1 de marzo 2026 - 11:03

Sobran dólares en el mercado local, pero la confianza externa sigue sin aparecer

La colocación del AO27 al 5,89% revela un mercado de dos velocidades: mientras los bancos locales arbitran sus excedentes, Wall Street eleva la prima de riesgo ante las dudas sobre el éxito del programa.

La consolidación fiscal y la acumulación de reservas son condiciones necesarias, pero no suficientes. Para converger a niveles regionales, el programa deberá demostrar crecimiento sostenido, estabilidad macro y credibilidad de largo plazo.

La consolidación fiscal y la acumulación de reservas son condiciones necesarias, pero no suficientes. Para converger a niveles regionales, el programa deberá demostrar crecimiento sostenido, estabilidad macro y credibilidad de largo plazo.

El Tesoro argentino logró un éxito notable en su más reciente licitación en dólares, captando fondos a tasas atractivamente bajas en el mercado doméstico. Sin embargo, este logro contrasta con el repunte del riesgo país, que mide la prima que los inversores exigen por prestar a Argentina frente a los bonos del Tesoro estadounidense. La divergencia expone una dinámica clara: la liquidez local empuja las colocaciones internas, mientras la cautela externa mantiene elevada la prima de riesgo.

En la licitación del 25 de febrero de 2026, el Ministerio de Economía colocó el “Bono del Tesoro Nacional en Dólares Estadounidenses 6% con vencimiento 29 de octubre de 2027” (AO27), instrumento bajo legislación local con pagos mensuales de intereses.

En la primera vuelta se adjudicaron u$s150 millones, sobre ofertas por u$s868 millones, lo que reflejó una demanda robusta. El bono se colocó sobre la par, a u$s100,45 por cada u$s100 nominal, arrojando una TIREA de 5,89%, por debajo de la TNA del 6%.

En la segunda vuelta se adjudicaron u$s100 millones adicionales, completando u$s250 millones, con un factor de prorrateo de 28,74% sobre ofertas por u$s348 millones.

La estrategia se repetirá quincenalmente, con un tope de u$s250 millones por licitación, hasta alcanzar un máximo de u$s2.000 millones. El objetivo es reforzar las reservas de cara a vencimientos en julio de 2026 por más de u$s4.200 millones.

El costo financiero resulta favorable gracias a la abundante liquidez en dólares del sistema bancario local. Con depósitos en moneda extranjera en ascenso y una demanda crediticia cautelosa, los bancos encuentran en este bono de corto plazo un destino atractivo para fondos que de otro modo quedarían inmovilizados en encajes del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Así, los dólares excedentes se reciclan dentro del sistema.

El contraste con Wall Street

La comparación con la colocación de diciembre de 2025 es elocuente. Entonces se ofreció el BONAR 2029N, con vencimiento en noviembre de 2029, apuntado principalmente a inversores extranjeros. Se aspiraba a captar u$s1.000 millones, pero se colocaron u$s910 millones con una tasa efectiva de 9,26%, por encima del 8% esperado.

La diferencia responde a plazo, legislación y público objetivo. Mientras el bono largo buscaba captar flujo externo en un contexto volátil, el AO27 se apoya en regulación local y exceso de liquidez doméstica.

Según datos del BCRA, en febrero de 2026 la entidad compró u$s1.555 millones en el mercado de cambios y acumula u$s2.712 millones en lo que va del año, reforzando reservas y reduciendo tensiones cambiarias de corto plazo.

Pero la confianza externa no acompaña. El riesgo país, medido por el EMBI de JPMorgan Chase, cerró el 27 de febrero en 572 puntos básicos, frente a los 491 puntos de fines de enero. El indicador llegó a superar los 550 puntos durante la semana, en un contexto de toma de ganancias sobre bonos ley Nueva York y mayor volatilidad global.

Pese a que Argentina exhibe superávit primario desde 2024 (1,8% del PBI ese año y 1,4% en 2025), el spread se mantiene lejos del promedio regional cercano a 300 puntos básicos.

luis caputo council 2025
Luis Caputo.

Luis Caputo.

Las dudas de mediano plazo

La brecha responde a factores estructurales. El volumen del AO27 —u$s250 millones por operación— es marginal frente al tamaño y liquidez del mercado “hard dollar” en Wall Street.

Además, mientras el mercado local responde a incentivos regulatorios, los inversores globales evalúan sostenibilidad. Allí emergen interrogantes sobre una economía real que aún no despega, con ingresos fiscales erosionados en términos reales y margen acotado para nuevos recortes de gasto.

En 2025 fueron necesarias dos intervenciones externas relevantes. En abril, el Fondo Monetario Internacional aprobó un acuerdo por u$s20.000 millones, con un desembolso inicial de u$s12.000 millones para sostener el esquema cambiario.

En octubre, se firmó un swap con el Tesoro de Estados Unidos por hasta u$s20.000 millones, del cual se utilizaron u$s2.500 millones antes de su cancelación en diciembre. Estas herramientas estabilizaron el frente financiero, pero no resuelven los desafíos productivos y de crecimiento.

También pesa el historial. El ministro Luis Caputo, con antecedentes en la gestión de Mauricio Macri, enfrenta el recuerdo de un ciclo de endeudamiento que terminó en reestructuración. El mercado exige señales contundentes de sostenibilidad.

Será clave observar la evolución del AO27 en el mercado secundario. Si mantiene cotización sobre la par, reforzará la percepción de solidez doméstica. Si sufre presión, podría anticipar fatiga en la demanda local.

En síntesis, el Tesoro capitaliza un exceso de dólares en el mercado doméstico y logra financiamiento a tasas bajas. Pero el riesgo país en alza indica que la confianza externa sigue siendo el eslabón débil.

La consolidación fiscal y la acumulación de reservas son condiciones necesarias, pero no suficientes. Para converger a niveles regionales, el programa deberá demostrar crecimiento sostenido, estabilidad macro y credibilidad de largo plazo.

Economista

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