los países subdesarrollados como Argentina, que tenemos temas básicos aún no resueltos. Sin embargo, hay cambios que son para todos y que no podemos “jugar a lo seguro” como es la transparencia en la gestión, en ocasiones será por razones de integridad pero otras será simplemente por obligación, pues cada vez resulta más difícil salir del sistema y aunque puedan lograrlo, algún ciberataque al banco, a los correos electrónicos, al celular, podría dejar al descubierto sus faltas.

Estamos de acuerdo que los problemas no son iguales para todos los países, inclusive no son iguales para un mismo país. Hay prioridades que atender pero las cambios ya llegaron y se profundizarán; no es uno u otro, sino ambos asuntos los que hay trabajar pues el conocimiento avanza en todos los niveles y con ello, las demandas.

Algunos, ante el desconocimiento o incertidumbre de cómo abordar los cambios, prefieren no hacer nada. Como dice el “chiste” del humorista Tom Fishburne “en lugar de arriesgar algo nuevo, juguemos a lo seguro continuando con nuestro lento descenso hacia la obsolescencia”.

Sin embargo, otros, prefieren adelantarse a ello. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señaló en un documento: “Es importante que, cuando los investigadores y los políticos que toman decisiones miren hacia el futuro, no ignoren el proceso actual de transformación. De hecho, es crucial planificar y prepararse tanto como sea posible para estos cambios, que estructurará el futuro del trabajo y la sociedad”.

¿Están nuestros gobernantes preparados para liderar el proceso de transformación que nos toca transitar? Es fácil saberlo, si deciden jugar a lo seguro, si deciden hacer más de lo mismo, el futuro del país será obsoleto. No hay grises. Es cambiar o “morir”.

(*) Socio de Consultora HRC

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